Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/06/26 00:00

DOS PODEROSAS RAZONES

Grandes o pequeños, altos o bajos, la verdad es que ninguna mujer está contenta con sus senos.

DOS PODEROSAS RAZONES

El símbolo femenino por antonomasia ha sufrido en su historia muchos altibajos. Ellos le dieron la fama a Jane Mansfield, hicieron inolvidable a Marilyn Monroe y exuberante a Brigitte Bardot. El cine magnificó también los de Sofia Loren, Liz Taylor y Raquel Welch y, a pesar de su talento, muy pocos creer que tales atributos no hayan sido también dos argumentos contundentes para abrirles las puertas del triunfo. Algunos, ya legendarios, mantienen su puesto de privilegio y, al decir de muchos entendidos, a las nuevas generaciones les falta firmeza.
A lo largo de la historia los cánones de belleza sobre el busto femenino han cambiado. Quienes primero intentaron unificar criterios acerca del ideal estético fueron los egipcios con su famoso "triángulo de oro", que consiste en una armoniosa relación entre la distancia que separa los dos pezones y el alto y bajo esternón. Para que el triángulo se valorice, los lados deben ser iguales. Hasta ahora la mujer que más regalías ha obtenido certificando la exactitud del famoso triángulo ha sido la actriz Gina Lollobrigida.
Pero no siempre se han destacado. Durante años también han estado relegados a un segundo plano porque la moda y el cine han impuesto como sensuales los "senos-botón". Y es así como algunas hermosas tablas como Jane Birkin, Mia Farrow, Diane Keaton o liv Ullman también han tenido su cuarto de hora. Por fortuna para las planas, no siempre el ideal de belleza ha sido la exuberancia. En la Edad Media, por ejemplo, hombres y mujeres suspiraban por unos senos menudos y erguidos como "bolitas de marfil". En el Renacimiento volvieron a ganar peso y se impuso la opulencia. Posteriormente el arte señala los altibajos. Y es así como los hay generosos, estilo Rubens, o escasos como los de Modigliani.
Lo cierto es que pasaron la década de los setenta escondidos por cuenta del ideal femenino impuesto por la Twiggy, escurridos por culpa de las feministas, que decidieron dejar de ser oscuros objetos del deseo y propiciaron su caída prematura al enviar el sostén al cuarto de San Alejo. Lo que sucede es que el ideal estético del pecho ha sido un reflejo de las diversas actitudes de la sociedad frente a la mujer, la sexualidad y la maternidad.
Por ejemplo, en algunas tribus africanas se aprecia específicamente a la mujer de pechos colgantes. En el mundo occidental, mientras las mujeres europeas recurren a la cirugia para disminuir su tamaño, las mujeres americanas se implantan prótesis para aumentarlo.
Pero de un tiempo acá comenzaron a ganar peso. Madonna los reivindicó. Hoy las más afortunadas en este sentido son Samantha Fox, Brigitte Nielsen y aun algunas oportunistas como la Cicciolina, quien resolvió esgrimir su pecho izquierdo como estandarte político en su campaña pornoparlamentaria. Ellas han contribuido a que el símbolo femenino por antonomasia recupere el lugar que le corresponde.
Grandes o pequeños, altos o bajos, la verdad es que en este asunto las opiniones están divididas y el único consenso que existe es que son el atributo más atractivo de la mujer. Sin embargo, ninguna parece estar satisfecha con lo que tiene. Algunas los consideran demasiado grandes y otras, por el contrario, piensan que son demasiado pequeños. La pregunta es: ¿en relación con qué? Y la respuesta está en el ideal de belleza que cada cual se haya formado. Por ello, hay quien afirma que los senos están más en la imaginación de su poseedora que en la parte superior del tórax.
NO HAY DOS IGUALES: Anatómicamente, los senos son glándulas compuestas de grasa, tejido fibroso y canales galactóforos, que se combinan en forma muy variable. La proporción de grasa y su estructura interna difieren en cada mujer y, como en las huellas digitales, no existen dos iguales. Algunos contienen esencialmente tejido fibroso y muy poca grasa; otros, casi solamente tejido adiposo. Las mujeres cuyos senos están constituidos casi completamente por tejido fibroso no ven disminuir el tamaño de sus senos cuando adelgazan; en cambio, aquellas en las que predomina la grasa, perderán volumen en cada disminución de peso.
NADA PODRA DETENER SU CAIDA: en una mujer de corpulencia normal el peso varía entre 150 y 400 gramos. En contra de lo que generalmente se cree, ningun ejercicio muscular podrá detener la caída de un seno o cambiar su forma porque los músculos pectorales no lo sostienen, simplemente son algo así como el "subsuelo" de la glándula mamaria. El único sostén del seno es la piel que lo envuelve. Y su caída no tiene que ver necesariamente con su tamaño. Hay senos pequeños que se caen a los 20 años y senos opulentos, firmes, a los cuarenta. La caída sólo ocurre cuando las fibras elásticas de la piel se distienden por efecto del peso. Una piel tónica y elástica, a la vez, resistirá durante más tiempo la acción de la gravedad.
ALGUNAS TIENEN TRES: algunas mujeres presentan un tercer pezón y el caso no es tan excepcional como pareciera a simple vista. Aunque no existen estadisticas en nuestro medio, se sabe, por ejemplo, que esta anomalía se presenta en el 5% de las mujeres japonesas. El caso más frecuente es el de un pezón o protuberancia localizada bajo el seno izquierdo, que muchas veces puede confundirse con un lunar. En otros casos se trata de una pequeña glándula, desprovista de pezón, que se desplaza bajo la axila y que aumenta de volumen antes de la menstruación, aunque sin ninguna consecuencia.
LA LACTANCIA NO LOS AFECTA: según los expertos, las mujeres que temen echar a perder su pecho alimentando a sus hijos, olvidan que los senos están constituídos fisiológicamente para desempeñar esa función. Por tanto, señalan, es mucho más nocivo detener artificialmente la subida de la leche que amamantar. Lo que produce su caída o las temibles estrías es esa drástica variación del volumen del seno, pues en el caso de una lactancia normal, el pecho tendrá tiempo de volver gradualmente a su volumen inicial.
EL DEPORTE NO ES LA PANACEA: todas las actividades físicas que favorecen la musculación de la región pectoral y la espalda erguida resultan buenas para tonificar y enderezar el busto. Sin embargo, nada logrará modificarlo. Un musculo pectoral hipertrofiado no conseguirá jamás subir, aumentar o redondear un seno, más bien al contrario. Por lo demás, la práctica intensiva de un deporte (al menos tres horas diarias) entraña modificaciones hormonales que reducen el volumen de los senos. Todas las actividades que provocan una fuerte agitación (equitación, jogging, tenis) son aconsejables, ya que las sacudidas ocasionan una distensión de la piel. Y cuanto más voluminoso sea el pecho, más nocivas serán las sacudidas. Pero también conviene saber que todos los deportes que ponen en acción los brazos son beneficiosos: natación, baloncesto, etc., porque fortalecen los pectorales.
OBJETOS DE DESEO: aunque desde siempre han sido considerados como el centro del atractivo femenino, los sexólogos afirman que en este sentido volumen no significa ventaja. Hay pechos pequeños y bien formados que resultan mucho más atractivos que otros grandes y desproporcionados. En esto, dicen, no hay que confundir abombado con bomba sexual. Y en lo que se refiere a placer, aseguran los sexólogos, la sensibilidad de los senos tampoco tiene nada que ver con su talla. La piel mamaria está llena de corpúsculos táctiles que los convierten en puntos eróticos. En el momento de excitación sexual, el volumen de los senos aumenta por afluencia de sangre a las venas. Pero esta sensibilidad también hace que puedan pasar fácilmente al dolor, en algunas mujeres este aparece antes de la menstruación y se agudiza al comienzo del embarazo.
LO QUE NATURA NOS DIO... Los senos son la única parte del cuerpo que, si se quiere, puede ser cambiada totalmente de forma y volumen. Restaurar, levantar, disminuir, aumentar, todo eso se puede conseguir con la cirugía plástica. La operación para disminuir el volumen consiste en retirar más o menos tejido graso, pero tiene el problema de la cicatriz, que es visible durante mucho tiempo. La más practicada en nuestro medio es la colocación de una prótesis para aumentar el tamaño, aunque el resultado es excelente, no hay que olvidar que es un cuerpo extraño en el organismo, bien tolerado, pero no exento de complicaciones como la retracción muscular con el endurecimiento del seno y, en consecuencia, un aspecto poco natural, que se da en un 30% de los casos.
HORMONAS TONIFICANTES: Entre la pubertad y la menopausia, el seno está permanentemente sometido a las fluctuaciones hormonales de los ovarios. Los estrógenos estimulan el tejido glandular y son los responsables del aumento de volumen que se produce durante la menstruación o la ovulación. En teoría, tras la menopausia el seno deja de funcionar como glándula, los conductos se atrofian y la proporción de grasa aumenta. Por ello, los tratamientos hormonales sustitutivos mejoran su aspecto, puesto que les devuelven tensión y firmeza.

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