Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/04/21 00:00

Durmiendo con el enemigo

La radiación producida por los artefactos electrónicos puede alterar el sueño, disminuir las defensas y producir fatiga, incluso si se encuentran apagados.

Durmiendo con el enemigo

La mayoría de las personas siempre ha peleado por tener el control de la televisión en sus manos, sin saber que lo mejor es mantenerlo fuera de su alcance. Recientes estudios han encontrado que pasar mucho tiempo cerca de este objeto, y otros como la televisión, el celular, el estabilizador de corriente, el computador personal, la agenda digital, las lámparas y los multitomas de corriente, puede causar problemas de salud. Mientras la gente duerme rodeada de aparatos cree que estos no causan daño por no encontrarse en uso o estar apagados, pero lo cierto es que éstos siguen produciendo lo que se conoce como contaminación electromagnética. Una radiación invisible que produce irritabilidad, fatiga y una baja en las defensas que vuelve al organismo vulnerable ante otras enfermedades.

El problema no son los objetos en sí, pues nadie discute que todos prestan un servicio invaluable. Lo que sucede es que la gente ha establecido la costumbre de darles un espacio en el cuarto, muy cercano a la cabecera de la cama, desde donde emiten radiaciones que desestabilizan la energía corporal. Todo depende del tiempo de exposición y de la distancia de las fuentes de radiación, explica el arquitecto Rafael Hernández, un experto en el tema que acaba de lanzar Contaminación invisible, un libro que pretende advertir a la gente sobre estas sutiles energías.

Para el médico bioenergético Santiago Rojas, el organismo se nutre de lo sensorial y la radiación es parte de ese alimento, porque hace parte de la vida diaria y en muchos casos proviene de fuentes naturales. Como ejemplo, pone los efectos que producen la luna llena o el sol en todos los seres vivos y que regulan la vida en el planeta. Existen radiaciones que son más difíciles de detectar, como las provenientes de fallas geomagnéticas de la tierra, es decir, de puntos en los cuales el globo terrestre tiene un campo magnético que emite más energía de lo normal. Cuando la cama está ubicada en un sitio así, es posible que quienes la usen sufran de alteraciones del sueño o de problemas de salud que parecen inexplicables.

A estas fuentes naturales se les suma la contaminación por aparatos tecnológicos, y el problema puede volverse crónico, porque todas estas ondas se unen y cuando se reciben en exceso, son catastróficas para el cuerpo. Según el experto, el primer órgano que sufre es la glándula pineal, que controla el sistema inmunológico. Los síntomas son irritación de los ojos, alteración del sistema nervioso, es decir, esa sensación de vivir acelerado, y por último, el cansancio. "La gente siente una pérdida de fuerza, de vitalidad porque su campo energético está descompensado", dice Hernández. El diagnóstico se conoce como estrés eléctrico y significa una tensión eléctrica acumulada en el cuerpo debido a la prolongada exposición a aparatos como el computador o la pantalla de televisión o también a dichas fallas geomagnéticas.

Lo anecdótico de esta contaminación es ese corrientazo o descarga que una persona con acumulación electromagnética le aplica a otra cuando entran en contacto físico y que se reconoce como estática. Pero esto puede llegar a ocasionar situaciones más complejas cuando el nivel de exposición rebasa los límites recomendados o de resistencia del organismo. En estos casos, se puede afectar el sistema nervioso, lo que ocasiona la pérdida de concentración y un aumento en el cansancio. Además, puede producir trastornos en el sueño, porque éste se vuelve de mala calidad. Según Rojas, estudios científicos realizados en Suiza han mostrado que 25 por ciento de las personas no siente nada, pero otro 25 es muy sensible a la energía que emanan los electrodomésticos. El 50 por ciento restante oscila entre estos dos polos.

Los médicos tienen aparatos para medir la radiación, pero la gente puede constatar los efectos en su propia casa con un método muy sencillo: observar primero cómo se siente en esos lugares atiborrados de aparatos eléctricos, y luego desconectarlos para ver si hay un cambio. Sin necesidad de muchos ensayos, Hernández ha comprobado que uno de los más contaminantes es el radio despertador digital (ver recuadro). "Y lo es por tres aspectos principalmente: su forma de fabricación, la cercanía a la cabeza y el tiempo de exposición al que se somete la persona". Explica que la mayoría de estos relojes incluye un transformador que no tiene protección y por ello las personas están más expuestas. Muchas veces este transformador viene incorporado en su enchufe, lo cual es peor, según el experto.

En el trabajo, el computador es el aparato más preocupante en términos de radicación electromagnética. Luego están las conexiones eléctricas, los estabilizadores y los monitores, los cuales, por lo general, se encuentran muy cerca de los pies y la cara de las personas. Todos ellos causan 'electrosmog' lo cual genera síntomas físicos muy claros que aumentan en la medida en que se está más expuesto al aparato: ardor en el estómago, si sólo lleva pocos minutos de encendido; alteraciones en el sistema nervioso, después de 30 minutos; y por más tiempo, irritación en los ojos y hasta dolor de cabeza. Aunque uno de los favoritos de Hernández es el computador portátil porque es inocuo si se usa con la batería recargable, cuando se conecta a la corriente del edificio puede ser preocupante. "En las mediciones he llegado a ver en el aparato hasta 50 voltios entrando por la punta de los dedos", dice.

Por fortuna, la solución no es tirar a la basura todos los aparatos tecnológicos que pretenden hacer la vida de las personas más fácil. Eso sí, Hernández propone cambios drásticos como tener en cuenta qué electrodomésticos comprar. Hay variaciones entre las marcas, y qué tipo de vivienda adquirir (ver recuadro). Pero también o frece aplicar normas prácticas como situar estos equipos lejos de la cama, disminuir el tiempo de exposición o desconectar muchos de ellos cuando no están en uso.

Así, cuando vea la mesita de noche con el control remoto de la televisión, de la grabadora, del DVD, del decodificador de la televisión satelital, o el celular, el Ipod y el computador portátil, todo esto al lado de una lámpara encendida, piense en los efectos que todo ello tendrá en su calidad de sueño. Para Rojas, tarde o temprano el ser humano terminará adaptándose a las nuevas tecnologías y a recibir esa radiación, pero mientras lo hace, no estaría de más cambiar todo esto por unos cuantos libros, como se usaba en los viejos tiempos.

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