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| 5/3/2013 12:00:00 AM

Edificios “verdes” con fachadas de algas

La ingeniería ecológica hace posible el cultivo de algas en las fachadas de edificios para fabricar biocombustibles y reducir el efecto invernadero.

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DW
Desde marzo se lleva a cabo en Hamburgo la Exposición Internacional de la Construcción (IBA, por sus siglas en alemán), que presenta, entre otras cosas, innovadoras ideas de ingeniería. Algunas de ellas son las viviendas que no solo están concebidas para el ahorro de energía, sino que también la generan. Uno de los conceptos más originales es, sin duda, el proyecto piloto de un edificio con un frente de cristales en los que viven microalgas, de las que se extrae biocombustible.

La fachada está formada por 129 segmentos de cristal, y cada uno funciona como un acuario. El agua se tiñe de un color verde oscuro. “A través del cristal se ve como la suspensión de algas fluye dentro del reactor”, explica Martin Kerner, director de la empresa SSC, de Hamburgo, que ideó la construcción.

Las microalgas, como su nombre lo indica, son seres microscópicos que, para poder crecer en los segmentos de cristal, necesitan no solo alimento, sino también CO2. El dióxido de carbono proviene de los gases de emisión de una central de calefacción de biogás en la “central energética”, ubicada en la planta baja del edificio de cinco pisos.

Movimiento constante para sobrevivir

Para poder vivir, las algas también precisan luz solar, pero no demasiada. “Por lo general, las algas viven en el agua, a una cierta profundidad”, explica Kerner, es decir, a media luz, “y no toleran los rayos directos del sol”. Para evitar que mueran por una sobreexposición a la luz, se utiliza un método que consiste en bombear el agua constantemente en forma circular y agitarla con fuerza. Con eso se logra que cada microalga se expongan solo por un cerca de un ínfimo lapso de tiempo en forma directa a los rayos del sol.

Al contemplar el edificio, lo que se ve es un espectáculo interesante, en el que la corriente de agua y las algas se combinan para ofrecer imágenes cambiantes y atractivas.

Martin Kerner señala que en la central energética del edificio se realiza la “cosecha” del material producido por las algas. En una gran caldera de metal, “nuestra cosechadora”, como la llama Kerner, las algas son filtradas continuamente, y de ese proceso resulta un aceite que puede ser usado repetidas veces.

Reserva solar adicional


En primer lugar, se extraen de las algas el material más valioso, es decir, el aceite, muy preciado por la industria farmacéutica y cosmética, que pagan hasta 60 euros por un kilogramo de extracto de algas. Pero también los desechos de la extracción se utilizan como combustible en la central de biogás.

Como si esto fuera poco, los segmentos de cristal no solo son reactores donde viven las algas, sino también módulos colectores de térmica solar. El sol calienta el agua presente en los segmentos, y un intercambiador térmico extrae la energía y la emplea para calentar el agua en el edificio.

En un segundo paso, Kerner y su equipo planean integrar también celdas solares a la fachada para que el edificio no solo produzca biomasa y calefacción, sino también electricidad neutral para el medioambiente.

Una idea que debe pasar la prueba del mercado

El concepto de viviendas con fachadas de algas aún no ha madurado del todo. “Se trata de un edificio de prueba”, subraya Kerner. “En los próximos años queremos descubrir qué cantidad de calor y de biomasa es capaz de producir nuestra central, y cuán eficazmente se puede utilizar esa biomasa”, añade el experto. Otras de las cuestiones por verificar es la eficiencia del sistema de extracción de aceite y biocombustibles de las algas, y si se alcanzan las 1,5 toneladas de masa de algas por año, como estaba planeado. Las respuestas solo se sabrán cuando el edificio de fachadas de algas haya estado en funcionamiento durante algunos años.

Sin embargo, algo ya quedó claro: la fachada de algas es, en el aspecto práctico, de provecho para grandes edificios, y no para casas o edificios pequeños. “Sería demasiado caro”, advierte Martin Kerner. “Nuestra fachada de algas en Hamburgo tiene una superficie de reacción de 200 metros cuadrados, y ese es el tamaño mínimo necesario para ponerla en marcha”. Es decir, que, desde el punto de vista económico, las grandes superficies son las más convenientes, ya que “siempre se necesita un sistema completo de manejo y de extracción”. Y esas son inversiones que vale la pena realizar solo en instalaciones de gran tamaño.

Tal vez las fachadas de algas formen parte, en el futuro, de edificios de oficinas y grandes rascacielos, como los de hoteles de lujo o empresas que pueden financiarlos y, al mismo tiempo, contribuir con el cuidado del medioambiente.

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