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| 8/8/1994 12:00:00 AM

EL ALTO PRECIO DEL SOL

A pesar de las constantes advertencias, cada día son más las personas afectadas por cáncer de piel a causa de las radiaciones solares.

CONTRARIO A LO que muchos creen, lucir una piel bronceada no resulta tan envidiable como parece. En los últimos años los estudios médicos han demostrado que la exposición al sol no es inofensiva y que, por el contrario, es un factor determinante en el desarrollo del cáncer de la piel. Según el último informe de la Liga Colombiana de Lucha Contra el Cáncer, entre los pacientes atendidos en el Departamento de Dermatología esta enfermedad ocupa el primer lugar de afectación en el hombre y el tercero en la mujer, después del cáncer genital femenino. De un total de 3.157 pacientes atendidos en la sección de dermatología, 137 resultaron con lesiones cancerosas positivas. Y en 1992, en el Instituto Nacional de Cancerología, el 21 por ciento de los pacientes registrados por primera vez, correspondían a cáncer de piel.

La predisposición al cáncer de piel varía de acuerdo con factores como la raza y el grado de exposición solar. Quienes presentan mayor riesgo son las personas de piel blanca, y los de menor, las de raza negra o piel morena. "Esto sucede -según Armando Gaitán, médico del Instituto de Oncología Carlos Ardila Lulle-, por la producción de melanina, pigmento estimulado durante el bronceado que funciona como un filtro que protege la piel de los rayos del sol".

Aunque la principal causa de cáncer en la piel es la exposición crónica a los rayos del sol -que filtran más rápidamente sus radiaciones por la depresión de la capa de ozono-, para los especialistas existen otros factores que lo producen, como son las sustancias químicas (en el caso de personas que trabajan en la industria con alquitranes, naftalenos y arsénicos), las lesiones cutáneas -heridas y úlceras que no cicatrizan-, la inflamación de los labios -ocasionada por frío, calor, saliva o tabaquismo-, la dermatosis precancerosa -elevaciones callosas, planas y alargadas, fácilmente sangrantes, ubicadas en la cara, cuello, manos y antebrazos- y los lunares localizados en sitios de roce con la ropa o durante la afeitada.

El cáncer de piel, dependiendo de las células que lo producen, puede desarrollarse en tres variedades conocidas como carcinomas basocelulares, escamocelulares y melanomas malignos. Según la doctora María Durango, dermatóloga del Instituto Nacional de Cancerología, los basocelulares son los más frecuentes y generalmente no ocasionan metástasis (invasión a otros órganos). Se presentan como nódulos -acumulaciones anormales de tejido- que si no son tratados a tiempo terminan en ulceración. Los escamocelulares -nódulos de crecimiento progresivo- son desarrollados a partir de lesiones cutáneas crónicas que tienden a ulcerarse y nunca desaparecen. A diferencia del primero, éste tiende a hacer metástasis particularmente en el pulmón. Por su parte, el melanoma maligno es el màs agresivo y se detecta a partir de manchas oscuras -como lunares- que cambian de color y que tienden a localizarse con mayor frecuencia en las plantas de los pies, las mucosas oral y genital, la lengua y las membranas de los ojos. Este es el más peligroso de los tres porque suele extenderse por la vía linfática y sanguínea a órganos como el pulmón, el hígado y el cerebro, explica la dermatóloga.

Estos casos están relacionados frecuentemente con la exposición al sol sin importar su manifestación. "La luz solar produce cambios en el material genético de las células normales de la piel. Estas sólo son capaces de reparar el desorden hasta cierto punto, ya que el daño producido por los rayos ultravioleta es de efecto acumulativo. Esto quiere decir que mientras a más temprana edad la persona empiece a exponerse, mayor es el riesgo de adquirir un cáncer", afirma el doctor Gaitán.

El tratamiento depende del grado de severidad del cáncer. En los casos de menor gravedad se interviene quirúrgicamente la zona afectada. La quimioterapia y la radioterapia están reservadas para etapas más avanzadas de la enfermedad y por lo general se utilizan de manera combinada.

Existen otros daños más leves producidos por el sol; lesiones que no alcanzan a ser cáncer. Para contrarrestarlos, algunos dermatólogos recomiendan la aplicación de ácido glicólico y de Retin-A o ácido retinoico después de los 45 años. "La función de este último es controlar las lesiones premalignas, disminuir las arrugas y mejorar las lesiones de la piel. Más que un remedio, es un método de protección, pero de ninguna manera da vía libre a quienes lo usan para exponerse a las radiaciones solares de manera intensa", dice la doctora Durango.

Aunque en el mercado existen numerosos productos ofrecidos con la promesa de proteger la piel de los efectos dañinos del sol, no todos resultan adecuados. Los especialistas recomiendan tener especial cuidado con los métodos utilizados en cosmetología como las cremas con drogas cáusticas, que queman la piel -y algunos procedimientos de cauterización de lunares. "Desde que se presentan los primeros cambios debe acudirse a un especialista en cáncer, ya que no todo tratamiento es curativo y mucho menos si es realizado por cualquier persona", dice el doctor Armando Gaitán.

Pero sí existen otras medidas preventivas mucho más sanas, como la práctica periódica de un autoexamen. Este debe realizarlo la persona completamente desnuda y con la ayuda de espejos para observar la apariciòn o los posibles cambios en lunares, manchas y verrugas en cualquier parte del cuerpo. Según Beatriz Lopera, jefe de Educación de la Liga contra el Cáncer, "El autoexamen implica un conocimiento de sí mismo y del manejo del propio cuerpo. Es mejor realizarlo y no sentarse a esperar a que se presente dolor, cuando ya puede ser muy tarde. Lo importante es no olvidarse de que el cáncer es curable si se diagnostica a tiempo".

A la hora de asolearse, los sombreros y las cremas con filtro solar son algunas alternativas para cuidar la piel y disminuir el riesgo de cáncer. Pero hay que tener en cuenta que los antisolares deben escogerse según el tipo de piel -con un factor de protección mayor de 15- y debe aplicarse por lo menos 20 minutos antes de tomar el sol, y no sólo en la cara sino en todas las áreas expuestas, incluyendo las orejas, los labios y las manos. Aunque éstos no brindan una protección total, sí pueden ayudar a bloquear, hasta cierto punto, la luz ultravioleta. No obstante, algunas personas pueden ser mucho más sensibles a la luz, a causa del lupus (enfermedad que afecta los tejidos y los vasos sanguíneos), o porque están tomando medicamentos tales como diuréticos, tetraciclina o antiinflamatorios. En estos casos, lo más aconsejable es acudir al médico en lugar de usar cualquier tipo de antisolar.

De todas maneras, lo mejor es evitar el sol desde la niñez, teniendo en cuenta que su efecto es acumulativo. La principal recomendación que hacen los oncólogos es la de no exponerse mucho tiempo -más de 10 ó 15 minutos diarios-, ni entre las 10:30 a.m. y las 3:00 p.m. Para quienes se alejan del sol pero quieren oscurecer la piel a cualquier precio, con métodos artificiales como las cámaras y los bronceadores sin sol, también existe una advertencia. "Mientras las primeras aumentan la predisposición al cáncer, los otros son tinturas que aunque no lo causan sí producen dermatitis y mayor sensibilidad en los tejidos".

En resumen, aunque el cáncer de piel parece más fácil de diagnosticar y de curar que los otros porque las alteraciones son externas y visibles, es uno de los de más alta incidencia y la tasa de mortalidad por esta causa es, según los especialistas, sorprendentemente alta.


TIEMPO PARA QUEMARSE
UNA COMPILACION de lecturas de los rayos UVB (ultravioleta de tipo B) realizada por investigadores de la Universidad de Chicago mostró, a la manera de un reloj, la cantidad de minutos que tarda una piel sin protección en tornarse roja. El estudio encontró que la tradicional advertencia de evitar el sol entre las 11:00 y las 2:00 p.m. es muy limitada. Según el dermatólogo Bryan C. Schultz, de la Universidad de Illinois, a las 10:30 a.m el tiempo que toma la piel en cambiar de color es de media hora. Entre las 3:00 y las 3:30 p.m. la cantidad de rayos UVB aumenta en un 85 por ciento con respecto a la hora anterior, y en un 60 por ciento entre las 3:30 y las 4:00 pm. Estas intensidades cambian día a día de acuerdo con la nubosidad y el smog. A mayor grado de nubosidad hay una mayor dispersión de rayos UV, luego existe un menor riesgo de recibir radiaciones. Con el smog el proceso sucede de manera inversa.
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