Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/29/2006 12:00:00 AM

El animal humano

Freud fue un científico apasionado, un fumador empedernido y un defensor de la cocaína durante una época de su vida. Semblanza de un intelectual rebelde y neurótico.

Sigismund Freud fue el hijo mayor -y favorito- de una familia judía más bien pobre. Nació el 6 de mayo de 1856 en Friburgo (en la región de Moravia), hoy conocida como Pribor, en la República Checa. Era el único en su casa que tenía un cuarto para él sólo, para poder estudiar en paz, pues siempre fue un alumno brillante.

En 1873 se matriculó en la Universidad de Viena. Saltó de una carrera a otra durante un año hasta que finalmente decidió estudiar medicina, más por su curiosidad científica que por su ánimo de curar personas.

Curiosamente, sus primeras investigaciones no fueron en el campo de la sicología, ni siquiera de la medicina, sino en las glándulas sexuales de las anguilas. Siempre fue un amante de la ciencia y de su método riguroso y escéptico. Amaba el laboratorio e invertía un gran esfuerzo en los detalles más pequeños, con la continua convicción de que estaba a punto de llegar a un gran descubrimiento.

A los 27 años consiguió un empleo en una clínica siquiátrica, lo que sería decisivo para el resto de su carrera. Allí tuvo sus primeras experiencias con pacientes y empezó a interesarse en las funciones del cerebro. Le gustaba dibujar sus intuiciones científicas y de esa época son las ilustraciones en las que intenta explicar cómo ciertas áreas del cerebro representan distintas partes del cuerpo. Lo había captado el interés por la mente.

En 1884, en una época en la que la medicina exploraba el control del dolor, supo de los efectos analgésicos de la cocaína. Decidió usarla, pues sufría de depresión, fatiga crónica y otros síntomas neuróticos. Le funcionó tan bien, que se la recetó a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow, quien era adicto a la morfina debido a una dolorosa enfermedad del sistema nervioso. La situación de Fleischl se agravó, y Freud fue criticado en los círculos médicos cuando se descubrieron los efectos adictivos del fármaco. Luego de tres años de usarla, la dejó.

Poco a poco se especializó en pacientes con histeria severa, con los cuales desarrolló su capacidad de escuchar. Empezó a escribir sus propios sueños, y para mediados de la década de 1890, además de casarse, se lanzó a un proyecto para el que no tenía predecesores: un completo análisis de sí mismo.

Fue en 1900, con la publicación de La interpretación de los sueños, cuando Freud ganó reputación en su campo. Su objetivo no era sólo plantear una teoría de la mente, sino desarrollar las reglas de la terapia sicoanalítica y -por si fuera poco- extender su concepción del ser humano del diván a la sociedad y la cultura. Sus Tres ensayos sobre teoría sexual (1905) lo alejaron definitivamente de sus contemporáneos siquiatras, pero le trajeron un grupo de seguidores leales.

Los años que siguieron, los de su madurez, fueron de éxito puro. Publicaba ensayos, convocaba a congresos internacionales de sicoanálisis y fundó la Asociación Sicoanalítica Internacional y la revista Imago. Lo visitaban poetas de la talla de Rainer Maria Rilke y André Breton. Se había convertido en una personalidad influyente en los círculos intelectuales y artísticos de Occidente.

En 1923 le detectaron los primeros síntomas de cáncer oral. Y en 1930, un ataque al corazón lo obligó a dejar su hábito favorito: fumar tabaco. Para empeorar las cosas, en 1933 Hitler subió al poder y comenzó la persecución a los judíos. Aquel año Freud mantuvo su famosa correspondencia con Albert Einstein alrededor de la pregunta: ¿por qué la guerra?

En marzo de 1938, cuando tenía 81 años, los nazis se tomaron Austria, y se vio obligado a emigrar a Londres con su esposa Martha Bernays y su hija favorita y colega Anna. Quería "morir en libertad", según decía. En efecto, murió al año siguiente, no mucho después de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Murió escuchando en la radio a un locutor idealista que proclamaba que esta sería la última guerra. Pero Freud sospechaba -lo había escrito en su ensayo La civilización y sus descontentos- que el animal humano sería siempre un enemigo para la sociedad organizada, que sólo existe para reprimir sus deseos violentos y sexuales.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.