Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/03/13 00:00

El arte de amar

Desde hace siete años una sicoterapeuta enseña a cientos de parejas en la ciudad de Seattle las sutilezas del beso.

El arte de amar

Hace unos años Cherie Byrd, quien se define como una "besadora voluptuosa", salía con un hombre que no tenía la más remota idea de dar besos. "Era torpe y sin gracia", dice. Tan mal besaba, que un día Cherie le advirtió que si no se dejaba enseñar a besar, tendrían que terminar.

Para ella no hay nada peor que un beso de pescado: frío, plano y que no comunica nada más que un deber o una obligación. "Es un camino seguro a la tierra de las heridas y el resentimiento", afirma.

La relación no duró mucho, pero le dio una gran idea: abrir un colegio para educar a la gente en el delicado arte de los besos. De modo que en 1998 Byrd fundó su pequeño colegio en la ciudad de Seattle (Estados Unidos). Desde entonces, esta sicoterapeuta de 56 años les ha enseñado a más de 500 parejas a besarse.

"La gente no entiende a qué se refiere cuando habla de la química en el amor, porque están buscando algo por fuera de ellos mismos, están esperando que la otra persona les dé ese algo. La verdad es que primero es necesario observar y cultivar hacia adentro, conectarse con uno mismo para después ser capaz de ofrecer un beso", le dijo a SEMANA en entrevista telefónica.

Las parejas que asisten a su colegio tienen entre 30 y 60 años, pagan 275 dólares por clase y viajan desde todos los rincones de Estados Unidos e incluso desde Europa y Asia. No es necesario que sean novios o esposos, pues se permiten parejas de amigos. También pueden ir solteros, siempre y cuando acepten hacer los ejercicios con desconocidos. Y como la escuela no es discriminatoria, recibe parejas del mismo sexo.

Las clases duran todo un día. Lo primero que hacen las parejas es construir su 'nido de amor' -con cobijas, sleeping bags y almohadas-, pues en él pasarán la mayor parte del tiempo. Después empiezan los ejercicios: "Al principio se trabaja la respiración y se aprende a conectarse con la energía interna y a estar presente". Éstos se complementan con prácticas eróticas tradicionales como el tantra, el kung-fu sexual y ejercicios de chamanes.

También hay ejercicios de interacción, para aprender quién está dando el beso y quién lo está recibiendo: "La mayoría de las personas sólo están acostumbradas a dar o a recibir besos, y es necesario saber en qué consisten ambas cosas", asegura la profesora.

Finalmente viene la práctica: masajes en los pies, bailes lentos y besos en las manos. Y a medida que el contacto se hace más íntimo, mordiscos en el cuello, exploración de las orejas y finalmente el esperado beso en los labios. "La idea es construir el beso a lo largo del día", afirma.

Según Byrd, la gente comete muchos errores cuando besa. "El más común, particularmente de los hombres, es no estar presentes. Están pensando en el trabajo o en las obligaciones. Y para besar hay que estar en el momento". También es usual ver que las mujeres dan demasiado y fallan a la hora de ser receptivas con lo que su pareja les está dando. Besar es dar, pero también estar abierto a ser besado. Otro error muy común es la respiración. "Simplemente no puede haber conexión con el cuerpo ni comunicación con el otro cuando se detiene la respiración. Respirar profundamente es una clave para cultivar la comunión".

Pero tal vez el peor error es creer que besar es algo que se aprende por el camino o que viene naturalmente. Para Byrd, besar se parece mucho a cocinar. Todo el mundo puede preparar una comida, pero la diferencia entre un banquete y una cena insípida no se aprende por el camino. Es necesario aprender a hacerlo, y conectarse con lo que se está haciendo.

"Un buen beso depende de qué tan conectadas estén las personas con sus emociones. No importa la técnica, porque así sea técnicamente perfecto, pero sin alma ni corazón, será un beso vacío, y también un beso hiriente. En algunas ocasiones es necesario un beso cálido y gentil; en otras, se necesitará un beso intenso, apasionado, incluso agresivo. Pero es ahí, en la conexión y en la comunicación, donde está el arte del beso", concluye.

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