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| 5/23/1988 12:00:00 AM

EL ARTE DE VIVIR

Haber sido "cinco en todo" en las actividades académicas, no necesariamente garantiza éxito en la vida

EL ARTE DE VIVIR, Sección Vida Moderna, edición 312, May 23 1988 EL ARTE DE VIVIR
¿Qué significa ser inteligente? La respuesta más frecuente tiene que ver con aptitudes académicas, tales como la rapidez para hacer cálculos matemáticos o la habilidad verbal. De hecho, desde hace muchos años se han venido aplicando, especialmente en los sectores académicos, los famosos tests para medir el IQ o cuociente intelectual. Aunque estas pruebas permiten predecir qué tan bien le puede ir a una persona en las labores académicas rutinarias, no aportan ningún elemento de juicio para saber si esa persona, por el hecho de tener desarrolladas ciertas destrezas intelectuales, va a tener una vida exitosa en términos de prestigio, de dinero o de satisfactorias relaciones sociales o interpersonales. En otras palabras, no necesariamente un individuo con un cuociente intelectual alto tiene éxito en la vida.
En un esfuerzo para maquillar las limitaciones de ese tipo de pruebas, se han empezado a desarrollar nuevas formas para medir los diferentes factores emocionales y psicológicos que llevan al éxito en la vida cotidiana.
Los nuevos tests intentan evaluar la inteligencia práctica que subyace en las mentes de personas que logran éxito en la vida. El nuevo enfoque va más allá de las puras habilidades mentales y le da peso a los factores emocionales y a las actitudes que interfieren o facilitan el uso de esas habilidades. Estas nuevas investigaciones han alimentado nuevas teorías sobre lo que significa ser inteligente.
Describen un espectro de talentos prácticos, como la aptitud para aprender las normas tácitas que rigen el éxito de una profesión o los hábitos de la mente que estimulan la productividad.
"Qué tan bien maneja la gente sus emociones, determina qué tan efectivamente puede usar su capacidad intelectual", afirma el doctor Seymour Epstein, un psicólogo de la Universidad de Massachusetts que ha venido investigando en esta dirección. "Por ejemplo, si alguien puede fácilmente resolver problemas en el silencio de su oficina, pero no logra hacerlo cuando trabaja en grupo, será ineficiente en gran número de situaciones", agrega.
Segun The New York Times, el doctor Epstein ha desarrollado un test que mide "el pensamiento constructivo", que se define como la capacidad para responder efectivamente frente a la vida. La prueba mide qué tan bien puede una persona manejar sus emociones y sortear situaciones, tanto como las respuestas habituales a contratiempos y fracasos. Difiere de las primeras alternativas de las escalas de cuociente intelectual, que intentaban medir factores tales como la creatividad.
La mayoría de las actitudes constructivas que mide el test tienen el sello del sentido común. Las personas que piensan constructivamente, por ejemplo, no tienden a tomar las cosas en forma personal, ni a darle mucha importancia a lo que los demás piensan de ellas. Más que lamentarse por una situación, tienden a actuar.
El doctor Epstein ha descubierto que muchas personas academicamente brillantes tienen hábitos mentales auto-destructivos, tales como rehuir retos, porque temen los peores resultados. Dentro de estas formas no constructivas de pensar se encuentran también la fijación a ciertas supersticiones, como la de quien cree que hablar de un posible éxito, impide que se realice; o el optimismo irreal e ingenuo de quien cree que puede lograr cualquier cosa que se proponga si tiene el suficiente deseo de hacerlo, o un generalmente pesimista y negativo modo de ver las cosas.
En las numerosas pruebas aplicadas por el doctor Epstein, se ha descubierto que mientras más alto es el puntaje del test de pensamiento constructivo, es factible un mayor éxito en la vida, desde nivel salarial y promociones, hasta felicidad con amigos, familia y relaciones románticas, lo mismo que salud emocional y física.
Entre universitarios suficientemente inteligentes se ha encontrado que el cuociente intelectual no está relacionado con ninguna de esas clases de éxito. Es simplemente irrelevante.
"En cierto sentido hay dos mentes -dice el doctor Epstein. Una, la mente experimental que tiene que ver con la forma como una persona reacciona emocionalmente frente al mundo, toma decisiones inmediatas y resuelve los problemas día a día. No tiene nada que ver con el IQ. La otra, la mente racional tiene que ver con la forma como una persona explica lo que hace, o qué tan bien entiende una novela o las matemáticas. No tiene nada que ver con el éxito en la vida".
Algunas experiencias infantiles parecen moldear el pensamiento constructivo para bien o para mal. Aquellos que tienen más altos puntajes en el test de pensamiento constructivo, con frecuencia tienen padres que no los han sobreprotegido y que los han entrenado para ser independientes. El sentido de haber sido amado o rechazado por los padres, sin embargo, no se relaciona con los puntajes del test.
"El pensamiento constructivo depende en gran medida de haber tenido padres que hayan enseñado a sus hijos a ser fuertes y a manejar las cosas por sí mismos", sostiene Epstein. "Pero el amor no es suficiente; es necesario el entrenamiento para hacer las cosas por uno mismo".
Sin embargo, muchos talentos prácticos que llevan al éxito en la vida raramente han sido enseñados en forma explícita. Más bien, aquellos que sobresalen parecen capaces de absor ber tácitamente ese conocimiento.
En un reciente estudio, psicólogos de Yale desarrollaron un test para medir la facilidad para vender. Los psicólogos ven el arte de la persuasión como algo esencial para triunfar en muchos aspectos de la vida. "La habilidad para vender es una clase de persuasión que todo el mundo necesita; uno vende sus ideas o sus puntos de vista; uno vende cuando hace un trato o un negocio. Vender es una destreza que requiere una clase específica de inteligencia práctica", afirma el doctor Robert Sternberg, psicólogo de la Universidad de Yale.
Algunas investigaciones adelantadas al respecto han encontrado que quien tiene talento para las ventas, no sólo sabe cuándo una persona vacila en tomar una decisión, sino que sabe que la mejor forma de acercarse es no presionar para que la tome, sino tratar de averiguar por qué no está preparado en ese momento para tomar la decisión. Otra tactica de persuasión utilizada por aquellos que tienen el talento de las ventas es no discutir con la persona a quien se está tratando de vender algo, sino atender su punto de vista y valorarlo, para luego explicarle su propio punto de vista. Mientras tales reglas empíricas pueden se enseñadas como estrategias de venta las personas que han tenido éxito e esa materia, con frecuencia parece comprenderlas de manera intuitiva.
Cuando las pruebas se aplicaron en personas que venden seguros, se encontró una alta correlación entre lo mejores puntajes y el número de años de experiencia, el número de ventas realizadas y los premios o recompensas recibidos.
En otro estudio, "Inteligencia práctica", adelantado por los doctores Wagner y Sternberg, se investigó las clases de conocimiento tácito típico de administradores de empresa exitosos. El test evaluaba tres tipos de inteligencia práctica. Una era qué tan bien se manejaba a sí misma una persona, por ejemplo, cómo enfrentaba la vacilación frente a la toma de decisiones. La otra era la habilidad para manejar a otros, por ejemplo, cómo asignar y adaptar tareas para obtener el máximo beneficio de las aptitudes de los demás. La tercera era saber cómo manejar su propia carrera por ejemplo, cómo incrementar su propia buena reputación.
Una de las primeras técnicas para evaluar la inteligencia práctica fue desarrollada por el doctor David McClelland, un psicólogo de la Universidad de Boston, y el doctor George 0. Kemp Jr. Mediante cuidadosas comparaciones de personas con desempeño sobresaliente en determinados campos, con personas de resultados mediocres, descubrieron cuáles eran las competencias específicas que determinaban la diferencia entre los dos grupos.
En un estudio de administradores, por ejemplo, las habilidades para resolver problemas de los mejores administradores incluían la tendencia a pedir más información concreta cuando se encontraban con situaciones ambiguas. Otra era la capacidad para buscar información en la mayor cantidad de fuentes posibles También demostraron una curiosa facilidad para hallar analogías poco comunes, para explicar la esencia de las situaciones. Los mejores administradores tenían también la tendencia a influenciar a las otras personas.
Constantemente anticipaban el efecto de sus acciones sobre las de otros en la compañía, y no temían confrontar sus puntos de vista con los de otros directamente cuando se presentaban los problemas. Se caracterizaban también por la tendencia a desarrollar un sentido de colaboración, que involucraba a los subordinados en la toma de decisiones que podían afectarlos, particularmente decisiones controversiales. Estos fueron parte de los resultados obtenidos en el estudio.
La nueva línea de investigación fue abierta por importantes criticos de los tests de IQ como los doctores McClelland y Ulrice Neisser. Argumentaban, ya desde los años 70, que la inteligencia académica no tenía nada que ver con el éxito en la vida. Hasta entonces se había asumido ampliamente que la inteligencia que median los tests, podía ser aplicada por las personas que la poseen en cualquier campo de la vida.

Sin embargo, las preguntas que se hacen en esos tests no tienen nada que ver con los retos que las personas tienen que afrontar en la vida. Las preguntas de los tests de IQ son formuladas por otras personas que ofrecen toda la información que uno necesita para contestarlas y que no tienen nada que ver con la propia experiencia y los intereses de las personas que las contestan. Están bien definidas y generalmente sólo hay un camino para dar con la respuesta correcta. Pero nada de eso es usualmente verdad en los problemas que la gente tiene que resolver en su vida diaria: cómo encontrar pareja o un mejor apartamento, llevar las finanzas personales o salir adelante en su profesión.
El doctor Sternberg ha propuesto una teoría de la inteligencia que incluye características tales como qué tan bien planea estrategias una persona para resolver problemas o qué tan bien enfrenta situaciones nuevas.
Otra teoría describe siete tipos de inteligencia que incluyen el control corporal de que hacen gala los atletas o los bailarines, las habilidades interpersonales para interpretar los sentimientos de otras personas, además de las capacidades académicas para el razonamiento lógico y matemático.
La mayoría de los nuevos trabajos examinan actitudes que permiten a las personas hacer el mejor uso de cualquiera de las aptitudes que posean. Este enfoque es lo que algunos psicólogos han llamado " auto-eficacia" , que es la creencia de que uno puede manejar los eventos de su propia vida y puede encontrar la forma de acepta retos. "Las creencias de las personas sobre sus talentos tienen un profundo efecto sobre esas aptitudes", afirmo el doctor Albert Bandura, un psicólogo de la Universidad de Stanford quien ha hecho varias investigaciones sobre la "auto-eficacia". "El talento no es una propiedad fija: hay muchas variaciones en la forma como una persona se desempeña. Las personas que tienen sentido de la 'auto-eficacia' se recuperan del fracaso; se aproximan a las cosas en términos de cómo manejarlas y no en términos de qué puede salir mal", sostiene Bandura.
En el estudio de los administradores sobresalientes, por ejemplo, lo mejores mostraban una fuerte confianza en sí mismos, se veían a sí mismos como los más capaces para el trabajo y aceptaban sentirse estimulados por las crisis. También se ha demostrado que quienes son optimistas se desempeñan mejor que los pesimistas en una gran variedad de campos, desde vender seguros hasta logros académicos.
La "auto-eficacia" varía de una parte de la vida de una persona a otra. Un administrador que tiene confianza en sí mismo, por ejemplo, puede sentir que no es buen padre. Se ha descubierto que la "auto-eficacia" actúa como una fuerza poderosa que hace que las personas, cuando se enfrentan varias alternativas, escojan unas y eviten otras. Por ejemplo, se ha descubierto que muchas mujeres tienen un bajo sentido de la "autoeficacia" con respecto a los computadores o a la matemática, lo que las hace alejarse de las carreras que dependan fuertemente de esas aptitudes.
Algunos psicólogos creen que aunque la inteligencia práctica parece ser natural en algunas personas, otras pueden ser entrenadas en cierta proporción, para ser más inteligentes en la vida práctica.
El éxito, pues, no depende de entender la teoría de la relatividad, ni de dominar los secretos del ADN. Tampoco de poder resolver sofisticados problemas matemáticos. Depende más bien de la capacidad que se tenga para salvar los obstáculos de la vida diaria y para manejar la propia vida.
Es decir de la inteligencia práctica que nunca es tarde para empezar a desarrollar.

¿COMO SE DESEMPEÑA EN LA VIDA DIARIA?
Inteligencia practica para negocios
El doctor Robert Sternberg diseñó un examen que se relaciona con el éxito en el trabajo.
Su año en el trabajo ha sido, en términos generales, favorable. Las metas de su departamento se han cumplido al menos tan bien como antes de que usted se hiciera cargo, y tal vez un poco mejor. Usted tiene dos asistentes. Uno es bastante capaz, mientras el otro parece moverse por inercia y le es de muy poca ayuda. Usted piensa que aunque es bastante bien aceptado en la empresa, hay algo que pudiera hacer para distinguirse, frente a sus superiores, de los otros nueve administradores que lo han precedido en la empresa. Su meta es una rápida promoción a la cúpula ejecutiva de la compañía. La siguiente es una lista de cosas que usted considera que podría hacer. Clasifique en orden de importancia cada una de ellas.
a. Encontrar una forma de salir del asistente que poco sirve v de tres o cuatro más.
b. Participar en una serie de paneles de expertos que se van a transmitir por televisión.
c. Asegurarse de que sus superiores están conscientes de sus logros.
d. Aceptar la invitación de un amigo para hacerse socio del exclusivo club al cual pertenecen ejecutivos de alto nivel.
e. Cuando toma decisiones, darle gran peso a la forma como a sus superiores les gusta hacer las cosas.

Pensamiento constructivo
El doctor Seymour Epstein desarrolló un enfoque para medir las habilidades que se tienen para desempeñarse en la vida diaria.
Señale si está de acuerdo o en desacuerdo con las siguientes afirmaciones.
1. Soy el tipo de personas que tiende más a actuar que a quejarse o a pensar sobre una situación.
2. No permito que las pequeñas cosas me molesten.
3. Tiendo a tomar las cosas en forma personal.
4. Me molesta tanto desempeñarme pobremente que sólo pensarlo me hace cometer errores.

Respuestas
En el test del doctor Robert Sternberg, el escenario y las alternativas intentan medir el tipo de pensamiento que se necesita para avanzar en la carrera. Otras preguntas apuntarían a medir qué tan bien se maneja a sí misma una persona y qué tan bien lo hace con otros. La clasificación más adecuada de las alternativas es la siguiente según el doctor Sternberg: e,a,c,b,d.
De acuerdo con el doctor Epstein, las respuestas más sanas para sus preguntas, que demuestran diferentes aspectos del pensamiento constructivo, deberían ser: 1. De acuerdo. 2. De acuerdo 3. En desacuerdo. 4. En desacuerdo.
Mientras quien realiza el test puede discernir fácilmente cuál indica el pensamiento más constructivo, el doctor Epstein sostiene que la gente realiza la prueba para descubrir sus fortalezas y debilidades actuales, y contesta desprevenidamente las preguntas.

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