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| 2/18/2012 12:00:00 AM

El ‘bromance’

Cada vez más los hombres establecen relaciones afectivas y cariñosas entre ellos sin atracción sexual. Brad Pitt y George Clooney son el mejor ejemplo. En Colombia, aunque todavía hay reticencia, ya se empiezan a ver los primeros ‘brománticos’.

 “Cómo es eso de que nos veremos pronto. ¿Vas a venir? Sería impresionante encontrarnos otra vez”. Cualquiera pensaría que se trata de una conversación entre dos personas que se atraen, pero en realidad es un mensaje entre dos hombres heterosexuales que no tienen miedo de expresar sus sentimientos. Se llaman Sebastián y Fernando. Se conocieron en la escuela de arte hace mucho tiempo y los unió su afinidad por la música, la literatura, la pintura, el fútbol y la manera de ver la vida. Aunque tienen vidas separadas, han logrado cultivar una “amistad profunda que no tengo con otros amigos con quienes no comparto los mismos gustos”, dice Sebastián.

A la luz de las nuevas tendencias, lo que ellos viven es un bromance, un término que nace de la mezcla de las palabras brother (hermano) y romance. Fue acuñado hace dos décadas en Estados Unidos entre los patinadores para denominar a aquellos que eran compañeros inseparables, pero hace un par de años se puso de moda en los medios de comunicación masiva de ese país. Según el diccionario Merrian Webster, que incluyó la palabra en la edición del año pasado, un bromance es una relación cercana no sexual entre hombres. El diccionario online Urbandictionary la define como la demostración de afecto entre dos hombres heterosexuales.

¿Se trata simplemente de un nuevo término para la vieja amistad entre dos individuos? La respuesta es sí y no. Aunque casi todos los hombres salen con sus amigos a jugar fútbol o a conocer mujeres, casi nunca tocan aspectos de sus vidas privadas en estas circunstancias. Los ‘brománticos’ sí lo hacen. Y no solo les gusta salir juntos sino que cuando lo hacen tienen conversaciones significativas al calor de unas cervezas, se abrazan e incluso lloran. “La profundidad de la relación es la diferencia”, señala a SEMANA el psicólogo Jim Taylor. “Un bromance va más allá de compartir actividades, e incluye comunicar ideas, emociones, preguntas y dilemas insondables”, agrega

Los exponentes más conocidos del fenómeno son George Clooney y Brad Pitt, quienes no esconden en público su cariño: las miradas de admiración que los dos actores se cruzan en las entregas de premios, los abrazos afectuosos que intercambian y las constantes bromas, todo esto sin que sientan que con ello ponen en riesgo su hombría. No en vano las revistas del corazón dicen que esta es la relación más estable que jamás ha tenido Clooney, quien a sus 50 años es el soltero más cotizado de Hollywood.

Y es que la televisión y el cine han sabido reconocer esta tendencia. Joey y Chandler, personajes de la serie Friends, son una muestra de este tipo de nuevos hombres que hoy se dan permiso para tener relaciones más intensas entre ellos. Lo mismo sucede con Frodo Baggins y Samwise Gamgee, personajes de El señor de los anillos. Pero, según expertos consultados, los mejores exponentes del bromance son Paul Rudd y Jason Segel, protagonistas de la película I love you man, sobre un hombre que busca un padrino para su boda.

En el mundo de la política también hay bromances famosos: el de Bill Clinton y Al Gore, o el de Vladimir Putin y Dmitri Medvedev. “Es un término creado por los medios pero refleja los verdaderos cambios en nuestra cultura en la cual cada vez se permite más a los hombres ser emocionales y expresivos”, señaló a esta revista el sociólogo Peter Nardi, profesor del Pitzer College.

Aunque algunos consideran que el término es desafortunado porque con la simple mención de romance los hombres se sienten intimidados, algunos expertos creen que ponerle nombre a este tipo de relación tiene mucho de positivo. El psicólogo Michael Kimmel admite que en el fondo ese término les da seguridad a los hombres de tener una relación afectiva cercana con otro sin temor a ser tildados de gays. “Ahora es una palabra conveniente”, afirmó a SEMANA.

En Colombia, donde las tendencias mundiales toman su tiempo en llegar, el fenómeno empieza a verse, aunque apenas tímidamente. Andrés, un joven de 23 años, tiene un ‘bromance à trois’, pues sus grandes amigos son dos compañeros de colegio con quienes comparte los mismos gustos. “Para saludarnos siempre nos abrazamos. Me sentiría raro si apenas les doy la mano”, dice, y reconoce que siempre están hablando por teléfono sobre cualquier problema que se les presenta. Y no tienen miedo del contacto físico entre ellos porque las cosas son muy claras. “Casi siempre estamos hablando de mujeres”. Julián, también de 23 años, tampoco tiene ningún problema en demostrar afecto hacia otro hombre, pero cree que la sociedad colombiana aún es muy machista y homofóbica. “Hace poco subí en Facebook una foto mía con un amigo gay y me escribieron en tono de burla ‘adivinen quiénes se van a casar’”.

Pero otras sociedades como la Argentina son más tolerantes porque allí existe un gran culto a la amistad profunda, aunque también son homofóbicos. Solo hay que ver las expresiones de afecto entre Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, o el caso del fallecido músico Luis Alberto Spinetta, quien en una entrevista a la revista Rolling Stone dijo sobre el fotógrafo Eduardo Martí: “somos tan buenos amigos que un día vamos a adoptar”. Los argentinos se saludan de beso en la mejilla y, cuando la emoción los embarga, en la boca, como sucedió en 2006 con Diego Maradona y Claudio Caniggia, quienes, al celebrar un gol en un clásico Boca - River, se dieron un pico futbolero.

El aumento de esta clase de expresiones de afecto entre los hombres está relacionado con el movimiento feminista, dicen los expertos. “Los hombres han tenido que redefinir su masculinidad a partir de los cambios que han tenido las mujeres, pues ellas demandan hombres con un mayor ‘ancho de banda’ no solo en términos de emociones sino en comportamiento”, señala Taylor. Nardi también dice que el movimiento gay y los derechos humanos han impulsado estos cambios, porque han permitido que la gente sea más tolerante y existan más definiciones de roles de género. También ayudó el surgimiento de los metrosexuales, hombres que no le tienen miedo a cuidar su piel y su cuerpo, algo que antes era exclusivamente femenino. Otros creen que se debe al hecho de postergar el momento de casarse, lo que lleva a que los hombres compartan más tiempo libre con sus pares.

Las mujeres han aceptado esta nueva realidad de diferentes maneras. Según explica Kimmel, unas respaldan a sus parejas por tener este tipo de amigos; otras no entienden cuál es el drama si el bromance es el equivalente a las relaciones cercanas y profundas que han tenido las mujeres desde hace mucho tiempo, y están, por último, las que se sienten celosas con ese amigo especial de su pareja.

Es lo que le sucede a María. Su esposo, Rodrigo, conoció recientemente a Camilo en el trabajo y fue bromance a primera vista: se entienden en todo sentido. “Ella se siente abandonada porque siempre tienen planes juntos”, dice un amigo en común. El bromance es una amenaza a la relación porque la mujer no es la prioridad del esposo. También se siente intimidada porque su esposo prefiere pasar tiempo con Camilo y la ve a ella como una figura de represión.

Geoffrey Greif , autor del libro The Buddy System, dice que Thomas Jefferson y otros padres de la patria norteamericana se escribían cosas como “no veo el momento de verte otra vez. Te quiero” sin ser homosexuales. Por eso, el fenómeno del bromance le parece un paso adelante para que los machos no tengan miedo de expresar sus sentimientos. Kimmel dice que cada vez más hombres ven que sus esposas tienen relaciones vitales con otras mujeres y buscan ellos mismos ese tipo de experiencias. Incluso, algunos han inventado el término ‘man crush’ para referirse a otros hombres que les parecen atractivos. “Están viendo los beneficios concretos, pues los estudios muestran que una buena amistad ayuda a ser más feliz y vivir más”, dijo a SEMANA. Él está convencido de que los que más pierden con esto son los propios hombres porque privarse de sentir, de expresar o incluso de reconocer que otro hombre es atractivo, es, como él lo dice, “ir al museo y no permitirse apreciar una obra de arte por temor a ser criticado por los demás”.
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