Viernes, 28 de noviembre de 2014

| 2012/12/15 00:00

El cambio climático ya llegó

Los tifones, huracanes y deshielos ratificaron en 2012 que el calentamiento global se aceleró. Un verano sin hielo en el ártico se podrá ver, ya no al final del siglo, sino en cuestión de 10 años.

Los eventos extremos se han vuelto más frecuentes y ya pocos expertos dudan de que tengan relación con el cambio climático. De todos, el que más preocupa a los científicos es el deshielo del ártico porque tiene consecuencias muy graves para el clima global. Se calcula que en 10 o 20 años los veranos del polo norte serán sin hielo.

Inundaciones en Brasil, incendios forestales en Chile, lluvias torrenciales en Australia, sequía severa en el sur de Estados Unidos y tres tifones en el pacífico fueron algunos de los eventos climáticos extremos que se reportaron en la tierra en 2012. Fue además el invierno más frío en Europa pero así mismo el más caliente de Estados Unidos desde que se tienen registros. Lo que más acaparó la atención fue el huracán Sandy que dejó a su paso, desde el Caribe hasta Nueva York, más de 123 muertos y 60.000 millones de dólares en pérdidas, y el deshielo en el ártico, que en este verano llegó a una cifra récord: apenas 3,5 millones de kilómetros cuadrados de hielo sobrevivieron a septiembre, la mitad de lo que se registró en 1989 en la misma época.

El Washington Post tituló un artículo editorial sobre el cambio climático diciendo: "Ya está aquí y es peor de lo que pensábamos". El artículo escrito por el experto James E. Hansen, director del Instituto Goddard de la Nasa, señala que ya no es suficiente decir que el calentamiento global va a recrudecer el clima en el futuro ni se puede seguir repitiendo que no se pueden ligar los huracanes y deshielos extremos al cambio climático. Según un nuevo estudio que revela el sorprendente incremento de veranos calientes "no hay otra explicación para todo lo que esta sucediendo que el cambio climático", escribió Hansen en el editorial.

El deshielo en el Ártico es el más preocupante porque puede detonar una serie de sucesos, a tal punto que las predicciones del Panel Internacional para el cambio climático de la ONU (IPCC por sus siglas en inglés) tendrían que ser revaluadas. "Desde que comenzaron las mediciones, el nivel del mar ha aumentado 80 por ciento más rápido, a 3,4 milímetros por año, que el promedio estimado por el modelo del IPCC que establecía 1,9 milímetros por año", dice

Stefan Rahmstorf, profesor de física de los océanos de la universidad de Postdam en Alemania.

Esa diferencia se atribuye al comportamiento del hielo, algo que en los estudios previos no se tuvo en cuenta pues se pensó que la Antártica tendría un incremento en su cantidad anual de nieve en el futuro. Pero en la práctica ha sucedido todo lo contrario. La temperatura de Groenlandia desde 1950 ha aumentando 1,7 grados centígrados debido al calentamiento global y en ambos polos las capas de hielo han perdido masa a una velocidad mucho mayor en las últimas dos décadas. Y de seguir esta tendencia, el verano sin hielo en el ártico se podrá ver, ya no al final del siglo, sino en cuestión de 10 a 20 años.

El deshielo es catastrófico por varias razones. Para empezar, el agua descongelada del Ártico que llega a los océanos se calienta más fácil y esto a su vez provoca el derretimiento de más hielo. Además de esto, el solo deshielo implica que una gran cantidad de agua fresca se vierta a los mares, lo que puede alterar el curso de las corrientes marinas que distribuyen el calor y el frío en el planeta.

Más preocupante aún es que el permafrost, la capa de hielo permanente que cubre el subsuelo de las regiones más frías de la tierra, también está desapareciendo. Esto deja al descubierto suelo con una gran reserva de carbón, producto de fósiles de vegetales que han estado enterrados allí por centurias, y que ahora estarían a disposición de bacterias. En ese proceso de descomposición se produciría gas metano, el más nocivo de los gases efecto invernadero. Según los cálculos de Peter Wadhams, profesor de física de océanos, "la pérdida del hielo en el verano tendrá el mismo efecto en la tierra que los últimos 25 años de emisiones de dióxido de carbono".

Ahora bien, como lo ha podido constatar Sarah Das del Woods Hole, una institución oceanográfica, los lagos de agua derretida que se forman en estas zonas del planeta se drenan por entre las grietas de los casquetes polares a una fuerza capaz de levantar los glaciares e incrementar la velocidad a la que están llegando al mar. Y si bien los pedazos de hielo flotante no aumentan este nivel, los glaciares que se sumergen sí.

Como si lo anterior fuera poco, también se altera el efecto albedo, que es la capacidad del hielo de reflejar la luz solar hacia el espacio, un fenómeno que ayuda a controlar la temperatura del planeta. A cambio del hielo está quedando expuestos tierra y océanos oscuros que reflejan menos estos rayos. Al no hacerlo, el área se calienta más lo cual derrite el hielo.

Aunque algunos gobiernos ya están mirando las posibilidades económicas que plantea un Ártico sin hielo, a los ambientalistas les preocupa que este evento ocasione cambios en otros mecanismos climáticos que podrían promover más eventos extremos como los que se vivieron este año. Una razón más para reducir las emisiones de gases efecto invernadero que están causando el calentamiento global. "No estamos a merced de la naturaleza sino viendo las consecuencias de nuestras acciones", dice Rahmstorf.

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