01 diciembre 2012

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El cáncer, el enemigo interno

INFORME ESPECIALEl cáncer ataca hoy más que nunca, y el aumento de los casos plantea un duro reto al quebrado sistema de salud colombiano. Por eso, la clave está en prevenirlo y en detectarlo a tiempo. Para ello es necesario el esfuerzo de todos.

El cáncer, el enemigo interno. Cuando un paciente recibe el diagnóstico de cáncer se enfrenta a su mortalidad. Sin embargo, hoy las posibilidades de sobrevivir a esta enfermedad son muy altas.

Cuando un paciente recibe el diagnóstico de cáncer se enfrenta a su mortalidad. Sin embargo, hoy las posibilidades de sobrevivir a esta enfermedad son muy altas.

Foto: PANTHERMEDIA

En los últimos tiempos ha hecho carrera la idea de que hay una epidemia de cáncer. Ante cada nuevo caso, los comentarios de la gente siempre llevan a hablar de otros familiares o conocidos que también viven con esta enfermedad. Paula Correa, una joven abogada de 23 años, por ejemplo, perdió padre y
madre en diez meses debido a este mal. Pero para no ir más lejos, las historias de los cinco líderes latinoamericanos a quienes en cuestión de dos años los médicos les encontraron tumores cancerosos, se ha vuelto la referencia obligada del tema. El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva tuvo un tumor en la laringe, mientras la actual mandataria Dilma Rousseff fue diagnosticada con un cáncer linfático. El mandatario de Paraguay Fernando Lugo, destituido en junio, también tuvo que ser sometido a tratamiento por un linfoma. El más preocupante de todos, el venezolano Hugo Chávez, cumple un año y medio con un cáncer no especificado que le ha hecho someterse a varias rondas de quimioterapias y cirugías. Y el más reciente diagnóstico fue en la propia casa, cuando en octubre al presidente Juan Manuel Santos se le encontró un tumor maligno en la próstata. Solo 20 días después, el vicepresidente Angelino Garzón recibió un dictamen parecido. Los casos de estas personalidades son tan impactantes, que no han faltado mentes conspiracionales que alegan, por supuesto sin fundamento alguno, que se produjeron gracias a armas biológicas enviadas por Washington

Es cierto que el cáncer está aumentando en la población y lo seguirá haciendo en los próximos años, no solo en Colombia sino en el mundo. Según datos del Instituto Nacional de Cancerología, cada año resultan 70.000 nuevos pacientes en el país. En el 2020 esa cifra incrementará a 120.000. Según cálculos del Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, para 2030 en el planeta anualmente habrá 26 millones nuevos pacientes de cáncer. Según Fernando Ramírez, subdirector de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Protección Social, este es el mal crónico que ha crecido a mayor velocidad en los últimos años.

Pero a pesar de las percepciones generalizadas, los expertos consultados por SEMANA señalan que la principal razón es que la gente está envejeciendo más. "La edad es uno de los más importantes factores de riesgo para este mal", dice Luis Eduardo Bravo, patólogo y epidemiólogo de la Universidad del Valle. La enfermedad coronaria sigue siendo el coco, pues mata a una de cada tres personas en el país mientras que una de cada cinco muere de cáncer. " Hoy tenemos más posibilidades de desarrollarlo porque no nos morimos antes de otras enfermedades que ya se controlan y que en otras épocas cobraban vidas prematuramente", explica Ramírez. Resulta una paradoja pero, "nos morimos de cáncer porque vivimos más", agrega.

Las cifras de esta enfermedad también han aumentado porque se están detectando más casos gracias a mejores métodos de diagnósticos, y a que más gente está informada sobre la prevención y se somete a exámenes periódicamente.

Otro factor son los cambios en el estilo de vida. Según explica Raúl Murillo, director del Instituto Nacional de Cancerología, solo el 5 por ciento de los tumores tiene que ver con causas hereditarias. La gran mayoría se desarrolla por factores medioambientales como exponerse a radiación ultravioleta, un agente físico que favorece el cáncer de piel. O también por agentes químicos como el tabaco, considerado un factor de riesgo para varios tipos de tumores, en especial el de pulmón. El alcohol, otro químico, ha sido asociado con el cáncer de mama. Las infecciones también inciden. El virus del papiloma humano, por ejemplo, es determinante en el cáncer de cuello uterino.

La dieta alta en grasas y el sedentarismo, hábitos que causan obesidad, aumentan el riesgo de cáncer, pues la grasa corporal libera estrógenos, hormonas que intervienen en la división celular. El cáncer de próstata, de mama y de ovario están ligados a dicha exposición. "Es duro decirle a la gente que le da cáncer por su culpa, pero lo cierto es que hay estilos de vida asociados a esta enfermedad", señala Murillo.

Problema mundial

El aumento de la incidencia también se ve en el mundo. Sin embargo, debido al estilo de vida de cada país y al nivel socioeconómico, los tumores varían. "El cáncer de hígado y de vejiga es de los más pobres porque no se hacen controles para detectarlo, pero el cáncer de mama es de sociedades industrializadas porque en estos países las mujeres están más expuestas a hormonas", dice Murillo.

El problema de Colombia, así como de otros países en vías de desarrollo, es que tiene ambas cargas, tanto la de los tumores de los ricos como los de los pobres, lo que complica el desafío del cáncer a futuro si se tiene en cuenta que las arcas de salud no son muy boyantes. En los países desarrollados como Estados Unidos, los más frecuentes son próstata, pulmón, colorrectal y mama. En Colombia, los más comunes son próstata, mama, estómago, pulmón y cuello uterino, que tienen una alta mortalidad. Ya se empieza a notar un aumento en el de cáncer colorrectal debido, según los expertos, a cambios en la dieta, así como el de tiroides, cuya causa de aumento todavía es un enigma.

El panorama es complejo pues un determinado cambio en el estilo de vida puede favorecer a un tipo de cáncer pero empeorar otro. "El control de la fecundidad protege del cáncer de cuello uterino pero ese mismo factor es un riesgo para cáncer de mama", dice Bravo. Y aunque parezca inocuo, también incide qué tanto los pacientes se movilicen para hacer consciente a la sociedad sobre este tema. "El cáncer de mama tiene muchos padrinos y está en la agenda de todos pero el de cuello uterino no", dice Murillo.

Aquí se mueren más

Está claro que el cáncer no respeta condición ni estrato. Pero es muy diferente padecerlo en Colombia que en un país desarrollado. El estudio Concord, realizado en 2009 por un grupo de expertos liderado por Michel Coleman y publicado en The Lancet, comparó la supervivencia de cáncer en países de alto y bajo ingreso. El trabajo reveló la gran brecha que existe entre ambos grupos, pues sobrevivir cinco años luego del diagnóstico es mucho más común en Norteamérica, Japón y Europa que en Argelia, Brasil y Europa oriental.

En un trabajo realizado por Bravo en el que se comparan las cifras de cáncer de Cali en un periodo de cinco años con el resultado de Concord, se estableció que la gente con este mal muere más en esa ciudad que en los países nórdicos. Por ejemplo, en cáncer de próstata, la supervivencia a cinco años en Cali es de 58 por ciento, mientras que en países como Suiza, Austria, Islandia, Finlandia, Bélgica y Alemania es de 80 por ciento.

En los niños se ve más la diferencia, pues en los países nórdicos casi el 90 por ciento vive más de cinco años, pero en Cali, según el estudio de Bravo, esa tasa es de apenas 50 por ciento.

Los obstáculos

La razón que explica esa diferencia es el diagnóstico. "Aquí se hace tardíamente porque hay barreras en el acceso a buenos métodos", dice Bravo. De hecho, la brecha entre países ricos y pobres es más alta mientras mayor sea la disponibilidad de tratamiento efectivo.

También marca una diferencia el tipo de seguridad social. "Las personas que están en el régimen contributivo tienen un mejor pronóstico en Colombia que las del sistema subsidiado", asegura. Esto impacta porque el cáncer debe tratarse cuanto antes y muchos pacientes del régimen subsidiado -y aun del contributivo- sufren por la tramitología y la desorganización del sistema. "Alguien del Sisbén tiene su diagnóstico de cáncer 10 meses después de que empiezan los síntomas", señala Carlos Castro, director médico de la Liga Colombiana Contra el Cáncer, cuando lo óptimo sería que fueran prioritarios.

Otro obstáculo, según Ramiro Sánchez, experto de la Clínica del Seno en Bogotá, es que a pesar de que el cáncer está aumentando, aún los estudiantes de medicina no tienen en su currículo una cátedra especializada. "Esto es grave porque la primera barrera de un paciente es el médico general y si éste no sabe detectarlo, es posible que el tumor siga avanzando sin tratamiento", señala.

La falta de información, los obstáculos administrativos y las ganas de vivir hacen que con frecuencia los pacientes acudan a fórmulas milagrosas de dudosa efectividad o que interfieren con el tratamiento médico. Sin embargo, esto no significa que haya que satanizar a la terapias alternativas pues según varios estudios médicos el yoga, la acupuntura y la espiritualidad, entre otras, son herramientas útiles contra la enfermedad.

Los retos

Algunos expertos consideran que la situación, a pesar de todo, es mejor ahora que años atrás. No solo hay más tecnología sino que cada vez más gente tiene acceso a métodos modernos de diagnóstico y tratamiento, lo cual hace que "la gente viva hoy más tiempo con la enfermedad que hace 30 años", señala Bravo.

No obstante, hay muchos desafíos pendientes. Con el Plan Nacional de Cáncer, el Ministerio de Protección Social está enfocando sus esfuerzos en prevenir cuatro factores de riesgo: el tabaco, el alcohol, la obesidad y el sedentarismo, con lo cual espera reducir en 30 por ciento las muertes por cáncer.

Pero no es suficiente. Es necesario refinar más el sistema de diagnóstico para que se haga oportunamente, y procurar que la atención sea integral y continua. Esto es crucial sobre todo en el cáncer infantil, pues la interrupción del tratamiento afecta el resultado.

Casi todos los tipos de cáncer se pueden curar si se detectan a tiempo. Murillo lo tiene claro cuando dice que "en los países desarrollados la mortalidad se ha reducido gracias más a la detección temprana que a nuevos tratamientos".
 

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