Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 6/16/1997 12:00:00 AM

EL DERECHO DE MORIR

Sin saber a qué horas el país entró la semana pasada en un debate de talla mundial: el de la eutanasia.

De un momento a otro, la semana anterior, los noticieros y los periódicos nacionales comenzaron a hablar de eutanasia. "La eutanasia podría ser despenalizada en el país" fue el titular con el cual el diario El Tiempo registró la noticia de que este delicado tema estaba en estudio en la Corte Constitucional. Luego una encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría -contratada por El Espectador, el noticiero CM& y Radionet- mostró que en el país las opiniones están divididas. A la pregunta "¿Está usted de acuerdo con terminar la vida de una persona que no tiene ninguna esperanza de recuperación?" 53 por ciento de los interrogados respondió afirmativamente mientras que 43 por ciento manifestó no estar de acuerdo.
Lo que sorprendió a muchos es que en Colombia se comenzara a hablar repentinamente de un tema que en los últimos años se ha debatido en diversos países en una polémica inagotable, mientras que aquí apenas se ha mencionado en foros especializados o en esporádicas columnas de prensa. El antecedente más reciente había sido el registro en la emisora La FM del caso del médico colombiano Ernesto Pinzón, quien enfrenta en Estados Unidos un proceso por homicidio en tercer grado por haber ayudado a morir a un paciente que así se lo solicitó. O las esporádicas informaciones sobre el famoso doctor Jack Kevorkian -conocido como 'Doctor Muerte'-, quien en los últimos siete años ha ayudado a morir a medio centenar de enfermos terminales en ese mismo país.
Pero la noticia que apareció en los periódicos no tenía nada que ver con esos casos. "La Corte no se ocupa de los temas cuando lo cree oportuno sino cuando se los plantean", dijo el magistrado Carlos Gaviria Díaz, quien tiene en sus manos el pronunciamiento sobre la despenalización de la eutanasia en Colombia. El tema llegó a la Corte Constitucional luego de una demanda interpuesta por el ciudadano José Eurípides Parra, quien pone en entredicho la constitucionalidad de una norma del Código Penal. Dicha norma -incluida en el artículo 326- señala que "quien matare a otro por piedad, para poner fin a intensos sufrimientos, provenientes de lesión corporal o enfermedad grave o incurable, se le dará prisión de seis meses a tres años". Según el demandante, otorgar una pena inferior a quien cometa un homicidio por piedad no sólo desconoce el principio de igualdad ante la ley sino que consolida una autorización legal para matar. "Según el código -dice el magistrado Gaviria-, quien dé muerte a otra persona por esas razones altruistas es sometido a una pena benigna, o al menos mucho más atenuada que la del homicidio común, por tanto el demandante pide que se excluya ese artículo del Código Penal. Lo que significa que la Corte deberá analizar la constitucionalidad de la norma".
Así que no se trata, como muchos colombianos creen, de una posible despenalización de la eutanasia en Colombia, sino de la revisión de la pena. En cuanto al pronunciamiento de la Corte las probabilidades son: que la norma sea declarada constitucional y entonces quede como está: seis meses a tres años de cárcel a quien practique el llamado homicidio piadoso. O que la norma sea declarada inconstitucional y entonces deba ser excluida del Código Penal, lo que significa que este tipo de acto, por altruista que sea, ya no tendrá ningún atenuante y será juzgado como homicidio. Y existe una tercera posibilidad: que la Corte proponga una solución distinta y con ese pronunciamiento se inicie en Colombia el proceso de discusión sobre la legalización de la eutanasia.
Según varios expertos consultados, Colombia está todavía en pañales en cuanto al debate sobre la aprobación de la eutanasia. Este es un tema álgido que involucra no sólo aspectos legales sino médicos, religiosos y éticos. Por eso, en los países donde se ha discutido, luego de décadas de análisis y agudos debates se ha llegado siempre a una posición moderada: en casos muy específicos y bajo determinadas circunstancias los médicos pueden suspender tratamientos pero nunca causar intencionalmente la muerte. Y si el doctor Kevorkian ha salido bien librado en los juicios que se le han seguido en Estados Unidos, donde la eutanasia está prohibida, es porque no actúa directamente, aplicando un medicamento o una inyección a sus pacientes, sino que les facilita el medio para que terminen con su vida: su famosa 'máquina del suicidio'.

El buen morir
Lo que sucede es que en esto del buen morir hay varios grados de intervención, los cuales van desde no hacer nada para prolongar la vida hasta hacer algo para acelerar la muerte. Y es por eso que existe la llamada eutanasia pasiva y la eutanasia activa. "El término significa 'muerte buena' -dice el doctor Miguel Trías, miembro del consejo directivo de la Fundación Pro-Derecho a Morir Dignamente-, lo que sucede es que los nazis la utilizaron en una forma inmoral e inaceptable y eso le ha dado una mala connotación. Aunque se trata sin duda de un tema polémico, me parece importante, inteligente y valeroso que la Corte haya asumido su estudio".
Detrás de todo el debate está el deseo por tener una 'muerte digna'. En caso de una enfermedad terminal el paciente le teme más al sufrimiento que al hecho de morir. Pero, de otra parte, en muchos de los casos el paciente no tiene las facultades para tomar una decisión. Para evitar este dilema en Colombia -como en muchos países- existe desde 1979 la Fundación Pro-Derecho a Morir Dignamente, que permite a las personas expresar su voluntad en un documento -dirigido a los familiares, médicos e instituciones- para que en caso de que "no haya esperanza razonable de recuperación no se utilicen medicamentos o medidas extremas que tengan por objeto prolongar sin razón o inútilmente mi vida o mantenerla por medios artificiales". En Colombia, hasta el momento, cerca de 10.000 personas han firmado esta autorización, dice la directora de la Fundación, Beatriz Kopp de Gómez.
Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho. Este documento, aunque se fundamente en el Código de Etica Médica (Ley 23 de 1981) tiene más validez moral que legal. Por eso desde hace años la Fundación viene luchando para que sea aprobado en el Congreso de la República, de tal manera que la persona pueda tener la seguridad de que su deseo es respetado y los médicos que le asisten -y que según la ley de ética médica no están obligados a recurrir a la tecnología para mantener la vida- tengan una protección legal para no ser demandados, según la directora de la Fundación. "De lo que se trata -dice el doctor Miguel Trías- es de evitar todos esos excesos terapéuticos o abusos que no tienen sentido y que amargan mucho esos últimos momentos. De omitir hacer cosas que son invasivas, inadecuadas, inoportunas y además costosas".
Y esta es una actitud que incluso la Iglesia cuestiona. En su libro Un Alto en el Camino, que recopila los escritos del padre Alfonso Llano en El Tiempo, el prelado escribe una columna titulada '¡Doctor, déjeme morir!', en la cual señala: "Es falso y contrario a la ética y a la ley, el principio, según el cual, el médico y el hospital deben hacer todo lo posible por mantener en vida al paciente, aun contra su voluntad".

Eutanasia pasiva ¿o activa?
En este sentido el derecho a morir con dignidad es una eutanasia pasiva. Pero no siempre el hecho de ser 'desconectado', como se dice popularmente, significa ejercer el derecho de morir en paz. El caso más famoso en la historia es el de Karen Quinlan. Después de una batalla legal de tres años sus padres obtuvieron la autorización para retirarle la ayuda artificial y, sin embargo, la joven duró en estado vegetativo por espacio de 10 años. En Colombia, se recuerda el caso del músico Jimmy Salcedo que permaneció tres años con vida artificial. Este tipo de dramas son más frecuentes de lo que se piensa. Muchos de esos pacientes a quienes se les ha diagnosticado 'muerte cerebral' son dados de alta en los hospitales y entregados a sus familiares sin ninguna esperanza, ni de vida ni de muerte, y sin que puedan hacer por sus seres queridos nada más que cuidarlos.
Esa terrible posibilidad es la que ha generado el debate sobre la aprobación de la eutanasia activa. Hasta el momento Holanda es el único país que ha regulado la eutanasia y en Estados Unidos se ha legalizado sólo en un estado, Oregón, donde la ley establece múltiples requisitos para practicarla: aunque autoriza a los médicos a prescribir pastillas letales a los enfermos terminales que lo soliciten y los protege de cualquier consecuencia legal, también estipula que el médico no debe jugar un papel activo. Es decir, debe limitarse a comprobar que se cumplan las condiciones exigidas y a recetar las pastillas pero no puede poner inyecciones letales ni colaborar con ninguno de los sistemas de eutanasia activa. Por otro lado, el paciente que pide ayuda para acabar con su vida tiene que hacerlo de palabra y por escrito ante dos testigos. El diagnóstico de su enfermedad debe ser establecido por dos médicos diferentes. Debe comprobarse que no sufre ningún desequilibrio mental o depresión. Y el paciente debe conocer por parte de su médico las diferentes alternativas para su enfermedad, incluida la hospitalización o el aumento de la dosis de calmantes.
Mientras el mundo discute la aprobación de la eutanasia ha surgido también el interés hacia los llamados cuidados paliativos -como es el caso de la Fundación Omega, que dirige la sicóloga Isa Fonnegra de Jaramillo-, orientados a mejorar las condiciones de vida de quienes se enfrentan a la muerte. Este tipo de entidades abogan por los derechos de los pacientes terminales, y uno de ellos es el de poder morir tranquilamente, ojalá en sus casas y rodeados de sus seres queridos. Porque detrás de todo el debate sobre la eutanasia lo que subsiste es el terror que siente el hombre, no a morir sino a la muerte deshumanizada.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1851

PORTADA

El doloroso asesinato de 81 líderes (este año)

José Jair Cortés es el más reciente de casi un centenar de líderes asesinados este año sin que el Estado pudiera evitarlo.¿Cómo parar este desangre?