Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1987/01/19 00:00

EL DESAMOR

SEMANA le dice cómo y cuándo se acaba una relación de pareja. Usted pone el porqué.

EL DESAMOR

¿Cuáles son las primeras señales de que existen problemas en una relación de pareja? ¿Cuándo es posible una reconciliación, o cuándo el proceso de "desparejamiento" ha ido demasiado lejos? ¿Por que la pareja comienza por ocultarse mutuamente la primera información esencial acerca de que la relación ha entrado en crisis? ¿Por qué un miembro de esa pareja está mejor preparado que el otro para asumir las consecuencias de la ruptura? ¿Cómo, y por qué, una persona descontenta obliga muchas veces a su pareja a iniciar la separación? ¿Y por qué es que tantas personas jamás son capaces de separarse sicológicamente de sus parejas?

PATRONES DEL DESAMOR
Hay que comenzar por afirmar que en una relación de pareja, una de las dos personas puede comenzar a alejarse, muchas veces de manera irreversible, sin que la otra ni siquiera se dé cuenta. Y la primera gran "chiva" que el siguiente artículo pretende resaltar al respecto, es que a pesar de que las experiencias personales son infinitas, al igual que sus causas, toda ruptura amorosa tiene una especie de "ritmo social", que es semejante en millones de casos alrededor del mundo, y que consiste en una transición gradual: mucho antes de que dos personas lleguen a separarse físicamente, se han separado socialmente, desarrollando amistades, experiencias y futuros independientes. Y en este proceso, las parejas reaccionan a su cambiante relación en formas que alteran las definiciones que tienen sobre sí mismas y las que tienen los demás sobre ellas.
Las transiciones que conducen a las personas fuera de una relación amorosa tienen ciertas características comunes. Sicológicamente, el "desparejamiento" ocurre de una manera uniforme -casi ceñido a un patrón. En el proceso de acabar con una relación amorosa, dos personas no solamente deben desligar sus pertenencias, sino también sus identidades. Al contrario de lo que sucede cuando dos personas se unen en pareja, en el "desparejamiento" deben redefinirse a sí mismas, tanto ante sus propios ojos como ante los ojos de los demás, como entidades separadas, nuevamente. Salirse de una relación amorosa implica una redefinición de uno mismo a varios niveles: como individuo, frente a su pareja, y frente al contexto social en el que dicha relación de pareja venía funcionando. A medida que estos cambios de definiciones se vuelven públicos, primero entre los miembros de la pareja, luego ante familiares y amigos, y finalmente ante conocidos y extraños, la respuesta de los demás confirma la existencia de esos caminos separados que los miembros de esa pareja han comenzado a recorrer.
El "desparejamiento" se habrá consumado cuando las personas se hayan definido a sí mismas y hayan sido definidas por los demás en forma independiente y separada, o sea, cuando la relación de pareja ya no sea la principal fuente de identidad de sus miembros.

LA TRANSICION
El "desparejamiento" es un proceso basado fundamentalmente en la transición de dos personas: una comienza antes que la otra. En la mayor parte de los casos, una persona desea romper su relación de pareja mientras su compañero desea que esa relación continúe. Y a pesar de que ambos deben pasar por las mismas etapas que conducen a la ruptura, la transición comienza y termina en diferentes momentos para cada uno de los miembros de esa pareja. Muchas veces, para el momento en que la persona que desea continuar su relación amorosa descubre que esta se encuentra atravesando por una grave crisis, su pareja ya se ha alejado, en muchos aspectos. El rechazado se embarca entonces en una transición que la otra persona ya había comenzado hacía tiempo.
Estas dos transiciones que conducen a la ruptura de una relación son, pues las que producen primero la infelicidad o insatisfacción de una de las partes de esa pareja, que de ahora en adelante se llamará el "iniciante", y la que se genera posteriormente en la otra persona, que llamaremos la "pareja", cuando el proceso de "desparejamiento" llega a su conclusión.
Que estas transiciones tienen semejanza en millones de casos de rupturas amorosas alrededor del mundo es la tesis principal de un libro que es en la actualidad un best-seller en los EE.UU., cuyo título es, precisamente, "El desparejamiento": "La sicología es factible -dice su autora, Diane Vaughan- precisamente porque el comportamiento humano está guiado por patrones. Los estudiantes en un salón de clase tienden a sentarse en el mismo sitio cada día, los asistentes a conciertos tienden a aplaudir simultáneamente y en intervalos apropiados, los pasajeros de un ascensor, casi invariablemente, miran al frente..." y aunque el sendero de cada vida individual es único e impredecible, toda ruptura de una relación de pareja recorre invariablemente todas o casi todas las etapas que SEMANA describirá a continuación para sus lectores.

EL SECRETO
Todas las personas esconden secretos, aun en sus relaciones íntimas. Las parejas jamás son absolutamente sinceras acerca de sus antiguos amores, sus sentimientos verdaderos sobre el sexo, amigos, parientes, finanzas, aspiraciones personales, preocupaciones laborales, salud, amor, o, en general, sobre la propia vida. Y puede suceder que precisamente mantener esos secretos sea lo que hace factible el sostenimiento de esas relaciones de pareja. Si dos personas que viven juntas conocieran todos los pensamientos de cada cual, sucumbirían en el tedio. Pero así como los secretos contribuyen en el mantenimiento de esas uniones, también contribuyen a su colapso.
El "desparejamiento" siempre comienza con un secreto. Una de las dos personas, o sea el "iniciante", comienza a sentirse incómodo en la relación. El mundo que la pareja ha construido en compañía, como que ya "no casa". A veces, este sentimiento aparece muy pronto. Antes del matrimonio, el día de la boda, durante la luna de miel...
Pero claro, la insatisfacción puede presentarse también después de muchos años de matrimonio, luego de un tiempo largo de feliz vida en común.

LOS PRIMEROS SIGNOS
En algún momento, la pareja insatisfecha intenta remediar la situación. Para aligerar su descontento particular, la persona desdichada inicia acciones como la de intentar comunicar a su pareja que algo va mal en la relación. Transmitir este mensaje es importante, ya que las negociaciones para rescatar la relación sólo pueden comenzar cuando ambas partes están de acuerdo con que existe un problema.
Pero muchas veces el "iniciante" no sabe exactamente en qué consiste este problema que lo tiene insatisfecho con su pareja, y por consiguiente, incapaz de articular sus verdaderos sentimientos, pensamientos y estados de ánimo, no confronta directamente a su pareja en la forma en que le permitiría a esta entender la naturaleza del problema. En cambio, el "iniciante" comienza a manifestar su descontento con indirectas y pistas, a través de actos o en palabras. Omite, por ejemplo, el beso de las buenas noches, o suelta frases que relacionan el problema de fondo con los problemas cotidianos que se viven en la relación: "¿Por qué tienes que reírte tan duro?" o "me gustaría que llegaras más temprano a la casa, para comer con los niños". Esto confunde a la pareja, que responde a estas quejas o actitudes en el mismo nivel en el que han sido planteadas: como pequeños problemas, y no como el grave problema que amenaza profundamente esa relación.

CAMBIO, CAMBIO
A veces el "iniciante", en su intento de comunicar su insatisfacción, trata de corregir las fallas cotidianas de su pareja, en la esperanza íntima de que logrará hacerla más atractiva, más interesante, y por consiguiente, mejor como pareja. Y a veces esos cambios se intentan sobre la apariencia del compañero: "¿Por qué no te adelgazas?" o "vístete mejor". O "cámbiate el peinado". Pero también pueden sugerirse cambios de comportamiento, de manera de vestir, de corte de pelo. O en hábitos como la bebida, o en los amigos, o en las técnicas sexuales...
Pero estos intentos de cambiar a la pareja, eliminando de ella las cosas que no gustan con la esperanza de mejorar la relación, no funcionan en la mayoría de los casos. El problema real, el de que el "iniciante" no está a gusto con su pareja, permanece oculto bajo el camuflaje de "pequeñas quejas" sobre la existencia cotidiana.
Entonces los "iniciantes" canalizan sus energías hacia una segunda dirección. Incapaces de cambiar a sus parejas, intentan cambiar la relación.
Algunos intentan este cambio añadiéndole un nuevo miembro a la relación, un bebé, o renegociando las reglas de la misma.
Pero, si a pesar de los esfuerzos del "iniciante" por cambiar su vida en pareja, el compañero no responde a ellos, la parte insatisfecha puede resolver hacer esos cambios de manera unilateral, sin el consentimiento de su pareja, y muchas veces incluso sin su conocimiento.
El "iniciante", entonces, puede invertir energía adicional en alguna actividad que ya venía desempeñando, o buscar un nuevo interés. En este proceso, la persona pretende autovalorarse o reafirmarse a sí misma a través de una fuente distinta a la de su relación de pareja. Es en este punto que muchas personas insatisfechas con sus relaciones resuelven matricularse nuevamente en la universidad o en cursos especiales, o salir más con amigos, bien para estrechar viejos vínculos o conseguir nuevos, o crear un estilo de vida que podría parecer frenético: correr permanentemente de un sitio a otro, con más compromisos de los que pueden atender, y siempre siendo esperados en un sitio diferente.
Otros pretenden realizarse en sus trabajos: buscando un nuevo empleo, para ganar la independencia que da un salario, o aumentando su jornada laboral.

EL ALEJAMIENTO
Pero nada de esto mejora la relación, pues ninguna de estas alternativas son compartidas con la pareja. A diferencia de una relación saludable, en la que ambas personas diversifican sus actividades pero manteniendo vínculos de interdependencia entre sus diferentes intereses, el "desparejamiento" se caracteriza por la búsqueda de alternativas por conductos que debilitan los vínculos, en lugar de estrecharlos. El "iniciante" comienza a crear un mundo social del que está excluida su pareja.
Tener otras relaciones amorosas por fuera de la principal es una alternativa frecuentemente buscada por las parejas insatisfechas, y en este punto muchos confunden la causa con el efecto. Ese "alguien más" que tiene la pareja, no es la causa de que las cosas comiencen a ir mal en la relación, sino la consecuencia de que las cosas estén yendo mal.
El "desparejamiento" es así de sencillo y simple en sus comienzos. En el proceso de buscar una autovaloración por fuera de la relación amorosa, la persona insatisfecha crea un pequeño territorio en el que empieza a construir una identidad independiente de la pareja. A medida que pasa el tiempo, el "iniciante" acentúa su visión negativa de la relación, en forma inversa a lo que sucede cuando dos personas se sienten atraídas.
Cuando uno se enamora, abstrae todo lo bueno del conocimiento inicial que logra sobre la otra persana. Se buscan las similitudes y las compatibilidades. Y a medida que la relación madura, el sentido que se tiene de la otra persona se ajusta a la realidad: junto con las características que se admiran de la pareja, también existen fallas y defectos. Pero cuando uno se desenamora, la percepción sobre la pareja cambia nuevamente, esta vez hacia las cualidades negativas. Se redefine a la pareja en términos de sus defectos. Se ven más las diferencias que las similitudes que se tienen con la otra persona, o se magnifican sus defectos o sus problemas. Juan José, ejecutivo, 33 años, separado luego de 7 años de matrimonio, recuerda: "Yo no estaba contento con ella. Nada estaba saliendo bien. Y entonces quedó embarazada. Yo siempre pensé que el embarazo de una mujer era la parte más bella de su vida, y cuando ella era más hermosa. Pero no entendía cómo mi esposa podía parecerme bonita. ¿Cómo puede ser hermosa una persona que engorda día a día?".
Y no sólo los "iniciantes" redefinen a sus parejas en términos negativos, sino que reconstruyen la historia de la relación, reordenando sus recuerdos en una cronología negativa de eventos. Los buenos tiempos se olvidan, o son neutralizados por el peso de los malos.

PUBLICANDO EL DESAMOR
A medida que el descontento del "iniciante" se intensifica, los signos se hacen más visibles. Ya no sólo se lo manifiestan a su pareja, sino a los demás. A través de una variedad de mecanismos, el "iniciante" transmite el mensaje de que no todo anda bien en esa relación. Y en ausencia de su pareja (y a veces hasta en su presencia) el "iniciante" públicamente manifiesta su descontento.
Uná vez exhibido su descontento, el "iniciante" comienza a disociarse públicamente de su pareja. Cuando dos personas se unen, comienzan a actuar en forma tal que públicamente los vincula juntos. Demuestran dicha conexión a través de gestos de atención y afecto. Pero cuando dos personas están en proceso de separarse, de romper su relación, la tendencia, en cambio, es a demostrar desatención y desafecto.

COMIENZO DEL FIN
¿Cómo es posible que cuando dos personas viven juntas, una de ellas pueda alejarse tanto sin que la otra lo note siquiera? Para comprenderlo, es bueno repasar el curso del descontento. En un comienzo, el "iniciante" mantiene en secreto su insatisfacción. Una parte fundamental del "desparejamiento" ocurre en el interior de una de las dos personas, pero a pesar de ello, continúa participando en la rutina de la vida que comparte con la otra persona. A medida que el descontento crece, el "iniciante" comienza a tratar de transmitírselo a su pareja. Pero ese descontento es todavía vago y por consiguiente difícil de comunicar.

LA CONFRONTACION
Pero estas barreras eventualmente se vienen abajo cuando se produce la confrontación directa entre la pareja, mediante la cual el "iniciante" revela finalmente sus secretos a todo color y dolorosamente detallados.
En esta etapa del "desparejamiento", el "iniciante" confronta directamente a la pareja, no sólo con sentimientos negativos, sino con el deseo de terminar la relación. Tomados juntos estos dos mensajes, son tan poderosos, que la pareja es forzada por primera vez a alterar el marco de referencia que tenía hasta ese momento de la relación. Pero el "iniciante" sólo confrontará de manera tan directa a la pareja cuando posea certeza absoluta sobre sus sentimientos, lo que no siempre ocurre en esta etapa del proceso.

EL "DESPAREJAMIENTO"
Y finalmente viene la separación. Es la clara seña de que los intentos de la pareja por reconciliarse han fracasado. Puede ocurrir como resultado de un acuerdo entre el "iniciante" y su pareja, pero en la mayor parte de los casos no resultando de la iniciativa del "iniciante". Para la pareja, la experiencia constituye un período de desorden emocional y social. La reacción emocional puede ir desde la depresión suicida a la euforia, mientras que las dimensiones sicológicas de toda separación -los sentimientos de lástima, furia, rechazo, miedo, culpa, soledad y ambiguedad- son bien conocidas, aunque su familiaridad no disminuye su importancia. Menos comprendidas son las dimensiones sociales que se entrelazan con las sicológicas.
Los patrones cotidianos de vida se han roto. Sin la otra persona, el punto cardinal alrededor del cual giraba la vida de la pareja, desaparece. El status económico, las amistades, los hábitos personales y la vida sexual, todos al tiempo, requieren una reorganización.
Y la pareja, ahora sola, repasa sus recuerdos, reviviendo conversaciones, discusiones, momentos críticos, buscando, entre la historia de la relación, explicaciones para su ruptura. Y comienza a redefinir el curso de la relación para adecuarlo a la presente situación, extractando dolorosamente de ella todo lo negativo. Lo bueno no se ha olvidado, pero el énfasis está cambiando. La pareja comienza a descubrir que la relación ha estado en crisis durante algún tiempo. Y no sólo sufre una pérdida de identidad, sino que además se tiene que conformar con la sensación de que se han "rajado" en el examen más díficil de un adulto: la habilidad de sacar adelante una relación.

LA NUEVA VIDA
El "desparejamiento" no ocurre en el mismo momento para cada participante. Ambas personas se alejan y realizan la misma transición, pero la comienzan y terminan en momentos diferentes. Los "iniciantes", como se ha visto, llevan la delantera. Pero a poco, y con la ayuda de parientes y amigos, e incentivada por el comportamiento del "iniciante", la pareja comienza a dejar atrás la relación. Superarla, sin embargo, no significa renunciar a esa parte de la vida que se ha compartido con la otra persona, sino llegar a alguna conclusión que permita aceptar el significado del cambio. Una vez se ha desarrollado esta etapa, el "desparejamiento" se incorpora a la vida de la persona y esta puede seguir adelante.
Cuando las dos personas de una relación amorosa se han "desparejado", adoptando un estilo de vida que confirma su identidad independiente, habrán quedado nuevamente en libertad de apreciar tanto las cualidades positivas como las negativas de la pareja y de la relación. Las definiciones negativas son esenciales para la transición, pero normalmente son temporales. Cuando las personas alcanzan una identidad propia, ya no tienen que continuar trabajando en la disociación de la pareja mediante el recurso de enfocar solamente los atributos negativos.
LAS HUELLAS
La interacción entre las parejas tiende a disminuir gradualmente. A medida que el tiempo pasa, las parejas se involucran más en sus existencias separadas, disminuyendo así la necesidad de interactuar entre sí. Pero muchas veces los nexos que alguna vez los unieron, se reflejan en similitudes de hábitos y estilos de vida que parecen persistir luego de la separación o el divorcio. Estas similitudes resultan debido a que la interacción de una relación amorosa es más que un simple factor físico. Las relaciones desarrollan un complemento intangible basado en gustos, opiniones, actitudes, valores e ideas que se intercambian y se aprenden. Se crea una cultura común. Mientras los aspectos físicos de esa relación pueden separarse, los intangibles no.
Emparejarse cambia a dos personas, de la misma forma que las cambia el "desparejamiento". Pero en la mayoría de los casos, las relaciones amorosas no terminan del todo. Cambian, pero no terminan. Cuanda ambas personas desarrollan su propia identidad, la antigua pareja puede sostener lazos de amistad o de confianza, buscándose frecuentemente en pos de consejo o de apoyo.
Desparejarse es correctamente percibido por aquellos que lo experimentan como una etapa caótica y desordenada. Ambas personas enfrentan una pérdida y, en consecuencia, cambian. Y confrontan el mismo dilema en ausencia de la otra persona, ¿quiér soy?
La búsqueda de la respuesta se caracteriza por patrones tan fuertes, que el "desparejamiento" puede definirse de acuerdo con sus propiedades rituales. Pero eso no significa que todos los patrones apareceran en todos los casos. Muchos pueden ocurrir, pero no necesariamente todos.
Y como puede suceder que el "desparejamiento" se consume, también puede ocurrir que todo este proceso conduzca a dos personas al intento de salvar la relación, y lo logren. Por lo demás, ¿no es la vida un constante "desparejamiento"? Todos corremos el riesgo de enamorarnos, divorciarnos, separarnos, perder a los seres queridos que mueren, o morir nosotros mismos. Constantemente estamos "desparejándonos" de organizaciones y de individuos. Dejamos atrás empleos, parientes, compañeros de trabajo, vecindades, hospitales, colegios y universidades, clubes, hijos y amigos. Y ellos nos dejan atrás. Y la vida continúa...

LOS DESAMORADOS
SEMANA quiso investigar con algunos colombianos que estuvieron casados alguna vez, cómo es la experiencia de un rompimiento sentimental y qué consecuencias deja en cada uno de los protagonistas.

ASENETH VELASQUEZ (Directora de galería de arte): Mientras el amor no subsista, no hay posibilidad de convivir, aunque haya hijos y responsabilidades. Cuando falta amor, no el de los poetas sino el constante, el diario, el del respeto y la asistencia mutuos, no hay nada que hacer. Lo que pasa es que es muy difícil aceptarlo, pero en el momento en que falla un pedacito, falla todo. El amor es algo completamente creado, que se inventaron en este siglo, porque antes la gente se reunía por otras razones; se casaba para llenar las necesidades externas, por eso tenían amantes o lo que fuera y no se separaban... pero como ahora la gente se va a vivir junta por amor...

DARIO ARIZMENDI (Director del periódico El Mundo): La lección del proceso de separación es la madurez que esas circunstancias tan intensas y complejas, le significan a uno humanamente. Fue un aporte, porque lejos de marcarme negativamente, me enamoró más de la vida y de sus posibilidades. Por condiciones culturales, sociales y familiares, buen número de matrimonios de mi generación hicieron crisis porque la pareja no tenía suficiente claridad sobre lo que la vida en común significa... pero vida no hay sino una...

JULIO NIETO BERNAL (Director del noticero de T.V. Promec): Para una carrera tan importante como el matrimonio, que es casi como una profesión, nadie estudia. Nadie estudia para casado, mientras se hacen cuatro u ocho años para ser abogado o médico. La primera vez uno no sabe por qué ni para qué se casa y lo deja todo a la ceguera o a esa sensación de enamoramiento que lo lleva y por eso no supo uno cómo preservar algo importante y bello que puede ser una relación para toda la vida. Pero no se trata de hacer un cursillo de esos de cristiandad, de dos semanas, sino algo que debe comenzar desde la casa, desde la pubertad, para ilustrar lo que es verdaderamente una unidad matrimonial, muy distinta a lo que uno vivió. Es curioso que en la separación se tienen mucho más cuidados los aspectos legales y económicos, que los sexuales y familiares: importa más cuánto rendimiento económico dejó la separación que lo que va a pasar luego con la familia, con una futura relación.

MARIA ELVIRA SAMPER (Directora del Noticiero de las 7): Nunca analicé las implicaciones que podía tener unir dos patrones familiares distintos que pueden formar como dos pirámides invertidas. Una relación no puede mantenerse cediendo uno de los dos terrenos, porque cuando el amor se acabó, eso es definitivo; cuando hay todavía amor, cualquier cosa se rescata. Yo busqué rescatarme a mí misma, que estaba ahogándome, tenía claustrofobia existencial. Para la pareja no se necesitan dos medias naranjas completas. Que cada uno tenga su mundo propio y que la casa sea ese tercer mundo en que los mundos se encuentran, pero no el mundo exclusivo de un miembro de la pareja, porque no puede haber uno que sea el apéndice, porque entonces la convivencia no se enriquece.

NAPOLEON FRANCO (Sicólogo investigador de mercados): Uno termina dándose cuenta al separarse que quienes lo hacen son hombres y mujeres encantadores que no padecen al divorciarse ninguna enfermedad de la que haya que hablar en voz baja. El divorcio es un hecho triste pero innegable y es tan difícil decir por qué se enamora la gente, como por qué se desenamora. El amor es una mezcla de necesidades, preferencias y sentimientos que van cambiando tanto y uno se casó pensando que era para toda la vida. Aprende, para la segunda vez, que las relaciones no son perennes y que hay que cuidarlas. Al comienzo se reúnen por circunstancias de trabajo o porque quieren tener hijos, pero casi nunca por razones intemporales. Por eso la relación no aguanta los cambios de la vida que son tan profundos que de repente se siente uno casado con alguien que no conoce.
JULIO CESAR LUNA (Director de T.V.): Establecer cuándo empieza el "desamor" es muy difícil, no se sabe porqué, ni dónde, ni qué causó ese sentimiento; cuando empieza a aparecer, las dos personas lo sienten, y finalmente el más valiente es el que plantea la situación, es el que pone las cartas sobre la mesa, pero generalmente uno de los dos queda más enganchado que el otro. En el lapso de tiempo en que el matrimonio se está acabando y no se ha aclarado una situación, cada uno está buscando su otra parte por otro lado, no necesariamente otra persona, sino su propia tranquilidad... La convivencia con otra persona es algo muy tenaz porque uno se vuelve parte de la otra persona, y cuando esa unión se acaba es como si le quitaran una pierna, es muy doloroso y difícil. Cada una de las uniones que he tenido ha sido diferente a la otra, cada una me ha aportado cosas muy bonitas y diferentes, y en cada una, uno mismo es diferente.

ALEJANDRO OBREGON (Artista): El matrimonio es como un reloj, es cuestión de tiempo, es algo donde no existe el desamor, porque un amor quita otro. Yo no he dejado de querer nunca porque uno quiere para siempre. El amor no se gasta ni se acaba, se suplanta pero no se elimina, yo voy en 5 matrimonios y cada uno me ha servido para conocerme más. Aunque es un poco violento decir eso, pienso que mi límite llega al número 7, porque yo he oído que en el mundo hay 7 mujeres por cada hombre... "La vida es clara, undívaga y abierta como el mar...", por lo tanto uno está en el mundo para ver qué le va a pasar y parar aceptar y recibir todo lo que le caiga.

DESAMOR A LA CRIOLLA
Aunque en Colombia el tema sobre la relación de la pareja y su ruptura ha comenzado a ser estudiado, fueron muchos los científicos sociales que al ser interrogados por SEMANA sobre el amor, el desamor y los conflictos en las rupturas, no sólo se extrañaron, sino que eludieron una respuesta concreta. Algunos abordaron el tema haciendo alusión a referencias literarias locales (Gabo, Isaacs o José Eustasio Rivera) y dando datos brutos sobre el número de uniones de hecho, de matrimonios y de separaciones, extraídos un poco al azar. Otros, haciendo gala de erudición, prefirieron citar a escritores universales como Ovidio, "El arte de amar"; a Andrea Capellanes, "Sobre el amor cortesano"; a Stendhal, "Del amor"; o a Kierkegaard, "El diario de un seductor", para terminar afirmando que el amor, como sentimiento universal, como esencia, no es encasillable en variedades nacionales y por si esto fuera poco, aseguran que el amor no es explicable sobre la base de la razón.
De los pocos que se atrevieron a lanzarse al ruedo y abordar el tema de frente está el sociólogo "de la vida cotidiana", como él mismo se denomina, Alonso Morgan, de la Universidad Nacional, quien dijo: "En Colombia, como característica distintiva de América Latina, junto con el predominio de la unión de hecho, se observa una persistencia de la vida tradicional: el desamor comprobado y la rutinización del sentimiento no se traduce en una cifra de separaciones que sea significativa".
De acuerdo con la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda, la situación de la pareja en Colombia es muy compleja por muchas variables: "En primer lugar, hay un país rural y otro urbano, las clases sociales son verdaderos guetos culturales muy diferentes entre sí; la relación de pareja de región a región es muy distinta; y la diferencia intergeneracional está muy marcada en las relaciones entre parejas de 50 a 60 años con las de 40 a 50 años y con las de hasta 30". Y dice que aunque ella no ha realizado un estudio específico sobre este terreno, lo que ha observado le permite afirmar que en este momento se da un cambio muy marcado en la estructura de pareja.
Sobre este tema existe un estudio qúe emprendieron las sociólogas Lucero Samudio, decana de Trabajo Social de la Universidad Externado de Colombia y Norma Rubiano, profesora investigadora de la misma universidad, "Estudio urbano de separaciones conyugales". Este trabajo comenzó en 1984 y concluyó el año pasado. Se encuestaron 22.111 hogares, donde respondieron 85 mil personas. De ahí se seleccionó una muestra de 5 mil doscientos separados, entre hombres y mujeres, que se clasificaron por regiones (cinco) y por estratos sociales (seis).
Aunque los datos definitivos de esta encuesta no han sido revelados, SEMANA conoció algunas de sus cónclusiones. En primer lugar, se comprobó el predominio de las uniones por vínculo católico. Las uniones libres son practicadas, en su mayoría, por separados, que ante las trabas religiosas y jurídicas no encuentran otra alternativa. La Costa es la región donde se presenta mayor número de separados, que sin embargo, establecen nuevas relaciones rápidamente. En el Válle, Antioquia y la zona cundiboyacense, las rupturas son menos frecuentes y los emparejamientos por segunda vez se dan en menor proporción. En estas regiones prevalece la relación de pareja en consideración a los hijos, mientras que en la Costa las parejas le dan mayor importancia a su relación y relegan por lo general a un segundo plano a los hijos, en el proceso de ruptúra. Y, mientras para las mujeres sus uniones perduran con mayor frecuencia en el recuerdo por años, los hombres olvidan con mayor facilidad muchas de sus relaciones de pareja.
Y si estas son algunas de las conclusiones de la investigación, el resultado final promete ser bastante significativo, para establecer a ciencia cierta patrones de nupcialidad y de ruptura que hasta cierto punto comprueban la universalización del amor y del desamor.

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