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| 8/7/2012 12:00:00 AM

El descubrimiento de un colombiano revoluciona el tratamiento del cáncer

El hallazgo de células madre en los tumores podría ser el primer paso para curar el cáncer. Semana.com habló con el médico colombiano que dirige la investigación, publicada en la prestigiosa revista Nature.

¿Por qué el cáncer vuelve a aparecer después de que ya fue tratado y aparentemente ha desaparecido? El investigador colombiano Luis Parada, del Centro Médico de la Universidad Texas en Dallas, cree que el problema radica en que las terapias no atacan al verdadero enemigo.

Por años se ha creído que los tumores son células enloquecidas que se dividen sin control y se propagan a otros órganos, pero la investigación de Parada acaba de derrumbar este paradigma. Según el bogotano, los tumores se forman de manera jerárquica a partir de unas pocas células madre, al igual que cualquier órgano sano. Sin embargo, en el caso del cáncer, estas células permanecen dormidas. Por eso, tratamientos como la quimioterapia y la radiación no las afectan.

Por primera vez los investigadores demostraron que estas células madre cancerosas existen en los tumores sólidos y son las principales responsables de que el tumor crezca y se propague.

El descubrimiento

Para llegar a semejante conclusión Parada y su equipo trabajaron con ratones que fueron modificados genéticamente para que desarrollaran glioblastoma multiforme, un tumor común maligno del cerebro, que hasta ahora es incurable.

Los pacientes diagnosticados con este tumor tienen en promedio un año de supervivencia pues es uno de los más resistentes a la terapia y tiene un alto porcentaje de recurrencia, aún después de la extirpación quirúrgica.

Parada y sus colegas inyectaron un marcador de color verde flourescente a una proteína que es característica de las células madres. Descubrieron que tras aplicar el tratamiento estándar, es decir, la terapia con el fármaco temozolomida, esta droga ataca a las células cancerosas que crecen más deprisa, pero no a esas otras que son las responsables de reconstruir los tumores y que aparecieron teñidas de verde.

Entonces los científicos le aplicaron a los roedores Aciclovir, un fármaco antiviral que se usa en el tratamiento de las infecciones producidas por el virus herpes humano y que también hace que las células madres se suiciden. Como resultado, el tumor dejó de crecer y comprobaron su teoría.

Bajo esta hipótesis, los oncólogos no tendrían que apuntar a reducir el tamaño del tumor en cierto porcentaje, sino que deberían centrar sus esfuerzos en desarrollar un medicamento que ataque la pequeña proporción de células, las células madre, que son las responsables de dirigir el desarrollo del tumor y no a la comunidad de células ordinarias.

El siguiente paso

El desafío ahora es comprobar que tan generalizables son estos resultados. "En mi opinión este tratamiento no va a ser aplicable solamente para el cáncer primario de cerebro, sino también para otros tipos de cáncer", dice Parada.

"Si esto se logra, habrá un cambio ejemplar en la forma como se evalúa la eficacia de la quimioterapia y la forma como los tratamientos van a ser desarrollados", agrega el biólogo molecular.

Sin embargo aún queda un largo camino por recorrer, pues hasta la propia comunidad científica ha opuesto resistencia a adoptar esta nueva forma de entender el cáncer.

De hecho, el artículo que documentaba los hallazgos de Parada fue sometido a los más estrictos estudios por jueces científicos anónimos desde enero de 2011 hasta el miércoles pasado. La revista Nature se atevió a publicar el trabajo año y medio después de que se presentó a su comité editorial, con lo que se mueven los cimientos de todo lo que se conoce sobre el cáncer.

Este es un paso gigantesco teniendo en cuenta que, según la Organización Mundial de la Salud, el cáncer es la primera causa de muerte en el mundo con unos ocho millones de fallecimientos al año.

"Cada nuevo descubrimiento nos ha costado sudor y sangre. Tan solo imagínese que el cerebro de un ratón es del tamaño de una alverja y el tumor es del tamaño de un alfiler y ese es solo el comienzo –cuenta Parada–. Pero este esfuerzo vale la pena cada vez que descubro algo por primera vez pero también, cuando veo con optimismo la posibilidad de salvar vidas en unos años".

¿Quién es el colombiano que dirige la investigación?

Luis Parada siempre ha sido curioso y rebelde. Cuando se graduó del Colegio San Carlos en Bogotá entró a estudiar Medicina Molecular en la Universidad de Winsconsin, en Estados Unidos, donde terminó su pregrado con honores.

"Es un campo donde todo estaba por saberse y además soy pésimo actor", bromea Parada cuando se le pregunta porque eligió su actual carrera y no continuó con otra de sus pasiones: el teatro.

"En la biología molecular podía usar toda la creatividad que tengo. Lo más difícil es irse por el camino propio como el Quijote", continúa.

Tras una brillante carrera que incluye un doctorado en biología en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y estudios posdoctorales en el Instituto Whitehead en Cambridge, Massachusetts, y en el Insitituto Pasteur en París, hoy este bogotano es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Ha dedicado varias décadas a la investigación del cerebro y la biología del cáncer. Actualmente es profesor y jefe del Departamento de Desarrollo Biológico del Southwestern Medical Center, de la Universidad de Texas en Dallas. Allí también hace investigaciones sobre depresión y autismo, desde la perspectiva de la biología molecular.

 

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