Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/11/14 00:00

El doctor sexo

Con su informe, Alfred Kinsey dividió la historia de la sexualidad humana. Medio siglo después una película vuelve a revivir la polémica sobre sus hallazgos.

Hablar de masturbación, sexo anal, homosexualismo, sadomasoquismo e infidelidad hoy no es nada del otro mundo. Pero sí lo era en 1948, cuando apareció el libro Sexual behavior of the human male, un estudio cuantitativo que describía con pelos y señales el comportamiento sexual de los hombres en Estados Unidos, fruto de la investigación de Alfred Kinsey. El libro generó gran controversia en la sociedad conservadora del momento, y ahora la polémica se ha revivido gracias a la película Kinsey: Let's talk about sex, interpretada por Liam Neeson y estrenada el viernes pasado en Los Ángeles y Nueva York.

Kinsey, biólogo graduado con honores de la Universidad de Harvard, se habría convertido en un reconocido taxónomo de no haber sido por una proposición que le hizo el rector de la Universidad de Indiana en 1932. Ese año la Asociación de Mujeres Estudiantes, entre cuyos miembros había casadas y otras en vísperas de contraer matrimonio, solicitó al alma máter un curso sobre sexualidad. El biólogo fue llamado a coordinarlo, pero al preparar su clase notó que no había datos sobre el tema. Para subsanar el vacío decidió recolectar él mismo la información. Con entrevistas de gran profundidad que realizaba cara a cara obtuvo el conocimiento que necesitaba para su cátedra, que al poco tiempo se convirtió en una de las más concurridas. En 1948, con 18.000 historias sexuales en sus archivos, publicó el primer tomo dedicado a la sexualidad masculina. En 1953 lanzó el segundo sobre la sexualidad en mujeres, el cual causó aún más estupor.

En una época en la cual el objetivo del sexo era la procreación y nadie se atrevía a ventilar ese tema en público, afirmar que 92 por ciento de los hombres y 62 por ciento de las mujeres se masturbaban, o que muchas parejas practicaban el sexo oral y había homosexuales y lesbianas, fue toda una bomba. Ambos tomos, conocidos como El informe Kinsey, se convirtieron en best sellers, y si bien algunos agradecieron el aporte de Kinsey, la gran mayoría lo consideraron inmoral y diabólico. El experto, que para entonces ya había fundado el Instituto Kinsey, fue acusado de pedófilo, tildado de bisexual y criticado por su metodología de investigación pues la muestra utilizada sólo incluía estudiantes de universidad de estrato medio y raza blanca. La aduana de su país lo demandó por traer libros y material de contenido sexual que fue calificado de obsceno. Kinsey murió un año antes de que la corte lo absolviera de toda culpa.

A la luz de hoy, cuando han pasado más de 50 años de sus polémicas publicaciones, hay consenso entre los expertos sobre el valor de su trabajo, el cual radica en abrir la puerta a una zona vetada para dar a conocer lo que todos sabían y nadie se atrevía a decir: que a las 'mujeres bien' también les gustaba el sexo y que éste no sólo se practicaba para procrear sino por placer. "Kinsey demostró que había variantes a la concepción tradicional de sexualidad", dice Alonso Aponte, jefe de urología y miembro de la unidad de sexología del Hospital San José.

Pero tan importante como eso fue el impulso que el biólogo le dio a la investigación. En 1966 los doctores William Masters y Virginia Johnson publicaron el libro Human sexual response, en el que identificaron y describieron cuatro fases en el ciclo de respuesta sexual: excitación, meseta, orgasmo y resolución, producto de 10 años de trabajo en el laboratorio. Luego en 1978 Shere Hite marcó otro hito al publicar su Hite report, una extensa investigación sobre sexualidad femenina del mismo corte de la de Kinsey. En 1994 Edward Laumann publicó The social organization of sexuality, hecho con todo el rigor científico y cuyos resultados actualizaron los datos de Kinsey.

Hoy, no obstante, muchos no tienen en cuenta estos reportes "porque las conductas han cambiado con el tiempo". Eso dice Leonardo Romero, miembro de la Sociedad Colombiana de Sexología. Además, nuevas investigaciones han aportado más conocimiento. Nuevos modelos, por ejemplo, han complementado las cuatro fases de respuesta sexual de Masters y Johnson y en otros casos han desvirtuado lo que ellos establecieron, como sucedió en 1983 con H. Virag y su trabajo pionero sobre impotencia sexual. Las investigaciones posteriores mostraron que la disfunción sexual no tenía un origen sicológico, como lo aseguraban Masters y Johnson, sino fisiológico. Esto implicó cambiar de estrategia pues "a punta de buenos consejos no se iban a abrir las arterias del pene", dice Aponte. Fue el comienzo de la era del Viagra.

Los trabajos cuantitativos sobre sexualidad como los de Kinsey hoy se complementan con estudios cualitativos pues se requiere no sólo describir situaciones sino explicar su origen para proponer acciones frente a problemáticas como el embarazo de adolescentes, la transmisión de enfermedades o el abuso sexual. Así se diseñó la campaña 'No te mueras por amor', que adelanta el Ministerio de Protección Social, y que busca acabar con el mito de no usar el condón cuando hay amor.

También se investiga para descubrir terapias que ayuden a solucionar problemas fisiológicos como la eyaculación precoz que, al contrario de lo que se pensaba, no sólo se debe a la poca pericia en la cama de algunos hombres sino a problemas en los transmisores que controlan esta respuesta. También se buscan terapias hormonales para mujeres con baja libido.

La más clara conclusión de todos estos años de trabajo es que la sexualidad humana es un asunto complejo. Además del aspecto biológico hay uno emocional que se expresa dependiendo del contexto social donde vive. Por eso lo que funciona para unos puede no funcionar para otros. En ciertas culturas indígenas las mujeres cambian de marido cada año y son las que proponen matrimonio. En otras, como en la Costa Atlántica, algunos hombres se inician sexualmente con "todo el zoológico". Hoy, gracias a Kinsey, en lo que más se ha avanzado es en aceptar todas esas variantes sin llamarlas perversión. "La única norma es que no hay normas", dice Romero, lo cual no significa que todo valga pues cuando una práctica de estas es exclusiva, compulsiva o provoca malestar emocional a la persona o a otros, se necesita pedir ayuda.

Pero lo importante es que si hoy alguien siente placer mirándose al espejo o estimulándose su propio cuerpo o practicando sexo oral con su pareja o con alguien de su mismo sexo con total libertad, es gracias en parte a esos dos tomos llenos de declaraciones que Kinsey recopiló y que develaron una realidad. Como dice el sexólogo Manuel Velandia, parece muy simple pero llegar a este punto ha sido un largo y difícil recorrido.

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