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| 8/26/2006 12:00:00 AM

El enano excéntrico

Plutón dejó de ser un planeta clásico y pasó a ser, con Ceres y Xena, un planeta enano. ¿Qué cambió en el sistema solar y por qué?

Alas 9:22 de la mañana del 24 de agosto, la Unión Astronómica Internacional (UAI) dio la esperada noticia: el sistema solar, tal y como se conocía, cambió. En adelante, en los colegios no se repetirá la retahíla de nueve planetas que empezaba con Mercurio y terminaba en el sonoro y concluyente Plutón. Los diccionarios, las enciclopedias y los libros de astronomía deberán reescribir el significado de la palabra planeta. Y los científicos añadirán al cosmos una nueva categoría de cuerpos celestes: los planetas enanos.

Según dijo en su histórico y escueto comunicado: "El sistema solar consiste de ocho planetas clásicos: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Y añadió: los primeros miembros de la categoría de 'planetas enanos' son Ceres, Plutón y 2003 UB313 (nombre temporal)". ¿Qué significan estos cambios y por qué un planeta tan conocido como Plutón de repente bajó de categoría?

Desde su descubrimiento en 1930, por el estadounidense Clyde Tombaugh, Plutón había sido el hijo problema de la familia solar. Su órbita resultaba muy inclinada y excéntrica, y era tan pequeño respecto de los otros planetas (sólo la Luna es más grande por 1.000 kilómetros de diámetro), que algunos astrónomos pensaron que se trataba de una luna perdida de Neptuno.

Hasta entonces muchos albergaban la duda de si Plutón debía ser considerado un planeta. Pero la controversia avivó cuando en 1992 se empezaron a observar cuerpos hasta de 1.000 kilómetros de diámetro más allá de Neptuno, en la región del sistema solar que se conoce como el cinturón de Kuiper. "Era sólo cuestión de tiempo para que encontraran un objeto más grande que Plutón", le dijo el astrónomo Germán Puerta a SEMANA.

En efecto, desde 2002, Michael Brown, del Instituto Tecnológico de California, empezó a divisar objetos muy similares a Plutón y a mediados de 2005 confirmó la existencia de UB313 (al que nombró provisionalemte como Xena), situado a más del doble de la distancia que separa al Sol de Plutón y con 3.000 kilómetros de diámetro, es decir, más grande que éste, que tiene apenas 2.250 kilómetros.

Hasta ese momento, se entendía que los planetas eran cuerpos masivos que no poseen brillo propio y reflejan la luz proveniente de su estrella. Pero esta definición resultaba muy precaria ante una oleada de descubrimientos de nuevos cuerpos que se avecinaba y que habrían tenido que ser clasificados como planetas. "Podrían ser 10, 20 o hasta 30 cuerpos y esto habría generado una confusión muy grande", afirma Puerta.

El debate se encendió y la UAI tuvo que conformar un comité con la exclusiva misión de precisar lo que era un planeta con respecto a criterios más acordes con la ciencia moderna. Tras dos años de investigación en las implicaciones astronómicas, históricas y culturales del problema y dos semanas de intenso debate en la asamblea general de la UAI en Praga, la comunidad científica llegó a una definición. Un planeta, concluyó, debe tener tres características. Primero, debe estar en órbita alrededor del Sol. Segundo, ha de tener suficiente masa para que su gravedad le dé una forma casi esférica (a diferencia de los asteroides, que tienen formas enlongadas o no esféricas). Y tercero, el vecindario alrededor de su órbita debe estar 'limpio'. En otras palabras, "debe ser el astro dominante en su órbita", asegura Benjamín Calvo, del Observatorio astronómico nacional.

Es justamente esta última característica la que excluye a Plutón de ser un planeta con todas las de la ley. Su luna más grande, Caronte, es casi tan grande como el mismo planeta, por lo que se considera como un planeta doble. Y al igual que Xena, Plutón se encuentra en una región conocida como el cinturón de Kuiper, un segundo anillo de asteroides en la parte exterior del sistema. Es decir que Plutón es todo menos 'astro dominante' de su vecindario.

Pero también permitió que Ceres, que era considerado un asteroide, ascendiera de categoría. Ceres ya había sido catalogado como planeta cuando fue descubierto en 1801 por Giovanni Piazzi, y así se mantuvo hasta 1860, cuando los astrónomos empezaron a detectar otros cuerpos similares entre Marte y Júpiter y se vieron obligados a bajarlo de rango.

Pese a ser un 'enano', Plutón seguirá siendo un cuerpo muy importante para la exploración espacial. Considerados como embriones de planetas (hace más de 4.000 millones de años), Plutón y los demás enanos de hielo que lo rodean son reliquias astronómicas que guardan los materiales con los que se formaron los otros planetas y el sistema solar. Justamente por eso, la Nasa lanzó el pasado 19 de enero la misión New Horizons (Nuevos Horizontes), que en 2015 entrará en contacto con Plutón y cuyo objetivo es observar de cerca los cuerpos del cinturón de Kuiper para entender los orígenes de la familia solar.

Sin duda, la exclusión de Plutón fue sorpresiva tanto para la comunidad científica como para el público general, que esperaba que el sistema, antes que perder un planeta, sumara otros tres. Pero tiene un sentido: en primer lugar, al explicar lo que es -y lo que no es- un planeta, la decisión llena un bache de siglos de una definición vaga e imprecisa. Pero sobre todo, es una decisión para el futuro. "Muchos más plutones esperan ser descubiertos", afirmó a la prensa Richard Binzel, un profesor del MIT de Massachussets que asistió a la votación, aludiendo a que la UAI confirmará la existencia de al menos una docena de estos cuerpos en los próximos años.

Y no hay que olvidar que, en el fondo, lo que cambia no es el sistema solar, sino la comprensión que el ser humano tiene de éste. Pues los planetas y siempre han estado y seguirán allí. Sólo que los ojos humanos hoy son capaces de verlos mejor.
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