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| 5/23/2009 12:00:00 AM

¿El eslabón perdido?

Más preguntas que respuestas deja el fósil que fue mostrado al público por primera vez la semana pasada en Nueva York.

Los científicos han estado buscando una especie común entre simios y humanos que vivió en la Tierra hace seis millones de años. La semana pasada, en un evento inusualmente mediático para este tipo de descubrimientos, se dio a conocer un fósil que data de hace 47.000 años y podría ser esa pieza faltante en el rompecabezas de la evolución del hombre.

Curiosamente, lo que más ha llamado la atención de la prensa no ha sido la ciencia, sino la pomposa fiesta inaugural de la exhibición del fósil, bautizado Darwinius masillae pero llamado Ida, en el Museo de Historia Natural de Nueva York. El evento fue programado para que coincidiera con la publicación de un trabajo sobre el hallazgo en la revista Public Library of Science One (PLoSONE), un libro titulado The Link y un documental con el mismo nombre del canal History sobre el estudio del espécimen. Incluso se creó una campaña de expectativa con el lema 'Esto cambiará todo' y se comparaba el hecho con la llegada del hombre a la luna. "Las bandas de pop están haciendo lo mismo", fue la explicación de Jorn Hurum, paleontólogo de la Universidad de Oslo al diario The New York Times por el despliegue de la noticia. "Los científicos deberían empezar a pensar de la misma manera", agregó.

A pesar de todo el bombo, los expertos aún no se convencen de que Ida sea el eslabón perdido. "Sí añade evidencia a la historia de la evolución, pero ese título es más para llamar la atención de los medios", dice Marcela Gómez-Pérez, doctora en paleontología de la Universidad de Cambridge. De hecho, hay otra polémica acerca de la identidad del ancestro común entre el chimpancé y el humano, al que también se le denomina el eslabón perdido. Como explica Gómez-Pérez, todos los huecos en el registro de fósiles son tecnicamente eslabones perdidos hasta que se encuentren. "Este (Ida) ayuda a llenar uno de esos espacios pero aún faltan muchos más", agrega. Además hay dudas sobre el estudio.

Se sabe que hace 50 millones de años había dos criaturas similares a los monos caminando sobre la tierra. Unas son conocidas como los tarsidae y son los antepasados del tarsio, un primate de ojos grandes que habita en Indonesia. Las otras son los adapidae, cuyos descendientes son los lemures. Ante la poca evidencia científica, el dilema había quedado sin resolver. Con el estudio de Ida, sin embargo, se establece que el ancestro común habría estado en los antepasados del lemur, la teoría que gozaba de menos popularidad entre los paleontólogos.

Los autores del estudio, Phillip Gingerich y Jorn Hurum, llegaron a esta conclusión porque Ida, que está perfectamente bien conservada, tiene características similares a la familia de los adapidae, excepto por dos muy significativas: no tiene una garra para acicalarse en su segundo dedo ni un sistema dental conocido como 'peine de dientes finos' (toothcomb en inglés) presente en los lemures. Los autores del trabajo, por lo tanto, sostienen que esta línea de adapidae dio origen a monos, simios y humanos, que tampoco comparten estos rasgos. "Es el primer eslabón de todos los humanos", dijo Hurum durante una rueda de prensa.

Sus colegas critican estas conclusiones porque consideran que sólo compararon entre 30 y 40 rasgos del nuevo fósil con los primates superiores, cuando lo acostumbrado es analizar entre 200 y 400 características e incluir otros fósiles en el estudio, lo cual no se hizo en este trabajo. "Han ignorado 15 años de literatura", dijo Christopher Beard, paleontologo del Museo de Historia Natural de Pittsburg a la revista Science. Beard ha publicado extensos estudios sobre otras especies más antiguas que vivieron hace 45 millones de años en China e India y que también podrían ser los antecesores de los antropodoides.

Además del espectáculo del lanzamiento, la historia ha cautivado porque parece sacada de una película de Indiana Jones. Ida fue encontrada en Alemania en 1986 en un sitio de excavación conocido como Messel Shale, cerca de Frankfurt, considerado patrimonio mundial por ser fuente de fósiles muy bien preservados del período eoceno. El espécimen fue dividido en dos partes y una de ellas quedó en poder de un coleccionista, mientras la otra fue vendida al museo de Wyoming. En 2006, en una feria de fósiles y minerales, Hurum se encontró con un coleccionista que le mostró la imagen del fósil que había mantenido en un cajón durante 25 años. El paleontólogo no pudo dormir durante noches hasta cuando logró cerrar el negocio en un bar, al calor de unos vodkas. Durante los últimos dos años, Hurum y Gingerich estudiaron el esqueleto en total secreto hasta que la noticia se filtró una semana antes del lanzamiento en el Wall Street Journal.

En lo único que parece haber consenso hasta ahora es en que el espécimen es muy importante porque "pertenece al eoceno, un período en el que sólo se encuentran unos cuantos huesos, pero no un fósil completo", dice Gómez-Pérez. Un animal como Ida, con un 95 por ciento de su cuerpo bien preservado, con parte de su piel y algunos tejidos blandos intactos, al que incluso se le puede ver en su estómago residuos de frutas y hojas, su última comida, es sin duda una joya que seguirá dando mucho de qué hablar.
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