Sábado, 29 de noviembre de 2014

| 2013/05/04 05:00

El estrés que genera el cáncer

Manejar la ansiedad durante el tratamiento no solo mejora su pronóstico sino que incrementa la calidad de vida del paciente.

Con técnicas de relajación, visualización y meditación los pacientes reducen el estrés y pueden asumir el tratamiento médico con menos dolor y náuseas y mayor optimismo. Foto: Panthermedia

Atacar o huir. Esa es la respuesta automática del estrés frente a los estímulos abrumadores que ponen en riesgo la vida. Cuando la amenaza es el cáncer el cuerpo prepara esa misma respuesta fisiológica ancestral, solo que en este caso el paciente no tiene control para atacarlo ni mucho menos para echar a correr. 

Por eso, es natural que cuando alguien se entera de que lo padece se asuste, se angustie y se estrese, y no solo por un día, sino indefinidamente. Algunos lo niegan, lo que puede ser el equivalente psicológico de huir, y otros se someten a un tratamiento, lo que equivale a atacarlo. Pero en esta lucha el paciente es un sujeto pasivo.

De este modo la respuesta del estrés no puede resolverse de un día para otro y fácilmente se convierte en una condición crónica o, “un susto sostenido con intensidades variables a lo largo de varios meses”, como dice Ariel Alarcón, psiquiatra y psicoanlista de la Clínica Marly, en Bogotá.

El experto, que ha trabajado por más de 15 años en el manejo del estrés, en especial con pacientes diagnosticados con algún tipo de tumor, escribió el manual Vencer el cáncer, en el que enseña cómo evitar que esa respuesta prolongada incida negativamente en el pronóstico de la enfermedad.

Aunque hay casos de pacientes que han logrado únicamente con técnicas psicoterapéuticas vencer este mal, Alarcón no pretende curarlo solo con una actitud positiva. Tampoco es la idea decirles a los pacientes que no sientan angustia ni se depriman. Su objetivo es disminuir el impacto psicológico de la enfermedad y permitir que el paciente mantenga una calidad de vida aceptable mientras recibe el tratamiento médico. 

Esto es importante porque, según la evidencia científica, las personas con actitud negativa, neurótica y con poca conciencia de lo que están pasando sufren más dolor, tienen más problemas afectivos, se adaptan menos al tratamiento y son más reticentes a acatar las recomendaciones médicas. 

Algunas de ellas ven el cáncer como una fuerza difícil de vencer, otras como un castigo y lo aceptan como si fuera parte de su destino, lo que les impide luchar por su vida. Todo lo anterior aumenta las complicaciones y les resta años de vida.

Lo contrario también es cierto. Los enfermos con herramientas mentales para aceptar la enfermedad como un reto superable son mejores pacientes y asumen este desafío como una experiencia aleccionadora. “En pocas palabras: sufren menos”, dice el autor. 

Muchos se preguntarán cómo no estresarse con un mal que, a pesar de los avances médicos, es potencialmente mortal. Alarcón asegura que gracias a su experiencia en la psicooncología, se puede disminuir ese impacto con técnicas de relajación, visualización y meditación cuyos resultados han sido probados clínicamente. 

“No se trata de desaparecer el estrés porque una vida de calidad sin angustias ni conflictos no existe”, dice. El objetivo de estas herramientas es ayudar al paciente a bajar esos niveles de ansiedad para que pueda resolverlos y enfrentarlos de la mejor manera. 

Para controlar el estrés hay que saber de él: conocer cómo se produce y cómo intervenir para revertir su efecto. Por ejemplo, se sabe que las técnicas de relajación favorecen el sueño, que se interrumpe por la ansiedad, sin necesidad de somníferos. Pero además de esto, ayudan a combatir síntomas físicos como el dolor y las náuseas que provoca el tratamiento, y mejoran el funcionamiento del sistema inmunológico.

La meditación, por su parte, incrementa la calma, el bienestar y el optimismo, una actitud crucial pues permite adaptarse a la situación, disminuir el sufrimiento y fomentar el autocuidado. Además, ayuda a despertar la espiritualidad, una dimensión humana que todos poseen, independientemente de su fe religiosa, un factor que parece ser clave en el pronóstico del cáncer. 

Alastair Cunningham es un biólogo molecular canadiense que luego de curarse de cáncer de colon avanzado creó en Toronto el centro Wellness, donde trabaja con un protocolo que incluye la dimensión espiritual. Cunningham cree que este fue crucial en su experiencia personal. 

La sanación espiritual, como la llama, consiste en la aceptación de un ser supremo, en practicar el perdón y en la reparación, y ha mostrado tener resultados positivos en quienes la siguen de manera comprometida. Algunos de estos pacientes, según los estudios del canadiense, logran vivir hasta 18 meses más de lo previsto, mejoran su calidad de vida y disminuyen su sufrimiento.

El proceso no sería completo sin incluir el concepto de calidad de vida, que según Alarcón es diferente para cada paciente. En el cáncer, tener en cuenta este aspecto es determinante porque muchos de los tratamientos para combatirlo tienen altos costos, no solo económicos, sino físicos y psicológicos.

“Un medicamento nuevo puede prolongar la vida a costa de estar hospitalizado, con muchos dolores y con soporte para funciones vitales”, explica Alarcón. En ese sentido, hay un aumento de unas semanas o meses sin que haya un aporte de vida de calidad. Alarcón señala que si se los pone a escoger, muchos de sus pacientes prefieren poderse comunicar y dar y recibir amor por unas horas o días, a permanecer semanas sufriendo en una cama sin poder pensar, decidir o hablar.

Desafortunadamente no todos reciben este tipo de intervención psicológica. Aunque la ley de cáncer, pendiente de ser reglamentada, prevé que los pacientes y sus familias tengan un manejo interdisciplinario, en muchos casos quienes los atienden no son los profesionales más idóneos. 

Según Alarcón, “últimamente han proliferado en Colombia centros de oncología donde se ven muchos pacientes en el menor tiempo posible y donde no hay mucho tiempo ni mentalidad para sentarse a discutir los pormenores emocionales o espirituales de los pacientes”.

El libro busca llenar ese vacío para que muchos puedan tener un manejo emocional de la enfermedad. No hay que olvidar que el primer reto que el enfermo y su familia deben sobrepasar es el miedo. Y si bien no se puede huir, sí es posible calmarse y mantener siempre una actitud combativa, proactiva y optimista. 

La personalidad C

El efecto del estrés en el cáncer es de doble vía. No solo tener cáncer lo produce sino que es frecuente la asociación entre los altos periodos de estrés y la aparición de los síntomas de esta enfermedad. 

Aunque esto no quiere decir que haya una relación de causa y efecto, es posible que un tumor que se desarrollaba lentamente, y que estaba controlado por el sistema inmunológico, avance más rápido tras sufrir altos y prolongados niveles de estrés. 

En experimentos con ratones de laboratorio se ha visto que aquellos sometidos a situaciones estresantes tienen más riesgo de desarrollar rapidamente tumores cancersosos. Este hallazgo no se puede extrapolar a los humanos, pero el psiquiatra Ariel Alarcón dice que ha observado muchas veces esta asociación.

También se sabe que aunque el cáncer se presenta por igual entre los diferentes tipos de personalidad, hay rasgos que se relacionan con su aparición. Se le llama personalidad C (por cáncer) y se caracteriza por la poca asertividad y expresión de los sentimientos negativos como la rabia, y la complacencia social. 

Aunque aún falta investigar más para confirmarlo, Alarcón señala que reprimir el disgusto y la rabia impactan en la aparición y el tratamiento del cáncer, pues no expresarlas genera altos niveles de estrés. Tampoco tienen buen pronóstico las personas sin espíritu de lucha que se sienten desvalidas ante esta enfermedad.

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