Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/9/1987 12:00:00 AM

EL ETERNO Mr. HOLMES

Cien años después de haber sido creado, el legendario detective sigue recibiendo cartas de sus fanáticos

Sherlock Holmes vive todavía. Se cumple en este mes un siglo desde que Sir Arthur Conan Doyle produjo la primera de lo que resultaría una serie de novelas protagonizadas por el célebre detective. Un siglo de gloria literaria, cinematográfica y teatral para un personaje que se ha convertido en un mito.

Un hombre dedicado exclusivamente a develar misterios y misterioso como el que más. Tal vez ni su incontrastable perspicacia podría explicar la vigencia de su fenómeno, que parece más vigente que nunca: en el mundo entero se organizan peregrinajes a Londres, los comercios de objetos holmesianos se multiplican, los clubes de admiradores proliferan, las obras completas se reeditan y las películas son programadas nuevamente. 1987 es el año Sherlock Holmes.

Se trata de una supervivencia recalcitrante, que no sólo ha tenido que enfrentar el paso del tiempo sino la animadversión de su propio autor. En efecto, paradójicamente Conan Doyle nunca amó el personaje a quien le dedicó cuatro novelas y cincuenta y seis cuentos. Apasionado por las novelas históricas, consideraba el policíaco como un género menor. Tal vez por ello en 1893 hizo morir a su héroe en "El último problema", arrojado a las cataratas suizas de Reichenbach por su archienemigo, el fatídico profesor Moriarty. Con ocasión de este episodio se reveló por primera vez el raro ascendiente de Holmes sobre sus fanáticos, pues ante la avalancha de cartas de protesta, y animado por una jugosa oferta de la revista Collier's, a su disgusto el escritor tuvo que plegarse a su personaje y resucitarle sacándole de nuevo del misterio. Como en pocos casos en la literatura mundial, Sherlock Holmes parecía adquirir vida propia e independiente de su autor a medida que sus aventuras se iban publicando. Tanto, que pronto su domicilio ficticio del 221b de Baker Street empezó a recibir un flujo de correspondencia que hoy, transcurrido un siglo, no cesa.

ELEMENTAL, MI QUERIDO WATSON
Hace ya un siglo que un hombre de 30 a 40 años, de nombre Sherlock Holmes, con la apariencia de un eterno estudiante, conoce a un médico militar, varios años mayor que él, con ocasión de que ambos aspiran a alquilar el mismo apartamento. Tras una charla en que pronto se reveló su diversidad de temperamentos, deciden tomar el inmueble, que pronto se haría célebre. El médico era una persona cabal, hombre valiente; generoso y tan emotivo como Holmes flemático. Una pareja ideal. Más tarde, no seria raro que sonara el timbre y entrara algún hijo de vecino buscando ayuda para encontrar a cierto pariente desaparecido. Siempre para la admiración estupefacta de su médico amigo, Sherlock recitaría el origen de su visitante, la época en que hubiera prestado su servicio militar, sus aficiones más recónditas, el nombre de su caballo o cualquier otro detalle indescifrable para las mentes normales, pero no para la suya, que no vacilaría en comentar, ante el asombro de su compañero, "elemental, mi querido Watson ".

Es el héroe de la observación y de la lógica. Conan Doyle asume así el fin de un siglo positivista, donde la ciencia parece revelarse como la posibilidad de resolver absolutamente todos los problemas. Y Sherlock Holmes, en efecto, resuelve todos aquellos crímenes que se le ponen enfrente. Pero Holmes está lejos de ser un robot. Le gusta el opio y la morfina, lo que no es tan extraño en la época que atraviesa, toca el violón y por lo menos dedica una hora diaria a la gastronomía antes de arriesgar la vida en una mansión espléndida o en cualquier arrabal sórdido.

Mucho se ha hablado de las tendencias afectivas de Sherlock Holmes, a partir de su relación con el amable doctor Watson y de su misoginia inconfesada. La coincidencia de épocas que haría que Holmes muy bien pudiera haber conocido a Dorian Gray le da un tinte aún más británico a su personalidad. Contra el iconoclasta e impúdico Oscar Wilde, Conan Doyle ofrece un pudor típicamente victoriano, pero sin duda muy británico.
La ambiguedad sensual de nuestro famoso detective no llega a tocar en lo más minimo su imagen de paradigma de la inteligencia y la aristocracia inglesas .

RETIRO EN LA CAMPIÑA
Pocos personajes de la literatura han adquirido vida propia en forma tan nítida como Sherlock Holmes.
Por eso, ocupar la dirección donde otrora se levantara la tradicional casa de ladrillos rojos del 221b de Baker Street no es fácil ni para una institución crediticia inglesa como el Abbey National, que se instaló allí desde los años veinte. Por mucho tiempo, la compañía hizo caso omiso de la abundante correspondencia que llegaba a la atención de Mr. Sherlock Holmes.
Pero por fin una administración sensible resolvió darle acogida a la amplitud del fenómeno y ofrecerle al etereo detective una colaboradora por cuenta de la casa. Por eso hoy en día, Sherlock Holmes tiene lo que nunca disfrutó en vida: una secretaria que se ocupa de contestar las tres mil cartas que Holmes recibe cada año de países tan distantes como Estados Unidos, Japón, Australia, Francia y de la misma Inglaterra. "Soy voluntaria para este trabajo", dice Sue Brown, la agraciada secretaria del misterioso personaje, quien se confiesa fiel lectora de las aventuras de su patrón .

Las cartas pueden tocar los tópicos más variados. Un corresponsal de Argentina le pregunta su opinión sobre Hercules Poirot. Otro, que escribe desde los Estados Unidos, inquiere sobre si conoce Miami Vice, preocupado por la violencia que exhiben hoy los policías. Kogoro Akechi, detective de Tokio, le dice: "fue resuelto muchos asuntos misteriosos, pero el que me ocupa hoy en día me tiene realmente confuso, así que yo quisiera que me ayudara...". Otras son simplemente de saludo, como para desearle feliz Navidad y próspero año, o de colaboración, como aquella que le da el dato de que en Kansas City se acaba de registrar un tal James Moriarty, ¿no podría ser que el fatídico profesor estuviera vivo y en trance de hacer otra de sus trastadas?
La secretaria responde a todos con atención, con una serie de respuestas corteses pero preescritas: que ha pasado buenas fiestas, que no posee más ejemplares de su monografía sobre el tabaco, que le es imposible mandaría una foto porque sería muy peligroso. etc. Para algunas demasiado comprometedoras, la respuesta será siempre la misma: "El señor Holmes vive retirado en la campiña y no puede responderle por el momento".

EL SANTUARIO
En Londres existe un bar, o pub, como se les llama por esos contornos, dedicado al culto a la memoria del rey de los detectives. Aparte de la tradicional decoración acogedora de ese tipo de negocios, Holmes es omnipresente. Aparece en la decoración de las ventanas, en los portavasos y en las sillas. Pero lo más impresionante es una de las esquinas del local, donde se ha reconstruido el recinto del 221b de Baker Street. Alli está todo: los muebles de estilo victoriano, las lupas sobre la chimenea, la tetera que debe esperar cuatro horas, el tabaco favorito, el violón, el pequeño laboratorio de química... Todo como para que el propio Holmes, representado en una figura de cera, se siente cómodamente a meditar sobre el último misterio puesto a su consideración por una muchacha de provincia.

Este es el recinto donde los expertos en el tema, con la realidad y la ficción jugando mano a mano, se reúnen para tratar con la mayor seriedad los temas más sentidos de su ciencia, con un humor muy british. Sobresale Richard Asher, insuperable en el tema de Sherlock Homes y el sexo débil, o Vernon Pennel, quien ha estudiado largo tiempo una cuestión de fondo: ¿era realmente el doctor Walson un buen médico?
Causa curiosidad observar que el tema de Sherlock Holmes no haya sido el motivo de producciones cinematográficas realmente importantes, ni que los grandes directores se haya hecho cargo de él, lo que tal vez pueda explicarse por la unidimensionalidad de su personalidad, dedicada en forma total a resolver enigmas imposibles.

Pero su presencia sigue tan viva que podría decirse que está más vigente que muchos de los personaje que hoy disfrutan de lo que el pobre Holmes nunca tuvo: existencia real. --
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.