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| 5/30/2015 10:00:00 PM

El fin de las vacaciones

El exceso de trabajo, la tecnología y los altos costos están acabando con los descansos de calidad. Antes eran una necesidad, ahora se convirtió en un lujo.

Llegó junio y con este mes vienen los planes de las vacaciones de mitad de año. La mayoría sabe la importancia de un tiempo de receso prolongado, desconectado y lejos, o al menos en un lugar diferente. Pero para muchos ese descanso necesario se ha ido deteriorando a tal punto que algunos analistas sugieren que las vacaciones, como se conocían, están acabándose. Y todo indica que es un fenómeno global. En Japón, el exceso de trabajo está haciendo que los empleados pasen hasta 13 horas en la oficina, al punto que en ese país hizo carrera la frase de ‘muerte por sobrecarga’. En Argentina, un estudio reciente mostró que en las grandes ciudades el 53 por ciento de la gente no logra hacer un solo viaje de placer al año, y el principal motivo es la falta de dinero. En España, país que tiene fama de darse el lujo de vacaciones extensas, se reporta que ese tiempo se ha reducido a una semana.

En Estados Unidos la situación no es mejor. La revista Time dedicó su portada más reciente a esta problemática que aqueja a millones de personas. Who Killed Summer Vacation?, se titula el artículo en el que se habla de una institución llamada vacaciones que era adorada por todos, pero que hoy en día dejó de ocupar ese lugar de privilegio. Colombia no es la excepción. Un estudio realizado en 2012 por Regus, firma especializada en temas laborales, reveló que aproximadamente el 30 por ciento de los trabajadores colombianos no descansa adecuadamente: uno de cada diez lleva trabajo en sus días libres y el 16 por ciento dedica más de tres horas diarias a asuntos laborales durante las vacaciones en familia.

Son muchas las razones de este fenómeno. Algunos expertos mencionan que el surgimiento de la economía de servicios, en la que no se requiere de gente especializada, está haciendo que los empleados cada vez quieran salir menos del trabajo por temor a no encontrar el puesto cuando regresen. Otros dicen que es una mezcla de miedo y dedicación, producto de las crisis económicas que han golpeado al mundo recientemente. Desde 2008, todos se sienten más vulnerables.
 
Steven Greenhouse, autor del libro The Big Squeeze que reflexiona sobre las tragedias del trabajador estadounidense, señala que el declive de los sindicatos laborales también ha incidido, y por supuesto los altos precios de los viajes, especialmente a mitad de año, fecha que coincide con la temporada alta de la industria turística, pues la mayoría de colegios tienen su receso más prolongado en esta época. Germán, un empleado de 50 años, a veces preferiría descansar en otra época, pues entre junio y julio los precios de los pasajes cuestan casi el doble. “Además hay mucha gente donde uno quiera que vaya”, dice.

Para las familias es difícil planear un receso porque no logran que coincidan los tiempos de descanso de todos sus miembros. Esto puede fomentar una práctica no muy recomendada que consiste en pedir vacaciones para quedarse en su casa haciendo otro tipo de trabajo, lo cual riñe con la idea de descanso que promueven los organismos de salud.

Los empleados también reportan que sus jefes no les dan permiso porque lideran proyectos que no pueden descuidar ni interrumpir. Al final del año muchos de ellos pierden la oportunidad de descansar, por políticas empresariales que señalan que aquellos que no usen su tiempo reglamentario de vacaciones lo pierden.

Así lo demostró una encuesta realizada por el proyecto Time Off de la Asociación de Viajes de Estados Unidos, que busca demostrar los beneficios del tiempo libre. El sondeo reveló que el 40 por ciento de los trabajadores siente que tiene demasiado trabajo para salir a vacaciones. Adicionalmente, el 20 por ciento señaló que no necesitaba los días de descanso porque amaba su trabajo. Otros prefirieron negociar con su empleador para que les pagaran sus vacaciones. Hubo algunos que pidieron sus días de descanso obligatorio de manera fragmentada durante el año. El problema, según los expertos, es que cinco o seis días de descanso pueden servir para cambiar de ambiente, pero no para descansar realmente. “Unas verdaderas vacaciones duran al menos dos semanas. Lo ideal es un mes”, afirma Judith Fein, columnista del portal web de la revista Psychology Today.

En unos países los trabajadores tienen más suerte que otros. Luxemburgo otorga 35 días de vacaciones remuneradas al año. Noruega ofrece 29 y Suiza, 28. Mientras que en Australia, Alemania, Italia, España o Francia, la clase trabajadora disfruta de al menos 20 días. En Colombia solo son 15 días pese a que el país tiene 48 horas laborales a la semana, uno de los promedios más altos de América Latina. Para los trabajadores independientes la situación es más complicada porque no trabajar significa no ganar.

Pero trabajar muchas horas no implica mayor productividad y va en contravía del bienestar de los empleados. Aún más, Luxemburgo, Noruega y Suiza lideran la Ocde, el llamado club de los ricos que reportan mayor PIB, la cifra que mide la productividad de una nación. “En la cultura latina estamos muy a la par con la de los gringos. Aquí estamos enseñados a que toca trabajar, trabajar y trabajar. Las empresas valoran el compromiso pero de una forma errada, porque eso no les asegura resultados”, afirma Gabriel Pineda, psicólogo clínico y asesor en gestión humana.

La cantidad de días de vacaciones se ha deteriorado a la par con la calidad. Quienes logran salir se enfrentan a otros obstáculos dentro de los cuales el más influyente es el uso permanente de aparatos tecnológicos. Un sondeo hecho recientemente por la agencia AP mostró que por lo menos un quinto de los turistas lleva su computador portátil a las vacaciones. Pero ese dato es irrelevante frente al hecho de que todos llevan consigo sus celulares inteligentes, una práctica con la que fácilmente caen en la tentación de revisar el correo electrónico. Como estos aparatos son una especie de minicomputadores, la posibilidad de que la persona siga conectada a los asuntos de la oficina es muy alta.

Pineda afirma que no desconectarse de las obligaciones en vacaciones daña el descanso y acostumbra al cerebro a la rutina de mantenerse siempre ocupado, lo cual es poco saludable. “El cerebro no se adapta fácilmente a la inactividad, pues es un órgano al que le encanta ahorrar energía y le gusta asegurar respuestas inmediatas”, dijo a SEMANA. Por eso, cuando hay una responsabilidad latente o una preocupación, no descansa y genera un hábito negativo.

Tomar tiempo para descansar del trabajo no solo es fundamental para fortalecer los lazos familiares sino para relajarse. Los expertos dicen que esto hace la diferencia entre un trabajador saludable y uno desgastado. Varios estudios demuestran que disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular y que tiene un poder restaurador sobre el organismo. Un buen descanso también incrementa la productividad.

Las empresas deben buscar maneras de que sus empleados salgan a vacaciones. Una de las estrategias que más funciona es la de ‘úselas o piérdalas’, que algunas han impuesto para incentivar este descanso. Algunas compañías digitales como Zynga, creadora de Farmville, y Netflix, el nuevo jugador de la televisión, ofrecen vacaciones ilimitadas a sus trabajadores tras un previo acuerdo con sus jefes. Otra compañía, FullContact, da a sus trabajadores un bono de 7.500 dólares anticipadamente que sirve para pagar cualquier paquete turístico, pero con la condición de que durante ese tiempo esté totalmente desconectado de la oficina, lejos de los correos electrónicos y los teléfonos.

Bart Lorang, CEO de FullContact, diseñó la política a raíz de una foto que se tomó con su pareja en las pirámides de Egipto, que cuelga en su despacho. Si bien ella posa sonriente, él está con la cabeza agachada totalmente inmerso en la actividad de su iPhone. Pineda asegura que una persona que no tiene vacaciones es igual a una que no duerme bien. Por eso dice que si las empresas y los empleados son más conscientes de la importancia de las vacaciones podrán ser más productivos. “Es un gana-gana para ambas partes porque habrá mayor productividad y, lo más importante, una calidad de vida superior”, concluye Pineda.
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