Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/02/14 00:00

EL GRAN FIASCO

Un estudio realizado en Estados Unidos sugiere que la mitad de los hombres mayores de 40 años puede sufrir problemas de impotencia.

EL GRAN FIASCO

ES EL PROBLEMA MAS TEMIDO POR LOS hombres y, por consiguiente, el más consultado. Ellos, que rara vez se hacen un chequeo médico, llegan destrozados al consultorio del urólogo al primer síntoma de impotencia. Y no es para menos.
Durante años toda su virilidad ha estado centrada en su potencia sexual. Pero no están solos. El más grande estudio realizado sobre impotencia, desde el informe Kinsey, señala que la mitad de los hombres mayores de 40 años la ha padecido.
Médicamente la impotencia es definida como un persistente problema para conseguir y mantener una erección lo suficientemente rígida para la relación sexual. " Usted da vuelta a la llave del encendido, pero no escucha el ruido del motor", dice gráficamente un paciente. En el estudio, realizado sobre una muestra de 1.700 hombres, el 51 por ciento afirmó haber vivido el caso en algún grado.
Según la frecuencia de fallas, los investigadores clasificaron la impotencia en mínima -el 25 por ciento de las veces-, moderada -el 50 por ciento -y completa -el 90 por ciento de las veces-.
La más frecuente, en un rango de edades de 40 a 70 años, fue la moderada.
Lo que esto significa es que en estos 30 años el hombre tiene problemas con sus erecciones la mitad de las veces. Asimismo se determinó que la prevalencia de la impotencia se triplica con la edad: de un 5 por ciento a los 40 años pasa a un 15 por ciento en los 70.
La creciente evidencia de que la pérdida de la potencia masculina es un claro fenómeno entre los hombres a medida que envejecen ha llevado a los científicos a calificarlo como un síndrome que puede ser diagnosticado y tratado. Sin embargo, su principal razón no es el paso del tiempo. Las causas son variadas e incluyen tanto factores orgánicos, que van desde la normal disminución de las hormonas o los problemas vasculares, como sicológicos: estrés o la inhibición ante una conquista inesperada. En muchos casos es el resultado del uso de ciertos medicamentos, o de hábitos como el fumar, el consumo de alcohol o excesivo ejercicio. "Modificar la dieta y el consumo de alcohol y dejar de fumar puede ayudar a controlar el problema", dice el autor del estudio, John B. McKinlay, director del Instituto de Investigaciones de New England.
El estudio determina que las enfermedades cardíacas, una alta presión arterial y su tratamiento son factores que cuentan para la impotencia. A menudo ésta puede ser incluso el preaviso de enfermedades cardiovasculares serias. Igualmente señala que los niveles bajos de lipoproteínas de alta densidad, la forma buena de colesterol, están significativámente relacionados con la impotencia. Pero los investigadores encontraron algo nuevo: fumar duplica el riesgo para aquellos tratados por estas condiciones. También revela que la depresión está fuertemente asociada con el aumento de las dificultades sexuales.
La salud física del hombre cuenta más de lo que se piensa. "Los factores orgánicos contribuyen en un 80 por ciento a la impotencia -explica el urólogo Sergio lffionilla Meléndez-. Enfermedades como la diabetes, la arterioesclerosis y la hipertensión pueden incentivar la pérdida de potencia sexual Pero, en general, la principal causa es el problema vascular que lleva a una pobre irrigación sanguínea del miembro. La razón típica es el estrechamiento de las arterias. Existen también diversos factores neurológicos que producen una baja respuesta sexual "-dice el especialista-. Además de las hormonas o los problemas vasculares, otros factores, como el alcoholismo, la drogadicción, el tabaquismo y ciertos medicamentos (especialmente aquellos para controlar la presión arterial) pueden apagar la líbido masculina yo afectar la potencia sexual.
Pero incluso hombres que tienen niveles normales de testosterona y no sufren ninguna enfermedad pueden experimentar un bajonazo de su sexualidad. "Esto quiere decir que en la impotencia hay un importante componente sicológico", dice el doctor Bonilla. Y así como las causas son múltiples también su manifestación varía. En el estudio, un número significativo de hombres afirmó que eran 80 por ciento impotentes con sus esposas pero solamente 20 por ciento con sus amantes otros confesaron que los problemas aparecieron después de que se separaron de sus esposas, cuando se enfrentaron a una nueva mujer. Muchos hombres creen que su impotencia se debe a que la prolongada monogamia ha terminado por apagar el deseo sexual y su primera reacción es conseguir una mujer mas joven, pensando que un nuevo amor es vigorizante. Pero en algunos casos el enfrentarse a una mujer desconocida, que permita hacer comparaciones o que sea joven y sensual puede inhibir al más veterano de los amantes "Y si un hombre se enfrenta a la misma situación con una nueva mujer, puede quedar anímicamente devastado -dice el especialista-. Los casos más serios se presentan cuando los factores físicos se suman a los sicológicos. Entonces se forma un círculo vicioso que es muy dificil de romper".
Los investigadores han observado que mientras en el hombre joven el estrés y las inhibiciones son la principal causa de impotencia, en los mayores de 55 años generalmente esta es derivada de un problema orgánico. Aunque el estudio -para el que se entrevistaron personalmente a 1.700 hombres, cuyas historias clínicas se analizaron- es el más extenso y completo que se haya hecho, el doctor Mitchell Harman, endocrinólogo del Instituto Nacional del Envejecimiento de Estados Unidos, calificó sus resultados de "ambiguos", señalando que, como los participantes fueron entrevistados solamente una vez, no determina qué tan a menudo la impotencia mejora o empeora, o si es permanente. Harman dice que con frecuencia este es un problema temporal, relacionado con factores como el estrés, pérdidas afectivas, enfermedad o accidentes que mejora con el tiempo en cerca de la mitad de los pacientes "El estudio no dice nada acerca de la reversibilidad", añade Harman.
Quizás una de las consecuencias más serias de la pérdida de la potencia sexual es la devastación emocional. Esta generalmente va mucho más allá de las cuatro paredes de la alcoba conyugal y afecta incluso el desempeño profesional. Por ello entre las cuestiones que necesitan ser respondidas en futuros estudios está un dilema similar al de la gallina y el huevo. Es decir, establecer qué se presenta primero: la depresión o la impotencia. Pero como dice el doctor McKinlay, mientras los urólogos tienden a responder que primero es la impotencia, los siquiatras señalan que es la depresión.

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