Martes, 16 de septiembre de 2014

| 1992/02/17 00:00

El hombre ¿como el oso...?

Ellos, aunque son más discretos, no son menos vanidosos que las mujeres. Los expertos señalan cuáles son sus debilidades en materia de belleza.

El hombre ¿como el oso...?

DESDE QUE LA VANIDAD DEJO DE ser un asunto femenino, la industria de la belleza encontró una mina. Los hombres, aunque son más dIscretos, no son menos vanidosos que las mujeres. En la intimidad están tanto o más pendientes que las mujeres sobre su figura y su apariencia. Ellos sienten el mismo pavor hacia las arrugas y la papada que ellas. Y si a ellas las desquicia la aparición de las canas y de la celulitis, el gran dolor de cabeza masculino son la calvicie y la barriga.
La gran diferencia es que mientras las mujeres intercambian a voz en cuello sus secretos de belleza y viven pidiendo a gritos fórmulas mágicas para contrarrestar el paso del tiempo, los hombres nuncan hablan públicamente del tema -ni entre sus congéneres ni menos aún con la contraparte-, pero lo cierto es que andan a la caza de todos aquellos trucos, recetas y novedades para cuidar la apariencia.
Y esta no es una teoría basada en la simple observación. El investigador Man E. Mishkind, de la Universidad de Yale en Estados Unidos, realizó recientemente un estudio para conocer la percepción del género masculino hacia su cuerpo. Luego de numerosas encuestas confidenciales, encontró que ellos sufren el mismo sentimiento de inconformidad que albergan las mujeres. Sin embargo, sus esfuerzos por verse atractivos les acarrea una alta dosis de ansiedad por temor a ser tachados de "amanerados" por andar pensando en frivolidades.
Tradicionalmente abandonados a su suerte en materia de belleza, no ha sido fácil para el género masculino, especialmente en los adultos, encarar el importante papel que la apariencia representa en la competitividad del mundo actual.
Para nadie es un secreto que visitan los salones de belleza, piden citas con las cosmetólogas y los estilistas, estas incursiones siguen siendo subrepticias. Diana Neira, asesora de imagen, explica: "Los hombres son en extremo vanidosos, pero todavía creen que serán juzgados desfavorablemente por tener estas inquietudes. Generalmente no son capaces de admitirlas por temor a parecer amanerados. Sin embargo son más juiciosos y disciplinados que las mujeres. Además aceptan las críticas mucho mejor que las mujeres, sin ponerse a la defensiva y le temen al cambio mucho menos que las mujeres ".
Al igual que las mujeres, el tema del peso es la prcocupación más sentida. Estar fuera de forma es una secreta agonía masculina. Y la barriga su punto más vulnerable.
La dietista Marta Rocío López asegura que el 50 por ciento de sus clientes son hombres, que se preocupan tanto por su figura como por los problemas de salud que genera el sobrepeso. "Para sentirse ágiles y perder barriga son mucho más juiciosos y disciplinados que las mujeres, tanto en la dieta como en el ejercicio".
Pero al contrario de las mujeres, a las que siempre les sobran kilos, en los hombres la carencia de estos es tan angustiosa como el exceso. Encuestas realizadas por Mishkind demuestran no sólo que en materia de figura los dos géneros comparten el mismo descontento, sino que mientras el 85 por ciento de las mujeres quieren perder peso, en los hombres el 45 por ciento cree que les sobran algunos kilos pero un 40 por ciento de ellos desea ganarlos.
El estudio demostró además que el 90 por ciento de los hombres desea cambiar algún aspecto de su apariencia y que son muy pocos aquellos que se consideran atractivos: tres de cada cuatro hombres sienten que su cuerpo está lejos de ser ideal.
Pero, ¿cuál es el ideal? Según sus respuestas, el hombre musculoso, de hombros anchos, brazos fuertes y cintura delgada. Lo que esto significa es que la visión del cuerpo masculino es tan tiránica como es para las mujeres el cuerpo esbelto. Y la obsesion puede alcanzar similares proporciones.
Hace un tiempo una encuesta de la revista norteamericana Psychology Today descubrió que la autoestima masculina está íntimamente ligada a un dorso musculoso. Tan importante resulta esto, que un individuo de bíceps insignificantes puede sufrir los mismos complejos y depresiones que una mujer con sobrepeso.
La razón de todos estos sentimientos está en los estereotipos. La imagen de masculinidad está íntimamente ligada a los músculos. Ellos son el símbolo de la agresividad, la competitividad y el poder. Según los especialistas, de la misma forma que las mujeres corren frenéticas detrás del ideal femenino impuesto por los medios de comunicación, los hombres han ingresado en una carrera similar. Y la cosa va tan en serio, que cada día más los hombres demasiado delgados y poco imponentes sufren problemas de ansiedad por su masculinidad. Hoy es más frecuente que nunca antes, observar en los adolescentes problemas de confianza en sí mismos por cuenta de su físico.
Mientras las mujeres conocen todos los recursos para verse bien y disimular los defectos, a ellos se les exige algo más complicado: que sean fuertes y atléticos. Hay quienes señalan que detrás del boom de los músculos hay una razón sociológica. Hace 50 años, la mayor prueba de masculinidad era llevar a la casa el sustento de la familia; pero hoy en día, cuando las mujeres obtienen cargos y salarios equivalentes, hay que buscar otras formas de reafirmar la masculinidad.
También en este punto radica la diferencia en cómo los dos sexos consideran su apariencia. Mientras ellas se preocupan acerca de cómo clasifican en la escala de la belleza, ellos parecen preocuparse mas por como funciona y qué puede hacer su cuerpo. "Los hombres consideran que su atractivo físico está íntimamente ligado a su potencia física", afirma el doctor Mishkind. A diferencia de las mujeres, para un hombre no es tan importante la belleza física. Un hombre puede estar en una reunión en donde hay rostros más atractivos que el suyo, sin que por ello se sienta inferior. Pero si está al lado de un hombre más fuerte y musculoso que él, esto puede hacerle cuestionar su masculinidad. Del mismo modo que una mujer, por delgada que sea, siempre cree que aún puede perder uno o dos kilos, son muy pocos los hombres que no quisieran ser 10 centímetros más altos.
Es por esa razón que para alcanzar el cuerpo ideal, las mujeres tienden a centrarse en las dietas mientras que los hombres se concentran en el ejercicio. Como generalmente las dietas implican más riesgos para la salud que el ejercicio, los esfuerzos y la obsesión femenina por adelgazar tienden a acaparar más la atención de los expertos. "Si un hombre hace gimnasia, levanta pesas y trota para mejorar su cuerpo, por poco que consiga está mejorando su salud. No le está haciendo daño a su cuerpo, como sucede con las mujeres que se matan de hambre para obtener el peso ideal", señala Mishkind. Sin embargo, si un hombre basa toda su autoestima en los bíceps, la obsesión por lucir como "Rambo" puede llevarlo a extremos poco saludables. Un estudio realizado entre estudiantes norteamericanos demostró que un 10 por ciento de los muchachos usa esteroides, hormonas sintéticas, que pueden alterar el tamaño de los músculos y aumentar la fuerza física, pero que afectan los riñones, el hígado, el corazón e incluso pueden llegar a causar esterilidad. Por otro lado, el uso de esteroides tiende a afectar el comportamiento -causa irritabilidad y depresión- y se ha visto que estos cambios violentos en el estado de ánimo ha sido la causa de varios suicidios entre adolescentes.
En materia de vanidad los hombres no le huyen al bisturí. Hay quienes aprovechan los avances de la cirujía estética para obtener músculos instantáneos por medio de implantes de silicona. Lo cierto es que hoy una tercera parte de la clientela de los cirujanos plásticos es masculina. Algunos especialistas afirman que, en cuanto a operaciones de los ojos -estirar los párpados y eliminar las bolsas- sus pacientes son 50 por ciento hombres. Otra operación frecuente es la eliminación de la barriga por medio del bisturí o la liposucción. La principal razón que lleva a los hombres a recurrir a la cirugía es la misma que la de las mujeres: sentirse a la altura de sus congéneres más jóvenes.
Aparte del peso, el otro punto flaco de la vanidad masculina es la calvicie. Diversas encuestas demuestran que este es uno dc los aspectos que más preocupa a los hombres después de los 30 años. La aparición de unas pronunciadas entradas los hace estremecer mucho más que a sus parejas la flacidez del busto. No sin razón, al fin de cuentas la primera salta a la vista mientras la segunda se puede soportar con disimulo. "Los hombres están dispuestos a someterse a cualquier clase de tratamiento para la calvicie, no importa la disciplina que éste exija, con tal de evitarla", dice un estilista consultado por SEMANA. En Colombia no existen cifras al respecto, pero sirve como ejemplo saber que los norteamericanos gastan anualmente más de dos mil millones de dólares en productos, drogas y tratamientos que prometen evitar la caída del cabello. Y otros 350 millones en toupés e implantes capilares.
También en el mundo de la cosmética, la industria ha encontrado un creciente mercado en el sexo fuerte. Actualmente existen varias líneas de cremas para el cuidado de la piel diseñadas exclusivamente para hombres. Y más que las arrugas les aterra la papada. Pero quizás la prueba fehaciente de la creciente vanidad masculina es la proliferación en los últimos años de salones de belleza exclusivamente para hombres: A la par que los tradicionalmente "femeninos", han visto aumentar progresivamente la clientela masculina en busca de tintes, mascarillas, hennas, manicures y asesoría sobre el corte de pelo.
La clientela va desde los 25 años en adelante. Y a mayor edad, mayores cuidados. Estilistas consultados por SEMANA coincidieron en afirmar que las incursiones al salón se inician por un buen corte de pelo, luego vienen los tratamientos y masajes capilares; después las mascarillas para la piel, el arreglo de pies y de manos, los masajes corporales y, por último, la henna o los tintes, en especial, en la barba. "Las canas les preocupan mucho y tratan de ocultarlas al máximo; sin enzbargo la mayoría no lo hacen por temor a que el uso de tintes sea muy evidente", señala un estilista de "Machos". Y agrega que hoy no es raro que un ejecutivo pase semanalmente medio día en la peluquería ya que, al igual que muchas mujeres, "lo toman como una manera de relajarse". En promedio, un cliente fiel de la peluquería gasta entre 20 y 30 mil pesos mensuales. Peluquería, lociones y ropa es en lo que los hombres más gastan.
Al parecer, la brecha que separa la vanidad femenina de la masculina se estrecha cada vez más. Comparada con los años 70, el deseo por lucir bien ha aumentado ostensiblemente. Las razones, según la revista Psychology Today, además del boom de la forma física, son el retraso de los matrimonios y las altas proporciones de divorcios. Algunos sociólogos no descartan que la igualdad de los sexos haya desempeñado un papel importante en el aumento de la vanidad masculina. Desde que hombres y mujeres compiten abiertamente en el campo laboral, muchas cosas han cambiado. Por ejemplo, la apariencia entró a formar parte de los requisitos indispensables para surgir en ese exigente mundo. Ya no basta ser, también hay que parecerlo.
Y si ellas pueden ser agresivas y audaces, ellos intentan demostrar que también pueden ser elegantes y bellos.-

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