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| 11/3/2003 12:00:00 AM

El de los hombres

El cáncer de próstata ha aumentado pero la mortalidad por esta causa es cada vez menor. Detectarlo a tiempo es crucial.

El admirado actor Robert de Niro admitió la semana pasada que padecía cáncer de próstata. Es un tumor incipiente, según ha dicho su representante, pero no por eso menos angustiante. Por este mismo camino han pasado personajes como el cantante Harry Belafonte, el senador de Massachusetts John Kerry, el político Bob Dole, el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani y el ex presidente de Francia François Mitterrand, quien falleció a causa de este mal en 1996.

El cáncer de próstata causa entre los hombres tanto temor como el de seno entre las mujeres. Según el urólogo Felipe Gómez, uno de cada seis varones entre 50 y 80 años padecerá de esta enfermedad y "el pico se localiza en los 67 años". Son personajes anónimos que también deberán recorrer el angustiante e incierto trecho de De Niro.

La incidencia de este cáncer está aumentando en el mundo y se cree que es debido a que la población está envejeciendo -y este es un cáncer relacionado directamente con la edad-. El incremento de los casos también tiene que ver con el hecho de que los hombres están consultando más a sus médicos sobre este tema. Además se cree que influyen factores ambientales y de estilo de vida aunque no existe una confirmación científica al respecto (ver recuadro).

Colombia no es una excepción a esta tendencia. El doctor Carlos Vargas, urólogo del Instituto Nacional de Cancerologia, dice que "hace 30 años este cáncer se encontraba en el puesto número 25 en incidencia y ahora ha escalado los primeros lugares". En efecto, el cáncer de próstata es el tercer tumor que más afecta a los hombres en Colombia, después del de piel y el de estómago. También es el tercero en mortalidad, luego del de estómago y colon.

El doctor Vargas es uno de los pocos que puede hablar del tema como médico y como paciente pues hace cuatro años se le diagnosticó esta enfermedad. Tenía 54 años y, como buen profesional, aplicaba en él lo que le recomendaba a sus pacientes. Con regularidad se practicaba la prueba del antígeno prostático específico, una de las herramientas más utilizadas para detectarlo. En febrero de 1999 este examen mostró que dichos niveles habían subido por encima de lo normal.

Como al año siguiente esa tendencia se mantuvo decidió hacerse una biopsia para indagar más. Este examen se conoce como ecografía prostática transrectal y le permite al médico ver la glándula para determinar si ha crecido y tomar muestras para confirmar un diagnóstico. "El resultado era cáncer y llegó cuando estaba en medio de la consulta, mientras atendía a mis pacientes", recuerda Vargas.

El siguiente paso fue hacer exámenes más extensos para descartar que el tumor hubiera afectado otras áreas del cuerpo. Por fortuna el cáncer estaba localizado. Ahora debía decidir cuál de las opciones de tratamiento era la que más le convenía. Optó por la prostatectomía radical, que consiste en la remoción de la glándula. "Esto no me ha acarreado ningún complique en la vida diaria, confiesa. Trabajo, me divierto, hago deporte y tengo una vida íntima sin problemas", dice. Ahora se chequea con más regularidad que antes y lo único que puede esperar es que ninguna de esas células de la próstata haya hecho metástasis en un ganglio o un hueso. Por eso su mejor aliado es el tiempo, y en la medida en que pasen más años sin tener novedades en este frente sabe que habrá ganado esa batalla y que las probabilidades de que muera de cualquier otra cosa son mucho más grandes.

Pese a que hay más cáncer de próstata hoy se observan más casos de personas que, como el doctor Vargas, sobreviven a esta experiencia. Esto se debe a que el diagnóstico se está haciendo en forma temprana. "Los hombres han perdido un poco el miedo a consultar y a hacerse los exámenes", afirma Luis Eduardo Cavelier, jefe de urología de la Clínica Marly. "Antes los hombres escondían el diagnóstico, se operaban a escondidas o no se enteraban de que estaban enfermos porque hablar de la próstata era muy incómodo para ellos", comenta.

Para muchos la aparición hace 20 años de la prueba del antígeno prostático específico o PSA (por sus siglas en inglés) ha marcado la gran diferencia. Se trata de un test para ver los niveles en la sangre de una proteína que produce la glándula. Los hombres con un crecimiento anormal de la próstata tienen más altos niveles de este antígeno que quienes se encuentran saludables. El nivel varía de acuerdo con la edad. Una lectura de PSA de más de 2,5 ng/ml en hombres entre 40 y 49 años debe ser una señal de alarma. Para pacientes mayores de 50 años un valor de PSA superior a 4 ng/ml es anormal.

Pero la cosa no se limita a hacerse una prueba de sangre porque "el antígeno no lo dice todo", enfatiza Cavelier. De hecho, algunas personas presentan un antígeno prostático normal y tienen cáncer, o viceversa. Esto sucede porque la prueba de PSA es un mal marcador tumoral. El examen sólo indica que hay problemas en la próstata pero no determina si el crecimiento se debe a un tumor o a otras patologías de esta zona del cuerpo.

Por eso el antígeno debe ir de la mano del tacto rectal, un examen mucho más fácil y menos doloroso de lo que la mayoría de hombres piensa. Si estos dos exámenes son positivos los médicos por lo general ordenan una biopsia. Si hay células cancerígenas éstas se miden según la escala de Gleason, que va de 1 a 10, en la que los valores más altos corresponden a un cáncer más agresivo y peligroso.

Aunque conocer el diagnóstico de cáncer es de por sí difícil para un paciente, lo es mucho más decidir cuál de las opciones de tratamiento puede ser la más indicada para él. "El problema es que no hay estudios clínicos definitivos para saber cuál es la mejor alternativa para determinado caso", afirma el doctor Gómez. El estándar de oro es la prostatectomía radical . Es la mejor indicación para pacientes a quienes se les detecta el cáncer a temprana edad. El conocimiento más profundo de la anatomía de esa zona ha logrado depurar la técnica para lograr preservar nervios y tejidos, lo cual se traduce en menos secuelas indeseables. Aun así los hombres deben enfrentar la posibilidad de dos terribles condiciones: 5 por ciento de los operados desarrolla incontinencia urinaria severa y 20 por ciento puede perder la capacidad de tener erecciones.

Esto se debe a que la próstata está localizada sobre una serie de vasos y nervios que llevan sangre a la vejiga y al pene y aún es muy difícil removerla sin causar ningún daño a estas estructuras. Después de la prostatectomía una eyaculación es imposible pero sí se pueden tener orgasmos.

La prostatectomía también se hace mediante cirugía laparoscópica, que consiste en operar a través de dos pequeñas incisiones y la ayuda de una cámara. Si bien evita la pérdida de sangre y tiene una recuperación más pronta, los resultados aún no son tan buenos como con la anterior. "Es una técnica muy joven y se requiere terminar la curva de aprendizaje para recomendarla", dice el doctor Gómez.

La otra alternativa es la radioterapia, la cual puede ser externa o interna. La interna se conoce como braquiterapia y consiste en implantar pequeñas semillas de isótopos radiactivos en la próstata. La externa es irradiar con un rayo de luz la zona afectada. La radiación es la opción que se ofrece para hombres de edad avanzada, quienes pueden aceptar el riesgo de que el tumor reaparezca en 15 años. Esta alternativa no genera incontinencia pero sí un riesgo similar de disfunción eréctil al de la cirugía.

A ciertas personas de edad avanzada -entre 75 y 80 años- no se les recomienda tratamiento y se les deja en observación, sobre todo si tienen tumores pequeños o si padecen otros problemas de salud que les impiden tolerar una terapia para la próstata. "Las personas mayores de 80 años se deben examinar sólo si presentan síntomas urinarios o dolores óseos", dice el doctor Gómez

El cáncer de próstata es un enemigo que tiene dos caras: puede ser el más vulnerable porque su desarrollo es lento y si es diagnosticado a tiempo el tratamiento puede curar 80 por ciento de los casos. Sin embargo es silencioso, no produce síntomas ni molestias y si pasa el tiempo sin que sea detectado puede llegar a mostrar su rostro más aterrador. El tumor puede comprometer la vejiga y los nódulos linfáticos y terminar en los huesos, lo cual convierte al cáncer de próstata en una de las enfermedades más dolorosas para la cual no queda mucho por hacer. En estos casos simplemente se ofrecen tratamientos paliativos con radioterapia. También se les da tratamiento hormonal para bloquear la acción de la testosterona, sustancia que estimula el crecimiento de los tumores.

No hay manera de prevenir el cáncer de próstata pero sí se puede detectar a tiempo. Y está confirmado que esto puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. La mejor alternativa, entonces, es despojarse de prejuicios y hacerse los chequeos, que son obligatorios a partir de los 50 años en la población masculina y a los 40 en las personas de mayor riesgo. Sólo así un hombre podrá contar con el viento a su favor para derrotar este mal.
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