Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/06/06 00:00

El hospital de los muñecos

Las facultades de medicina ahora tienen modelos de plástico para enseñar a sus estudiantes las patologías más frecuentes.

En una sala de cirugía los estudiantes de medicina de la Fucs se familiarizan con el instrumental de cirugía. En otra que simula una unidad de cuidados intensivos está Simón, un paciente al que se le puede programar cualquier enfermedad para que los futuros médicos lo curen.

En una de las habitaciones del Hospital San José hay un paciente cuya condición es estable. Pero de repente el ritmo de su corazón se acelera, empieza a toser y a respirar con dificultad. "Doctor, me duele el pecho", se queja. Tres mé-

dicos aparecen en el cuarto y se organizan alrededor de la cama para hacer las maniobras de resurrección. Uno de ellos le hace presión en el pecho mientras su colega en el lado opuesto le toma el pulso. El tercer médico, a la cabecera, le bombea aire por la boca. A pesar de los esfuerzos el paciente no responde. Uno de ellos decide darle una descarga eléctrica con el desfibrilador para devolverle el ritmo cardíaco normal. Todo es infructuoso. A las 10:34 de la mañana aparece una línea horizontal en el monitor y se escucha un pito constante. El paciente ha muerto.

Por fortuna el 'muerto' no era un ser de carne y hueso sino un muñeco. Es Simón, un paciente de plástico que simula todas las condiciones de un enfermo en cuidados intensivos. Él y otros simuladores están cambiando el modo como los estudiantes de medicina aprenden los procedimientos invasivos, el examen físico, las técnicas de suturar y todo el manejo del paciente.

Existen varios laboratorios de simulación en Bogotá y cada vez hay más ciudades interesadas en montarlos con este tipo de modelos. El más antiguo es el de la Universidad El Bosque, que cuenta con 200 modelos, para lo cual ha invertido 5.000 millones de pesos. En el laboratorio de la Fundación Universitaria Ciencias de la Salud del Hospital San José, Fucs, creado hace un año, el ambiente es idéntico al de un hospital para que los estudiantes se sientan en la vida real. La Universidad San Martín acaba de estrenar uno y hay algunos en formación como los de las universidades Javeriana, Rosario y Los Andes.

Hay muñecos para cubrir todas las patologías. Algunos son completos como Simón, que viene con un software basado en casos reales y puede ser programado para cualquier mal. Parece de verdad. Su pecho se expande cuando respira, se le puede sentir el pulso, se le escuchan los latidos del corazón y se queja: "Ay, doctor, no me deje solo" o "me duele mucho, me siento muy mal", cuando nadie le mejora su condición. Para las clases, el profesor le programa desde un computador todas las complicaciones: taquicardia, dolor en el pecho, tos, dificultad respiratoria. A los alumnos les da datos básicos y un tiempo para que resuelvan la crisis. A medida que los estudiantes aplican sus conocimientos, el instructor los va corrigiendo. El ejercicio se repite una y otra vez hasta que logren salvar a Simón.

Otros modelos son partes del cuerpo. Hay, por ejemplo, brazos que se usan para aprender a inyectar venas. O troncos que reproducen la anatomía con precisión para enseñar a entubar, una técnica de dar aire al paciente que no respira. Las muñecas vienen con partes removibles para mostrar el grado de dilatación que sufre el cuello uterino cuando una mamá da a luz. El profesor coloca al bebé de muchas maneras para que cuando los alumnos toquen su barriga puedan determinar su posición exacta. Como las piezas internas son intercambiables, el profesor tiene la opción de poner distintos úteros, normales y con patologías para que el estudiante sepa diferenciarlos.

Al laboratorio de la Universidad El Bosque llegó la semana pasada una muñeca muy sofisticada. Se llama Noelle y cuando se le presiona un botón empieza un parto que dura cuatro o cinco horas.

De esta forma los estudiantes aprenden las técnicas y se preparan mejor para cuando llegue el momento de enfrentarse a los enfermos de verdad, que se da en el quinto semestre. "Antes la transición entre la teoría y la práctica era muy brusca, dice el doctor Alfonso Enrique Fonseca, coordinador de laboratorio de Fucs. Se aprendía sobre el paciente y eso daba mucha inseguridad. A veces se le podía hacer daño por la inexperiencia", añade. La relación con los muñecos es importante porque permite el ensayo y error, mientras que con un paciente real sólo hay una oportunidad. En los laboratorios de la Fucs los médicos buscan que el estudiante no sólo aprenda técnicas sino también, el buen trato al paciente. "Les exijo que los saluden, les hablen, los manejen con cuidado y respeto", dice Fonseca.

En Europa y Estados Unidos la tendencia comenzó hace 30 años debido a las restricciones legales de los estudiantes para entrar en contacto con los enfermos. En Colombia estos muñecos han sido una solución ante la cantidad de facultades de medicina y la escasez de pacientes . "Hay muchos estudiantes y pocos sitios de práctica porque las IPS y EPS no dejan que ellos ensayen en sus pacientes, dice el doctor Hernando Matiz, director del laboratorio de simulación de la Universidad El Bosque. Antes, 10 estudiantes debían tocarle el seno a una mujer para palpar un tumor", dice.

Ahora ellos tienen estos muñecos con los cuales tienen la oportunidad de abarcar incluso muchas más patologías. En el pasado debían esperar a que al hospital llegara un paciente con determinado problema, un soplo, por ejemplo. Hoy en el laboratorio tienen a SAM (Student

Auscultation Mannequin), que viene con tarjetas en las que están grabados los sonidos de un corazón normal y otro enfermo, así como ruidos respiratorios y del intestino. Otro modelo, Harvey, de 350 millones de pesos, simula 28 enfermedades congénitas o adquiridas del corazón.

Se ha demostrado que con este sistema de enseñanza la confiabilidad de los médicos se incrementa, tal como los simuladores de vuelo han mejorado la seguridad en la aviación. La facultad de enfermería de Southern Illinois University, en Edwardsville, Estados Unidos, hizo un estudio para medir si la simulación ayudaba al aprendizaje. La conclusión fue que los estudiantes logran sintetizar mucho mejor lo aprendido al tener que pensar con sentido crítico en escenarios simulados.

Por eso la aplicación de estos modelos no se ha limitado al aula de clase ni sólo a preparar estudiantes de pregrado. Médicos generales aprenden técnicas de reanimación básica y avanzada con estos muñecos. También son útiles para el entrenamiento de médicos de guerra en circunstancias en que las decisiones rápidas son cruciales. En estos casos los muñecos tienen heridas por arma de fuego, explosivos, fracturas o quemaduras que los instructores ponen en diferentes partes del cuerpo. Estos se colocan en un escenario de guerra para recrear casos posibles. "Ayuda además a consolidar el trabajo en equipo cuando hay un paciente crítico", dice Fonseca. Otro modelo, Mr. Hurt Head, es una copia de una víctima real de un accidente y tiene la capacidad de simular muchos tipos de trauma de la cabeza.

No se trata de reemplazar a los pacientes de carne y hueso. Los modelos han demostrado ser un complemento en el aprendizaje, y los beneficiados son precisamente los enfermos, quienes pueden estar seguros de que el estudiante va a realizar procedimientos invasivos con seguridad y sin hacerles daño.

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