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| 6/1/2013 12:00:00 AM

El inmenso encanto de los hoteles Boutique

Los turistas que busquen lujo y glamour tienen las mejores opciones en Cartagena.

¿Habrá un elemento más evocador que aquel fragmento de ‘El amor en los tiempos del cólera’ en el que Fermina Daza se encuentra cara a cara con Florentino Ariza? En éste florece la nostalgia de Cartagena de Indias en todo su esplendor.

La pareja está en el Portal de los Escribanos -pasillo ubicado detrás de la Puerta del Reloj- junto a la imponente Plaza de los Coches, donde circulan los carruajes tirados a caballo. Gabriel García Márquez lo describe como “una galería de arcadas frente a una plazoleta donde estacionaban los coches de alquiler y las carretas de carga tiradas por burros, y donde se volvía más denso y bullicioso el comercio popular”.

Ese portal se mantiene idéntico como en esa época aunque cambió su nombre por el Portal de los Dulces. Fue allí donde Florentino se acercó por la espalda de Fermina Daza para susurrarle: “Este no es un buen lugar para una Diosa Coronada”. Desde ese espacio todavía si se quiere más bullicioso se ve el edificio de la Gobernación de Bolívar y también, diáfanas, las murallas con su carga de historia y más allá las esquinas del abanico de calles antiguas, con sus casonas de cuyos balcones cuelgan las enramadas y sus flores.

Al tocar los pesados aldabones y cruzar frescos umbrales, los visitantes se encuentran, con más sorpresas. Varias de esas casonas son ahora hoteles Boutique, en donde el lujo, el glamour y la exquisitez abundan para sus exclusivos clientes.

Es el caso del Anandá Hotel Boutique, ubicado en el corazón de la ciudad amurallada. Desde aquí se divisan espléndidas las cúpulas de las iglesias y se respira por segundos la vida de aquel Caribe del siglo XVII aunque con las comodidades más sofisticadas del Siglo XXI.


Vista del interior del hotel Anandá.

Este, como Hotel Casa San Agustín, simboliza una nueva tendencia que se impone en La Heroica. La recuperación de viejas, muy viejas casonas, para convertirlas en alternativas para los turistas de lujo que no desean hospedarse en los más clásicos y tradicionales. Basta dejar volar la imaginación para sentir las vivencias en estas casonas varios siglos atrás. Hoy son sinónimo de confort. Por ejemplo, el Anandá es una casa colonial del siglo XVII que fue restaurada cuidando cada detalle para lograr la atmósfera perfecta y en donde los turistas encuentran la combinación exacta entre ambiente, decoración y servicio personalizado. Cuenta con 23 suites de lujo que permiten diferentes tipos de acomodación y divididas en tres categorías: junior suite, deluxe suite y luxury suite.

El servicio de alojamiento se complementa con un restaurante de comida mediterránea, Room Service 24 horas, business center, salón para reuniones, aljibe, y espacios de relación y esparcimiento como el bar lounge, piscina, terraza con jacuzzi, mirador con vista a la ciudad amurallada, sala de spa.

Aunque hace menos de una década se contaban con los dedos de la mano, hoy existen alrededor del medio centenar. Según la Corporación de Turismo Cartagena de Indias, en 2009 había 12. Cuatro años después ya existen 45. Estos hoteles han sido los de mayor crecimiento. ¿Por qué? La respuesta pasa por una palabra: exclusividad.

En efecto, en Cartagena abundan los atractivos. Es una de las ciudades que mejor conserva su arquitectura colonial y sus monumentos, cuenta con conventos y otras edificaciones de enorme importancia en el tiempo de la colonia y una oferta de restaurantes en permanente crecimiento.

Los datos son abrumadores. Hay 18.000 camas en 9.000 habitaciones en los hoteles de 3, 4 y 5 estrellas. Ante este panorama que la ciudad agradece, los turistas de mayor nivel económico optan por buscar un trato diferencial. “A ellas llegan personas que quieren vivir experiencias únicas”, dice un experto del sector.

La propuesta es necesaria porque la ciudad se ha ido masificando cada día. Solo en el año anterior, llegaron por el aeropuerto Internacional Rafael Núñez 2.150. 000 pasajeros y 500 mil personas más entre turistas y tripulantes en los cruceros. “En este panorama, hay quienes quieren un servicio extremadamente personalizado”, dice un estudio sobre los hoteles Boutique.

Pertenecen a inversionistas de peso pues en cada uno mínimo se necesitan 5.000 millones de pesos y, claro, la dirección de un arquitecto de prestigio, elemento que sus huéspedes suelen valorar mucho a la hora de escogerlos.



Y toda esta combinación de glamour y buen gusto es lo que ofrecen. Se han ido posicionando como una elegante y competitiva alternativa a las grandes cadenas. Se trata de hoteles independientes y con un servicio de lujo exclusivo, igual al que los turistas recibirían en un hotel de cinco o de seis estrellas.

Para los propietarios de este tipo de ofertas sus cualidades se resumen en estos conceptos: Su tamaño, de pequeño hotel, más humano y próximo; la atmósfera, creada por la magia del espacio, la decoración y un ambiente con personalidad; un completo portafolio de servicios, personalizados y exclusivos; y la actitud del staff, dispuesto a anticiparse a las necesidades y deseos del cliente, pero con total discreción respetando su intimidad. En definitiva, un hotel con encanto donde cualquier mimo es posible y cualquier deseo son alcanzables. Son la moda que se impone en la ciudad que marca la luz a seguir en materia de turismo.
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