08 diciembre 2012

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El lado bueno de la muerte

PSICOLOGÍAPensar en la Parca no es de mal agüero. Nuevos estudios señalan que ser consciente de que la existencia tiene límites ayuda a vivir mejor.

El lado bueno de la muerte.

Foto: ILUSTRACIÓN: ADAPTACIÓN DE JOSÉ GUADALUPE

Según las profecías mayas el mundo se acabará este 21 de diciembre. En muchos lugares del planeta la gente ha construido búnkers para resguardarse, con abundante provisión de alimentos, armas y artículos de primera necesidad por si sobreviven a la hecatombe. En Rusia han tomado muy en serio esta predicción. La semana pasada se reportó histeria colectiva por lo que el gobierno tuvo que intervenir para calmar a los ciudadanos.

Lo más probable es que nada suceda en esa fecha, para alivio de muchos. Pero lo cierto es que todos los mortales seguirán viviendo con la certeza de que algún día, inevitablemente, se irán de este mundo para siempre. En ese sentido, tendrán que vivir bajo la sombra de su propio Apocalipsis.

Curiosamente, a pesar de esa realidad ineludible la mayoría prefiere no hablar del tema pues cree que solo mencionar la palabra equivale a invitarla. "No hablamos de la muerte porque el silencio es la mayor forma de negación", dice Erica Brown, autora del libro Happier Endings, que busca cómo sobreponerse al miedo que produce.

Sin embargo, nuevas investigaciones revalúan esta actitud generalizada.Unas establecen que el miedo a la muerte es el motor de casi todas las actividades humanas y otras dicen que el buen manejo de esa preocupación podría jugar un papel clave en el crecimiento personal, en la salud y la construcción de relaciones más significativas durante la vida.

Ken Vail, psicólogo de la Universidad de Missouri, revisó exhaustivamente muchos estudios sobre el tema. En uno de ellos, por ejemplo, se les pidió a los participantes que pensaran en una catástrofe local o una amenaza global, como el cambio climático. Luego se les requirió su opinión sobre la posibilidad de realizar acciones militares en Irán, y posteriormente se les habló de la muerte. "Cuando la amenaza era local, defendieron a los locales; cuando era global hicieron empatía con el mundo y se mostraron más pacíficos y cooperantes", dice Vail.

En otras investigaciones la gente mostró más agradecimiento, esperanza, bondad y liderazgo luego de ver imágenes de los ataques de septiembre 11. Algo similar sucedió con la bomba de Oklahoma luego de la cual los investigadores registraron una disminución de la tasa de divorcio en los condados aledaños.

En el plano individual, Vail también ha visto que el recuerdo de la propia mortalidad ayuda a hacer más ejercicio, a comer saludable, a dejar de fumar, y a usar más protector solar, hábitos que reducen el riesgo de enfermedades mortales. Y un estudio realizado por D. P. Cooper en 2011 halló que recordar la muerte hizo que las mujeres incrementaran sus intenciones de hacerse exámenes de seno oportunamente.

En otros experimentos Vail constató que la idea de la muerte ayuda a aferrarse a valores como la cooperación, la compasión y la empatía, así como la tolerancia, la igualdad y el pacifismo. Aún más, se pudo establecer que un estímulo subconsciente como pasar cerca de un cementerio puede ayudar a que la gente tenga gestos de generosidad.

Los trabajos revisados por Vail también reflejan que pensar en la muerte ayuda a la gente a establecer prioridades en sus objetivos de vida pues funciona como un despertar que invita a la introspección y a valorar más los intereses internos que los impuestos por la sociedad.

Esto prueba lo que expertos tanatólogos han dicho desde hace tiempo. Brown, quien ha visto cómo la muerte inminente genera en la gente un proceso de autorreflexión, piensa que enfrentar la mortalidad "nos hace estar más vivos, más amorosos y más colaboradores y que no desperdicemos un día", le dijo a SEMANA.

Bronnie Ware, una enfermera australiana que se hizo famosa a principios de año por su libro The Top 5 Regrets of the Dying, en el que recoge los más comunes lamentos de quienes están a punto de morir, piensa que ser consciente de este tema cuando se es joven y saludable tiene mucho más sentido que en el lecho de enfermo. "Si uno puede aceptar honestamente la muerte antes de que llegue el momento es posible cambiar las prioridades antes de que sea demasiado tarde", dice.

Randy Pausch decidió que en su última charla en la Universidad Carnegie Mellon, meses antes de morir, no podía hablar sobre temas académicos. Se concentró en cómo cumplir los sueños de la infancia. El video de la conferencia ha sido visto más de 14 millones de veces y se han vendido 4,5 millones de copias de su libro.

En su experiencia con enfermos de cáncer, el médico Carlos Castro ha notado que el miedo a la muerte es un 'diablo' que no deja vivir el presente, ni siquiera a quienes tienen los días contados. En ese escenario el experto cree que lo único que vale es vivir el presente donde no hay cabida para esta sensación. "Así, la vida se vuelve vertical", dice
El problema es que controlar ese miedo es difícil. Stephen Cave, autor del libro Immortality, dice que el hombre es tal vez el único ser consciente desde un principio de que tiene la batalla perdida. Vivir con esa certeza es paralizante, de modo que la humanidad, a través de la historia, ha buscado maneras para negarla. Las creencias, las religiones, las ciudades y hasta los más grandes desarrollos científicos son formas de adaptarse a esa realidad. "la civilización es los que hemos creado para negar la realidad de la muerte", le dijo a SEMANA.

En esto se basa la teoría del manejo del terror, creada por Jeff Greenberg, Sheldon Salomon y Tom Pyszcynski, que establece que las religiones y los valores son mecanismos para desafiarla y controlar la ansiedad que produce. Y si la cosmovisión de cada cual ayuda a lidiar con la idea de mortalidad es de esperar que en la medida en que el individuo se acerca a ese evento, la gente se aferre más a sus creencias.

Para Cave, sin embargo, soñar con la inmortalidad solo sirve para negar este mundo y para pensar que se tiene tiempo de sobra. "Solo cuando apreciamos que el tiempo es limitado nos motivamos a hacer lo mejor en ese lapso. Así, enfrentamos mejor la muerte porque es la mortalidad la que le da urgencia y valor al tiempo que tenemos", dice.

Además, dice Shelly Kagan, filósofo de la Universidad de Yale y autor del libro Death, tenerle pavor a la muerte no es apropiado porque se trata de la única certeza de la vida. Por eso cree que ese miedo no es a perder la vida sino a que este momento llegue más temprano que tarde. "Es como si usted tuviera 15 años y estuviera en una fiesta, a la cual su mamá llegará en cualquier momento para recogerlo. No hay nada malo en regresar a la casa, solo que usted quisiera estar más tiempo en la reunión". Kagan señala que no habría problema si se supiera a qué horas pasan a recogerlo pero si la mamá dice que será entre 12 y 2 de la mañana "es posible que haya cierto nivel de miedo en la medida en que se acerca la hora". En ese sentido, dice, el miedo solo sería razonable en personas muy viejas o muy enfermas.

Marie de Hennezel, terapeuta francesa que acompañó a François Mitterand en las últimas etapas de su enfermedad, y autora del libro Intimate Death, señala que "negar la mortalidad genera más ansiedad. No se trata de pensar en eso todos los días sino recordar que la vida es un don preciado". Y con ella está de acuerdo Vail quien piensa que "el baile con la muerte es un delicado pero potencialmente elegante paso que se da para vivir una mejor existencia".
 
Cinco lamentos
 
Según la enfermera Bronnie Ware estas son las quejas más comunes de quienes están a punto de morir:
 
1. Ojalá hubiera tenido el valor de vivir una vida acorde a mis intereses y no a lo que otros esperaban de mí.

2. Ojalá no hubiera trabajado tanto.

3. Ojalá hubiera expresado más mis sentimientos.

4. Ojalá hubiera estado más en contacto con mis amigos.

5. Ojalá hubiera sido más feliz.
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