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| 6/15/2013 4:00:00 AM

El legado gay a los heterosexuales

Recientes estudios muestran que las parejas homosexuales tienen mucho que enseñarles a las heterosexuales sobre reparto de las labores domésticas, el manejo de los conflictos y la sexualidad.

No hay duda de que el matrimonio está en crisis. No solo las personas están casándose menos sino que entre los que finalmente deciden hacerlo, un alto porcentaje se divorcia antes de los cinco años, según datos de la Registraduría Nacional. 

Ante ese panorama, muchos se preguntan por qué las parejas del mismo sexo quieren que se apruebe el matrimonio para ellas. Pero a la luz de nuevos estudios, la razón sería que las parejas de homosexuales son más felices y armónicas que las heterosexuales. 

En ese sentido podría cambiar el modelo de matrimonio, pero no para mal como piensan los detractores, sino todo lo contrario, para darle un nuevo aire. 

Esther Rothblum, profesora de estudios de género de la Universidad de San Diego, señala que si bien las parejas gay y lesbianas bregan con conflictos y expectativas similares a las tradicionales, podrían enseñarles mucho a las demás sobre “cómo reparten el trabajo, el cuidado de los hijos y las finanzas equitativamente, así como en la solución de los conflictos”, dijo la experta a SEMANA.

El manejo del dinero, la crianza y las peleas son las causas más frecuentes de conflicto entre las parejas heterosexuales, pero todo indica que la fórmula gay para manejar este tipo de situaciones ha probado ser más exitosa. Jennifer Powers, investigadora de la Universidad La Trobe en Australia le preguntó a un grupo de parejas de lesbianas quién lavaba los platos, quién dormía a los niños y cómo se repartían otras labores domésticas. 

La sorpresa fue encontrar un reparto mucho más equitativo de las tareas del hogar. Por el contrario, entre las parejas heterosexuales la queja más frecuente de las mujeres es que sus maridos no colaboran, especialmente cuando hay hijos. Y si ella trabaja, el problema es mayor porque debe asumir una doble jornada, todo lo cual genera una desigualdad que resulta en una gran insatisfacción. En el otro frente, según comprobó Power, las parejas de mujeres no sienten que la una se recueste en la otra.

“No es que las lesbianas sean más eficientes para el trabajo en casa”, dice Powers. Lo que sucede es que las parejas del mismo sexo no pueden solucionar los problemas bajo los roles tradicionales, sino que deben recurrir a soluciones lógicas y justas que van más allá de esos estereotipos. En contraste, aunque entre las parejas heterosexuales hoy hay más equidad que hace 40 años, los psicólogos todavía observan que aún se guían por la brújula de los roles de género. 

Según Rothblum, cuidar a los niños es una tarea de las mujeres, así como la plata es asunto de los hombres; la responsabilidad de controlar la natalidad es de ellas, y así sucesivamente. Aun más, Pepper Schwartz, socióloga experta en el tema, ha observado que muchos hombres que tuvieron matrimonios heterosexuales y hoy tienen relaciones gay, relatan que antes no ayudaban a sus esposas pero ahora sí comparten esas labores con sus parejas. 

El sociólogo Manuel Velandia ha visto que para la división del trabajo los homosexuales muchas veces aplican el principio de la especialización, muy promovido por los economistas, que consiste en que cada uno se desempeña según sus gustos y talentos. Así, en muchos de estos hogares al que le gusta cocinar, cocina y el que es bueno en su profesión, mantiene la casa. Pero en otros, dice Velandia, la repartición de estos papeles es totalmente equitativa. “A veces uno cocina y el otro lava los platos; otro día uno los ve con esos papeles invertidos”.

Velandia señala que como en dichas relaciones no hay nada escrito, se están ideando maneras diferentes de manejar el dinero. Cuenta el caso de Juan, un homosexual que se sentía mal porque su pareja ganaba más y por lo tanto asumía casi toda la carga económica del hogar. Cuando le planteó a su compañero ese malestar, decidieron que cada uno pondría el 25 por ciento de su sueldo en una cuenta común para los gastos de la casa. 

Esta situación en una pareja heterosexual posiblemente no habría sido un dilema porque se asume que el hombre sostiene la casa. Schwartz, por su parte, ha notado que las lesbianas son mucho más estrictas en dividir los gastos centavo por centavo. 
La equidad no solo se imparte con el dinero sino también con el cuidado de los niños. 

Aunque aún muy pocas parejas homosexuales adoptan o tienen hijos, Charlotte Patterson, una psicóloga de la Universidad de Virginia, ha notado en sus experimentos que las parejas de padres heterosexuales se comportan frente a sus hijos bajo el modelo tradicional, es decir, la mamá juega con ellos mientras el papá está chequeando su celular o juega por su cuenta con un juguete del niño. Cuando ambos se involucran es para criticarse mutuamente o para sugerir nuevos juegos. En las parejas homosexuales, por el contrario, ambos interactúan armónicamente en los momentos lúdicos de sus hijos. 

La periodista Liza Mundy, autora del libro The Richer Sex exploró el tema y encontró que 33 por ciento de las parejas gay con hijos, uno de ellos optaba por quedarse en casa, una cifra muy similar a la de parejas heterosexuales. Esa proporción es significativa porque muchas mujeres sienten ansiedad de hacerlo, tal vez porque el mandato feminista es buscar la igualdad emulando a los hombres, pero el dato demostraría que ese arreglo es la mejor opción para ser eficientes en la crianza. “La buena noticia es que la decisión acerca de quién lo hace no tiene que ver con el género”, escribió Mundy en un artículo sobre el tema en la revista The Atlantic.

 Las relaciones de homosexuales también tiene conflictos pero los abordan de otro modo. “No son discusiones sino diálogos, nadie grita, solo se habla”, dice Velandia. Hace un par de años, el psicólogo John Gottman encontró que los homosexuales resuelven sus problemas positivamente porque no usan tácticas de manipulación y en cambio muestran más afecto y humor en las peleas. 

“Entre los gay hay una sensación de ‘estoy muy bravo pero esto es chistoso’”, dice Gottman. El experto explica que dicha reacción se debe a que ninguno asume el papel de sometido ni dominante, mientras que entre heterosexuales es más común que exista una jerarquía que lleva, sobre todo a las mujeres, a sentirse con menos poder. 

Los homosexuales también se llevan mejor en el plano sexual, tal vez porque la infidelidad, otra fuente de peleas en las parejas tradicionales, no ocupa un papel tan protagónico entre ellos. Aunque muchos están asumiendo el compromiso de la fidelidad para demostrarle a la sociedad que pueden tener matrimonios intachables, un estudio hecho en la Universidad de San Francisco con parejas gay encontró que el 50 por ciento de estos hombres tenía sexo por fuera de la relación con el conocimiento y aprobación de sus parejas. 

“Los heterosexuales lo llaman engaño pero en los gay no tiene esa connotación”, dice Colleen Hoff, autora del estudio. Velandia señala que muchas veces el tema de la infidelidad se vive en forma relajada.“Si mi pareja no viene una noche nunca se me cruza por la cabeza que tiene otro”. 

No obstante, algunos señalan que no se puede generalizar pues algunas parejas gay no hablan tranquilamente de la infidelidad. “Mi tesis es que estos matrimonios son casi iguales o muy parecidos a los heterosexuales”, dice Silvestre, un gay de 34 años.

Hasta el momento es muy pronto para saber si todo esto se traduce en relaciones más duraderas. Lo interesante es que, de aprobarse el matrimonio entre iguales, podría ayudar a constatar cuáles aspectos de la relación se deben al género y cuáles son intrínsecos a la convivencia. Por lo pronto se sabe que las esposas en uniones heterosexuales son las que con más frecuencia inician el divorcio.

En estudios hechos en Noruega y Suecia las lesbianas también se separan más que los gay. Como dice Mundy, “de pronto nos vamos a dar cuenta de que el problema con el matrimonio no es el hombre. Quizá las mujeres son muy particulares y aún no saben lo que quieren”. 
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