Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/05/31 00:00

El matrimonio es una ciencia

Una reconocida bloguera encontró las claves científicas para lograr una relación de pareja exitosa.

Voltear los ojos ante algo que la otra persona dijo es el gesto de lenguaje corporal más nocivo para la relación

¿Por qué unos matrimonios fracasan y otros no? ¿Se pueden controlar ciertas variables para lograr el éxito de una relación? Estas y otras preguntas rondaban durante su crisis matrimonial en la mente de Tara Parker-Pope, una reconocida bloguera de salud del diario The New York Times. Buscó respuestas en los libros de autoayuda, y si bien encontró muchos textos dedicados a mejorar la relación de pareja, ninguno la satisfizo porque no tenían bases científicas. Frustrada, navegó en Internet, y para su sorpresa, encontró un vasto número de estudios serios que analizan con lupa las relaciones matrimoniales y han determinado cuáles de ellas van a durar y cuáles no.

Aunque su matrimonio terminó en las rocas, esa investigación personal la inspiró a escribir un libro que recoge los resultados de esas investigaciones y los factores que inciden positiva y negativamente en las relaciones amorosas. "Entender la ciencia del matrimonio es como tener una bola de cristal para predecir cuáles de ellas van rumbo al estanco y cuáles van a permanecer", señala en su libro, titulado For Better: The Science of a Good Marriage (Para bien: la ciencia de un buen matrimonio). El objetivo del libro es diagnosticar y tratar los problemas maritales "de la misma manera en que un médico manejaría un cáncer, una diabetes o cualquier otra enfermedad", dice la autora.

El gran hallazgo de Parker-Pope fue que las personas se han enfocado en aspectos equivocados de la relación, como el sexo y la compatibilidad, y han dejado a un lado los pequeños detalles: el tono de las peleas, las muestras de afecto o, para no ir más lejos, los ronquidos, pues este problema, según los estudios, es causante de que un tercio de las parejas abandonen el lecho marital en Estados Unidos.

Recordar cómo se conocieron, por ejemplo, ha resultado ser una prueba diagnóstica para ver cómo va la relación hoy. Lo anterior tiene sustento en un trabajo realizado en 1992 por John Glottman, de la Universidad de Washington, con un grupo de 52 parejas casadas. Luego de una entrevista en la que cada cual contaba cómo se habían conocido, Glottman pudo concluir con 94 por ciento de certeza cuáles iban a terminar en divorcio y cuáles a continuar. Los esposos que estaban felices recuentan ese momento entre risas y nostalgia, mientras que los otros reproducen el momento dejando ver la insatisfacción del momento. "Se enfocan en los detalles más negativos", dice la autora.

El lenguaje que usan las parejas es crucial. Las más felices pronuncian con mayor frecuencia los pronombres "nosotros" y "nuestra", mientras que las desdichadas usan más el singular: "yo", "mío" y "tu". "Las parejas que no piensan de sí mismos en términos de nosotros viven una vida paralela y no se sienten conectados con el otro", dice Parker-Pope. Incluso aquellos con uniones sólidas recuerdan los momentos más difíciles de la relación de manera positiva, mientras que los otros lo hacen en forma negativa o sarcástica.

La gente cree que el problema de las peleas es la frecuencia y el tema. No obstante, con base en los estudios de la Universidad de Washington, Parker-Pope asegura que lo más relevante es el tono de la discusión, quién la inicia y cómo se presenta el argumento. En este sentido los tres primeros segundos son definitivos no solo para saber si el altercado será productivo o dañino en el corto plazo, sino para determinar cuáles matrimonios sobrevivirán y cuáles se divorciarán en los siguientes seis años. Los que comienzan con brusquedad y críticas van directo a más problemas; los que lo hacen suavemente sacan provecho de la discusión. "Hay una gran diferencia entre decir 'tú nunca quieres tener relaciones sexuales. Siempre estás cansado, qué es lo que te pasa' a decir 'quisiera que hiciéramos el amor con más frecuencia'", señala Parker-Pope.

Lo importante es que las parejas eviten las peleas groseras, llenas de críticas y sarcasmos. Hablar bajo y tranquilo, mirar al otro a los ojos y decir frases como "qué te parece si hacemos esto'' ayudan a que el conflicto no crezca.

La importancia de mejorar la relación no es solo evitar el divorcio. Se ha probado además que el matrimonio estable está asociado con buena salud. Aunque esta observación ya la había hecho el epidemiólogo británico William Farr en 1858, hoy nuevos estudios han podido precisar el tema. La gente casada sufre menos neumonía, tiene menos cirugías, cáncer o ataques al corazón, y parte de la explicación es que el matrimonio viene con unas ventajas adicionales como mayores ingresos y mejor acceso a salud y a nutrición. Otro estudio mostró que los solteros tienen más probabilidades de morir en situaciones violentas, pues cuando un hombre se casa abandona sus comportamientos de riesgo. Los efectos positivos son visibles tanto en parejas que viven juntas como en casadas.

Y ojo a las demostraciones románticas. James A. Coan, de la Universidad de Virginia, estableció el llamado 'efecto de la toma de manos' como de vital importancia para las parejas. Los estudios muestran consistentemente que este pequeño acto ofrece cierto grado de consuelo y alivio a nivel emocional, pero la ganancia mayor se obtiene cuando se toma la mano de la pareja.

Los anteriores beneficios, sin embargo, no se obtienen si se trata de una relación en problemas. En estos casos vivir juntos puede representar un riesgo tan alto como el que genera el hábito de fumar. Ronald y Jan Glaser, dos esposos investigadores de la Universidad de Ohio, encontraron que las mujeres en relaciones infelices o que siguen conectadas a su ex esposo tienen un sistema inmune más débil que aquellas con relaciones estables o que se han liberado de un mal matrimonio. En un experimento, los Glaser pusieron a las parejas a discutir los temas más polémicos de su relación, como sexo, interferencia de la suegra y trabajo doméstico. Aquellas que mostraron un trato hostil durante el conflicto presentaron una disminución en el funcionamiento del sistema inmunológico durante las 24 horas que duró el experimento. Otro trabajo que analizó cómo una herida sana en medio de una pelea, mostró que a las parejas agresivas les tomó un día más en curarse que a las que discuten de manera más calmada.

Timothy Smith, de la Universidad de Utah, señala que el tono emocional de la discusión está asociado al riesgo de infarto. Pero ellas están en más riesgo de problemas coronarios cuando en los conflictos maritales no hay señales de calidez ni afecto. Para los hombres, las peleas hostiles tienen efecto en el corazón solo cuando se enfocan en batallas por control y poder.

El trabajo de la bloguera ha recibido críticas, sobre todo de quienes consideran que el matrimonio no se puede medir ni cuantificar y de los que creen que la ciencia simplemente les da la razón a cosas que son de simple sentido común. Ella sostiene que la ciencia ayuda a enfocarse en ciertos factores de riesgo y pone su propio ejemplo como argumento: "Hoy me doy cuenta de que si hubiera sabido más sobre la ciencia del amor y el matrimonio, habría tomado mejores decisiones que hubieran salvado mi relación".

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.