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| 12/8/2006 12:00:00 AM

El menú del ADN

En un futuro se podrá conocer cómo afectan los alimentos cada organismo. Este será el punto de partida para que cada cual pueda diseñar dietas a la medida y sólo consumir productos que le sean benéficos.

No todas las personas reciben los alimentos de la misma manera. Para unos la leche puede ser tóxica, mientras que para otros es parte esencial de su dieta. Lo mismo sucede con los mariscos e incluso con alimentos como las manzanas, que algunos no toleran debido a los polifenoles, la sustancia que causa el color marrón de la fruta cuando se corta. Pero en una década, probablemente comer el alimento equivocado no va a ser un problema. Mejor aun, será posible diseñar una dieta inteligente que sólo contenga la comida adecuada. Este es el escenario que describen los científicos para cualquier día en 2017: la persona va a donde el medico nutricionista, quien le saca una muestra de sangre. En un laboratorio especializado en genética se analiza el ADN de ese paciente y en menos de un mes recibe su dieta de acuerdo con su información genética.

Esto es lo que se conoce como dieta a la medida y será posible gracias a la genómica nutricional o nutrigenómica, una ciencia que ha tomado auge desde que se descifró el genoma humano. La premisa es que los alimentos tienen nutrientes bioactivos que afectan de una u otra manera el metabolismo de las personas. "Cada individuo tiene pequeñísimas diferencias genéticas que lo hacen más vulnerable a un nutriente que a otro", explica Felipe García-Vallejo. Antes se creía que los alimentos sólo servían para proveer de energía las células. Hoy se sabe que muchos de ellos ni siquiera se metabolizan, sino que se pegan a las proteínas y activan ciertos genes y por eso "la dieta tiene un impacto positivo o negativo sobre nuestro genoma", dice García-Vallejo.

El caso de la interacción dieta y genes más estudiado es el de colesterol malo (LDL) y el bueno (HDL). Los científicos han encontrado que algunas personas con regímenes ricos en grasas saturadas no ven un incremento en su colesterol malo, mientras que a otros no se les reduce ese colesterol ni siquiera con la dieta más baja en grasas. Esto se debe a un alelo del gen lipasohepático involucrado en el metabolismo del colesterol bueno. En este caso, la recomendación nutricional sería que la persona siguiera consumiendo una dieta normal, pero subirle a la ingesta de las grasas polinsaturadas para que el colesterol bueno aumente y su perfil lipídico mejore.

Saber qué comer o cómo balancear la dieta es la gran promesa de la nutrición genómica. No obstante, este campo abarca muchas actividad como por ejemplo determinar los nutrientes de los alimentos. Hoy se conoce el efecto de los omega-3, ácidos grasos que regulan el metabolismo, o el de los antioxidantes, que lo vuelven más eficiente. Pero también busca estudiar el perfil genómico del individuo. "Lo más importante es que permitirá cruzar la información individual con la alimentación y los componentes de los alimentos, de modo que el efecto sea muy positivo", aclara García-Vallejo. Si una persona sabe que tiene una predisposición genética al cáncer, se le podría diseñar una dieta basada en alimentos ricos en nutrientes que protegen o modulan los oncogenes (genes del cáncer), como el licopeno, presente en el tomate.

También se busca mejorar los alimentos con nutrientes cuyos beneficios se aprecian en poblaciones grandes, como sucede hoy con productos enriquecidos con vitaminas o con omega-3. García Vallejo también considera que la nutrigenómica ayudará a analizar nuevos nutrientes que genere la industria, para saber si causan efectos contraproducentes en el organismo.

Hay mucha expectativa, pero algunos pronostican que probablemente la dieta de los seres humanos dentro de una década no será muy diferente a la recomendada hoy, muy generosa en vegetales y frutas. De las dietas a la medida sólo se beneficiará un 20 por ciento de la población, tanto los que no se preocupan por la dieta como los que responden muy mal a ellas.

Aún se requiere de mucha investigación para lograr el escenario que pintan los científicos. Los nutrientes vienen en grupos y los genes involucrados en el metabolismo son numerosos. También habría que analizar las predisposiciones de cada etnia. Lo interesante es que el estudio de estas complejas relaciones ya comenzó y que a la vuelta de una década será posible tener un mejor conocimiento de los nutrientes que protegen a las personas de enfermedades y, por qué no, les mejoran incluso su estado de ánimo o su mala memoria.
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