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| 11/17/1986 12:00:00 AM

EL MISTERIO DE LA ISLA PERDIDA

Un computador permite establecer que Colón no descubrió América allí donde siempre se creyó que lo había hecho.

"No hay duda alguna.Considero esta cuestión cerrada. (Colón) llegó a la isla Watling, en las Bahamas, bautizada como San Salvador". Estas palabras tan concluyentes, pronunciadas en 1942 por el biógrafo de Cristóbal Colón, Samuel Eliot Morrison, de la Universidad de Harvard, están hoy en entredicho. Una investigación realizada por la publicación norteamericana National Geographic, determinó, después de 6 años de trabajo, que el almirante genovés pisó tierra americana en la isla de Samaná, 65 millas al sureste de lo que hoy se cree que es San Salvador.
El secreto de la investigación realizada por la publicación norteamericana, consiste en haber tenido en cuenta, por primera vez en la historia de estos trabajos, la corriente y el abatimiento que afectaron el rumbo de las carabelas de Colón. El abatimiento es un factor que determina el deslizamiento hacia Sotavento de un velero, debido a la presión del viento sobre el casco y el aparejo. En este caso, ese deslizamiento se habría producido debido al viento de través que sopló por estribor, o sea, por la mano derecha del timonel.
Los investigadores tuvieron en cuenta esto y lo aplicaron en el trazado del rumbo seguido por Colón en su primer viaje a las Indias occidentales. Aparte, aplicaron una nueva dimensión para la legua utilizada por el almirante que, según los investigadores, es de 2.8 millas náuticas y no de 3.18 como se creía hasta hace algunos años. Todo esto les ha permitido concluir que, el viaje de 3 mil millas iniciado por Colón en la Gomera (Canarias) no pudo haber terminado 33 días después en lo que hoy se conoce como la isla Watling. Según Luis Marden, experto navegante, miembro del equipo de trabajo, "para llegar a San Salvador, Colón habría tenido que viajar por una línea casi recta, trazada en el fondo del mar, entre la partida y la recalada. Dirigiéndose sólo por una brújula, sin otras ayudas astronómicas o controles, esto es un imposible físico, a menos que el océano se hubiera helado y se hubieran colocado rieles de ferrocarril para que sobre ellos viajaran las carabelas".
La investigación se basó en un detenido análisis del diario de a bordo de Colón, o mejor, del sumario escrito por el padre Bartolomé de las Casas, aceptado como la versión más fiel de un original que nunca ha podido encontrarse. El diario fue traducido al inglés por Eugene Lyon, experto en viejos documentos españoles, quien entregó la versión en inglés a Marden y a su mujer Ethel, una matemática, quienes trazaron el rumbo del primer viaje de Colón gracias a estos documentos. Marden y su esposa trazaron igualmente los rumbos de la continuación del viaje, desde Samaná hasta otras islas de las Bahamas y Cuba y todos los datos coinciden con la nueva teoría.
Buena parte de las dudas existentes sobre la vieja versión se deben a que la descripción hecha por Colón en su diario, no corresponde al paisaje de la isla Watling, y en cambio sí al de Samaná, una isla baja y bastante poblada de vegetación, que tiene 9 millas de largo por una y media de ancho. Hoy en día, Samaná se encuentra deshabitada y tiene un arrecife de coral que la rodea casi completamente.
Los investigadores, que estuvieron encabezados por Joseph Judge, uno de los directivos de National Geographic, visitaron Samaná, y tras algunas excavaciones, encontraron restos arqueológicos de 10 asentamientos de indios lacayos, que habrían sido los que salieron al encuentro de Colón el 12 de octubre de 1492.

VIEJA DISCUSION
Durante varios siglos, navegantes, historiadores, geógrafos y uno que otro matemático, han discutido sobre el lugar al que Colón llegó y que bautizó como San Salvador. La discusión pareció haberse terminado en 1942, por cuenta de los trabajos del profesor Morrison, de Harvard.
El misterio no ha podido resolverse en forma definitiva debido en buena parte a que el original del diario del primer viaje, que fue entregado a la reina Isabel en 1493, al regreso de Colón a España, no ha aparecido. Se cree que debe encontrarse en alguna vieja biblioteca española, pero todos los que han tratado de hallarlo han fracasado.
La investigación de National Geographic tampoco arroja conclusiones definitivas, salvo quizá la de que las carabelas no llegaron a la isla Watling, o sea, que la isla Watling no es Guanahaní -como la llamaban sus habitantes-, ni San Salvador -como la llamó Colón- y que es más probable que Guanahaní (San Salvador) sea Samaná. Como bien lo dijo Joseph Judge al anunciar hace algunos días a la prensa el hallazgo y reconocer que el debate no ha concluido: "La historia se desarrolla y se seguirá desarrollando por siempre".

LA DESCRIPCION DE GUANAHANI
Las anotaciones del diario de Colón para el 13 de octubre (copia de fray Bartolomé de las Casas) describen la isla de Guanahaní así:
Sábado 13 de octubre.
Luego que amaneció, vinieron a la playa muchos d'estos hombres, todos mancebos, como dicho tengo, y todos de buena estatura, gente muy fermosa; los cabellos no crespos, salvo corredíos y gruessos como sedas de cavallo, y todos de la frente y cabeca muy ancha, más que otra generación que fasta aquí aya visto; y los ojos muy fermosos y no pequeños; y ellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios, ni se deve esperar otra cosa, pues está Lestegueste con la isla del Fierro en Canaria, so una línea. Las piernas muy derechas, todos a una mano, y no barriga, salvo muy bien hecha. Ellos vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol como un barco luengo y todo de un pedaco y labrado muy a maravilla según la tierra, y grandes, en que en algunas venían 40 y 45 hombres, y otras más pequeñas, fasta aver d'ellas en que venía un solo hombre. Remavan con una pala como de fornero, y anda a maravilla, y si se les trastorna, luego se echan todos a nadar y la enderecan y vazían con calabacas que traen ellos. Traían ovillos de algodón filado y papagayos y azagayas y otras cositas que sería tedio de escrevir, y todo davan por cualquiera cosa que se los diese. Y yo estava atento y trabajava de saber si avía oro, y vide que algunos d'ellos traian un pedacuelo colgado en un agujero que tienen a la nariz. Y por señas pude entender que, yendo al Sur o bolviendo la isla por el Sur, que estava allí un Rey que tenía grandes vasos d'ello y tenía muy mucho. Trabajé que fuesen allá, y después vide que no entendían en la ida. Determiné de aguardar fasta mañana en la tarde y después partir para el Sudeste -que según muchos d'ellos me enseñaron dezían que avía tierra al Sur y al Sudeste y al Norueste; y qu'estas el Norueste les venían a combatir muchas vezes-, y así ir al Sudueste a buscar el oro y piedras preciosas. Esta isla es bien grande y muy llana y de árboles muy verdes y muchas aguas y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, qu'es plazer de mirarla. Y esta gente farto mansa, y por la gana de aver de nuestras cosas, y temiendo que no se les a de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego a nadar; más todo lo que tiene "n" lo dan por cualquiera cosa que les den, que fasta los pedacos de las escudillas y de las tacas de vidro rotas rescatavan, fasta que vi dar 16 ovillos de algodón por tres ceotis de Portugal, que es una blanca de Castilla, y en ellos avría más de un arrova de algodón filado. Esto defendiera y no dexara tomar a nadie salvo que yo lo mandara tomar todo para Vuestras Altezas, si oviera en cantidad. Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar así del todo fe. Y también aquí nace el oro que traen colgado a la nariz, mas, por no perder tiempo, quiero ir a ver si puedo topar a la isla de Cipango. Agora como fue noche todos se fueron a tierra con sus almadías.
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