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| 1/14/1991 12:00:00 AM

EL PALO SI ESTA PA"CUCHARAS

De un modesto local de pizzas, Carlos Salazar pasó a convertirse en el dueño de una exitosa cadena de restaurantes: "Carbón de Palo".

Ya era común en Bogotá ver a los clientes del "Carbón de Palo" esperando en los carros pacientemente por una mesa. Atraídos por el apetitoso olor de la carne a la parrilla, pocos eran capaces de devolverse. Los más precavidos y los asiduos, sabían que había que reservar con tiempo si se quería obtener mesa en este establecimiento, uno de los más concurridos de la capital. Tan conocido, que es imposible encontrar un sólo ejecutivo bogotano que no haya probado su famosa sazón. Su éxito es rotundo. Un observador que conoce de negocios de restaurantes, calcula que en un buen día "Carbón de Palo" puede llegar a vender hasta tres millones de pesos.

Pero aunque la mayoría de los colombianos aseguran que el mejor negocio en este momento es "la comida" lo cierto es que su fama y su clientela han sido ganadas a pulso. Durante más de 15 años, su dueño, Carlos Eduardo Salazar, trabaja por alcanzar el éxito que ahora tiene. Tres restaurantes anteriores y dos versiones más del "Carbón de Palo" fueron los antecedentes de este hombre que parece haber dado en el clavo en materia de comida y atención. Primero lo intentó con "La Friky", luego con "El Parrón", después con "Lomus" y, finalmente, con "Carbón de Palo". Este último ha pasado por tres establecimientos diferentes, pero desde hace menos de un mes esta estrenando sede propia.

Mientras sus compañeros de colegio soñaban con tener un Porche o una profesión rentable, Carlos Salazar sólo tuvo un sueño: tener un restaurante típico, pero además con una característica muy especial: sin socios. Un sueño difícil de lograr para un joven de su edad. Sin embargo, decidió intentarlo.

En 1975, empezó con "La Friky", y aunque tuvo éxito entre la gente joven, no le complacía del todo. Además de no cumplir con el requisito de ser un "negocio propio", tampoco le satisfacía su ambiente. "Era demasiado neutro, juvenil y no era tan colombiano como yo quería que fuera. Opté, entonces, por ensayar en otra parte", comenta Salazar. Entonces inauguró "El Parrón", en compañía con otros socios. Ahí comenzó a especializarse en lo que es ahora su gran triunfo culinario: la carne a la parrilla. El éxito fue absoluto.

Pero Carlos Salazar buscaba algo mejor. Así que abrió "Lomus", con la misma especialidad. En esa oportunidad, contar con una asidua clientela fija, le permitió crear suficiente capital para ver realizado su sueño de propietario. Luego de unos años de éxito, vendió su parte y, aficionado a fundar restaurantes, se inició con "Carbón de Palo".

El nombre no fue muy difícil de encontrar. Su obsesión por la comida colombiana lo hizo pensar en la forma como se prepara la carne en diferentes regiones del país: con carbón. Sin duda es una de las cosas que más llama la atención en la gente.

En su primer etapa, el restaurante estuvo situado en una calle completamente escondida y alejada de los centros de la vida nocturna de Bogotá. "La gente me decía que yo estaba loco si pensaba montar un restaurante en ese sector tan solitario, por donde no pasaba ni un espanto. Pero no les hice caso y, ya ven, fue todo lo contrario" El restaurante, a pesar de los malos augurios, se llenaba todas las noches. Era tanta la gente que llegaba, que empezó a emplear como parqueaderos las zonas verdes y los andenes de los vecinos. Como era una zona residencial, estos no estaban tan satisfechos como sus clientes. Así que lo denunciaron ante la alcaldía de Bogotá y "Carbón de Palo", su dueño y sus empleados tuvieron que irse con sus parrillas para otra parte.

Estrenaron entonces la segunda sede. Una casa con mucho ambiente
pero que a los pocos días demostró que era demasiado pequeña para la cantidad de clientes que llegaban. El éxito y la fama del restaurante ya estaban consolidados y los clientes siguieron siendo fieles a "Carbón de Palo", estuviere donde estuviere. Sin embargo, cada noche tenían que disculparse con los comensales pues por física falta de espacio no podían atenderlos. Obviamente no pudieron continuar por mucho tiempo en esas condiciones. De nuevo Salazar pensó en cambiar de sede, en el norte de la ciudad, que cumpliera con los requisitos de espacio y comodidad que demandaba el éxito de sus carnes. Encontrado el lugar perfecto, remodeló una amplia casa sobre la avenida 19, a donde se trasladó hace menos de un mes.

Es una sede moderna, amplia y con espacio para atender a 160 personas simultáneamente. Lo cual significa que puede atender hasta 350 comensales diarios. Tradicionalmente se pensaba que el restaurante más exitoso de Bogotá era el Pajares Salinas, pero ahora en cuestión de ventas el "Carbón de Palo" se está acercando.

Para atender con prontitud algo asi como 40 mesas, a su alrededor hay disponibles mas de 50 empleados, preparados y entrenados por el mismo Carlos Salazar para atender al público. "Esa ha sido nuestra especialidad. No es sólo la carne a la parrilla lo que hace que la gente venga, es también la manera de atender lo que llama la atención.

"Carbón de Palo", se precia de ser un restaurante colombiano. Pero es un restaurante típico diferente. En su carta no hay ajiaco ni bandeja paisa. Tampoco cuchucos ni sancochos. En la decoración priman los sombreros campesinos, mollos, canastos y tapices colombianos, que contrastan con la edificación moderna, y un poco europea, de la actual sede.

Carlos Salazar logró por fin lo que estaba buscando desde hace 15 años. Ahora es dueño de un restaurante con sabor colombiano pero diferente a todos los que existen dentro de lo que se considera "típico". "La gente en Bogotá buscaba un lugar en donde no sólo se pudiera comer una deliciosa carne a la parrilla sino que también disfrutara de una agradable velada. Es decir, que no tuviera que seguir haciendo lo de siempre: ir a cenar a un restaurante y salir de allí a una discoteca o una taberna. Yo quise unir las dos cosas en una sola".

Por eso, es un lugar en el que no sólo se va a saborear la carne sino también a presenciar un original show musical, realizado por un trío de artistas y todos los empleados del restaurante. Esto es sin duda una de las cosas que hacen de este restaurante un establecimiento especial. Son muy pocos los lugares, si acaso existe otro, en el que los propios empleados del establecimiento, meseros, administradores, cocineros y hasta el dueño, preparen un poutpurri de canciones para deleitar cada noche a los clientes. Ellos hacen su propio show. Y eso no sólo atrae por lo original si no porque, en forma coincidencial, y sin que el dueño les exigiera buena voz, conformaron un animado grupo artístico. Obviamente la música que predomina es la colombiana, pero también tocan tropical y baladas. Todo depende del ambiente que se viva cada noche.

El triunfo del restaurante lo resume su dueño en una sola frase:
"Es la fe sumada con una rica carne a la parrilla y con un grupo humano valioso que le guste atender a la gente y que sabe que, solamente con un buen trato , seguirá visitándonos".

A este "Carbón de Palo", porque existen otras dos sedes con las mismas características y con el mismo éxito, llega toda clase de gente. Expresidentes, empresarios, ministros, políticos, artistas, ejecutivos, gente de la televisión, que es la que llena, día a día, el establecimiento. Es además el sitio preferido de los turístas, pues los gerentes de los principales hoteles de Bogotá que han visitado al restaurante, se han dado cuenta de que es la mejor imagen que se pueden llevar del país. "Yo me siento complacido con mi éxito pues, incluso en los momentos difíciles que vivimos el año pasado por la situación nacional, el restaurante nunca estuvo solo. La gente no nos abandonó y creo que ya nunca lo va a hacer" dice Salazar.
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