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| 1/19/2009 12:00:00 AM

El papeleo de la muerte

Aparece un libro que mira el duelo desde otra perspectiva: la de los obstáculos y los trámites a los que se enfrenta la familia del fallecido.

Chepe Nemogá siempre había querido poner al tanto de sus asuntos privados a su hija Claudia, pero cuando él le insinuaba el tema, ella siempre le decía: "Ay papi, no hablemos de eso, tú vas a durar mucho". Desafortunadamente, su padre murió repentinamente una mañana de 2007 dejándola a ella y a su familia sumidos en una profunda tristeza y sin tener idea de qué plata debía, qué seguros tenía o qué contratos quedaban pendientes. Por eso, Claudia nunca imaginó que al dolor de su ausencia se le iba a sumar el fastidio de tener que atender acreedores, cobrar las pólizas de seguro y pelear porque los contratistas le pagaran los proyectos que su padre había entregado antes de morir. "Fue una experiencia muy dura", dice.

Su drama, sin embargo, le brindó la inspiración para escribir un libro sobre el duelo, titulado Seguir viviendo. Se trata de una guía única en su género con un enfoque muy diferente a otros libros que tocan el tema de la muerte. "Es un simulacro de desastres y por lo tanto se debe leer antes de que uno sufra la pérdida de un ser querido, pues la idea es estar preparados", afirma. Con la tristeza del fallecimiento muy pocos tienen la cabeza fría para enfrentarse a todos los trámites que hay que hacer para 'enterrar' legalmente a esa persona.

El calvario comienza con la muerte misma, pues los familiares no saben distinguir entre una natural, una violenta o por accidente de trabajo. "Reconocerlo va a determinar muchos de los procesos y las reclamaciones del seguro", dice Bernardo Rivera, médico especialista en seguridad social, que escribió el libro con Nemogá. En el caso de accidente de trabajo, explica, la pensión se da en un cien por ciento, independientemente de la edad y las semanas cotizadas. Además, la familia tiene derecho a indemnizaciones.

No es que sean procesos muy difíciles o lentos. Aún más, las funerarias se ocupan de algunos de ellos. "Lo que sucede es que con el dolor de la familia, se magnifican y parecen eternos", agrega Rivera. Por ejemplo, cuando la muerte sorprende a la persona en la casa y no hay un médico que expida el certificado de defunción, la Policía o la Fiscalía deben hacer ese trámite. Para muchos, este proceso puede resultar muy doloroso porque, como sucedió en el caso de Claudia, los funcionarios hacen preguntas para descartar un crimen, y no dejan acercar a ningún familiar al cuerpo. En caso de que se pueda, Nemogá aconseja quitar los objetos de valor del fallecido, como anillos y billetera, y guardarlos para que no se vayan a extraviar.

Y desafortunadamente no son diligencias que se puedan postergar para cuando la familia se siente de mejor ánimo, sino que estos trámites tienen unos límites de tiempo para ser gestionados. Así mismo, no existe un sitio en el que se pueda encontrar todos los papeles que las autoridades exigen. "En mi proceso yo vi mucha gente desorientada, que iba de un lado para otro porque nunca le daban la información completa", afirma la autora.

El papel más importante es el registro de defunción, pues con éste el difunto queda "tachado de la lista", dice Nemogá. Este documento se debe presentar a los bancos, las aseguradoras y entidades de salud, entre otras, para poder dar inicio a los procesos de pensión y a los trámites administrativos de salud. Si la persona tenía un arma, este documento se debe presentar al Ministerio de Defensa para transferir el salvoconducto a otra.

La situación es más complicada cuando la familia no tiene idea de las claves de acceso a cuentas, ni dónde tenía los ahorros o a quién le debía plata. "En esos momentos aparecen personas que dicen que el difunto les debía plata -dice Claudia-, y aunque puede ser cierto, en muchos casos hay avivatos que se aprovechan de estos momentos de dolor", añade. Por falta de información, afirman los autores, muchas familias se quedan sin reclamar un seguro, pierden indemnizaciones o son víctimas de fraudes. En el caso de ella, su madre perdió la antigüedad en la EPS debido a que, por ignorancia, no siguieron cotizando cuando su padre murió.

Un tema al que a veces se deben enfrentar los familiares es el de la donación de órganos. En caso de que se le haga autopsia al fallecido, las autoridades le pueden extraer partes del cuerpo si la familia no expresa lo contrario o la persona en vida no dejó indicaciones al respecto, pues todos los colombianos son donantes por presunción. La autora también le dedica un capítulo a la historia clínica, ya que del manejo adecuado de esta información depende desde una indemnización por accidente de trabajo hasta el buen nombre del fallecido.

Como lo ideal es morir sin dejarles problemas a los demás, el libro está lleno de recomendaciones y una de las más importantes es tener siempre las cuentas claras. Nemogá recomienda no hacer acuerdos verbales, sino escritos, informarles a los beneficiarios acerca de un seguro de vida, y, si es el caso, tener a alguien de confianza que conozca sobre sus inversiones y sus obligaciones. También es bueno aclarar los asuntos con hijos extramatrimoniales o aún no reconocidos (ver recuadro).

Incluso detalles como qué tipo de entierro le gustaría tener, a quién le deja sus objetos familiares más preciados o si no desea ser donante de órganos deben quedar expresados en algún documento. En términos generales, la gran pregunta que cada uno se debe hacer es: ¿qué pasaría si yo no estuviera y mis familiares tuvieran que hacerse cargo de mis responsabilidades?

En algunos casos, las personas no comunican los asuntos relacionados con su patrimonio y sus finanzas porque no quieren molestar a sus familiares o no confían lo suficiente en ellos. Pero la gran mayoría de los colombianos omite estos temas porque no hay una cultura de ser previsivos y "son dados a pensar que si hablan de estos temas y organizan sus asuntos, es un presagio de que alguien se va a morir", dice Claudia. Lo que hay que tener en cuenta es que la muerte es parte de la vida y cualquiera puede fallecer o quedar en estado de coma o amnesia de repente. En esas circunstancias, las cuentas claras son un alivio para el dolor de los familiares.
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