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| 8/27/2011 12:00:00 AM

El pasado no perdona

Las segundas nupcias están aumentando en el mundo y con ellas, el complicado manejo del dinero con la nueva pareja y sus hijos.

Hace cinco años, cuando Laura se casó con Jorge pensó que el reto de esa relación sería conquistar el cariño de las dos hijas de este, fruto de su primer matrimonio. Pero la realidad le mostró que había asuntos más complicados, como la plata. "Pensé que íbamos a mejorar económicamente al estar juntos, pero yo empeoré, y por primera vez en mi carrera dejé de ahorrar. Cuando tengo exceso de caja, el dinero se va para cubrir gastos que mi esposo no pudo sufragar por sus obligaciones con su primera familia, que incluyen la universidad de las niñas, las cuotas de la casa donde viven, más una mesada a su ex para gastos del hogar", dice.

Historias como estas son más frecuentes no solo en Colombia, sino en el mundo, debido a que cada vez hay más segundas nupcias. Estudios recientes muestran que entre 2009 y 2010 el número de divorcios en el país aumentó 254 por ciento y que el de los hombres que se casan por segunda vez creció 23 por ciento en la última década frente a las mujeres, que reinciden menos. Esto, claro está, sin contar con las uniones de hecho, que también están aumentando en el país. Muchas de estas nuevas bodas se presentan entre los más viejos. Alguien de más de 60 años, viudo o divorciado, que todavía goza de perfecta salud y tiene la perspectiva de vivir 20 años más, se siente con energía para redescubrir el amor e intentar una nueva unión. Todo esto pasa ante la mirada incrédula de los hijos adultos y futuros herederos, que temen que su herencia pueda verse menoscabada.

Las segundas uniones tienen temas financieros más difíciles que el primer matrimonio, porque son relaciones más complejas. La razón es que casi nunca empiezan de cero, pues al menos uno de los dos ya trae un equipaje de bienes, deudas, hijos y una o dos ex. En la medida en que todas estas variables se mezclan con la nueva pareja, que también puede traer un bagaje similar, se llega a un nuevo nivel de complejidad financiera. "Si las relaciones económicas en las familias tradicionales ya son complicadas, estos casos pueden ser una bomba porque el hogar es el espacio emocional por excelencia", dice Álvaro Pinilla, abogado especializado en derecho de familia.

Lo que es peor, algunos comienzan una nueva relación mientras tienen problemas financieros no resueltos con su ex, y nunca los mencionaron a su nueva pareja para no aguar la fiesta del amor. Otros no solo han tenido que dividir el patrimonio con su cónyuge anterior, sino que ahora distribuyen sus ingresos en dos casas. Álvaro Sierra, del Instituto de la Familia de la Universidad Javeriana, afirma que "las segundas nupcias llevan al empobrecimiento real o relativo de la gente". Es frecuente que haya entre ambos disparidades económicas, en cuyos casos los hijos del más rico pueden pensar que la nueva pareja se casó por la plata. Con frecuencia, otros llegan más sensibles con el tema del dinero debido a que las pasadas experiencias conyugales les dejaron un sabor amargo.

La tríada hijos-dinero-nueva esposa es un foco de resentimientos y envidia, dicen los psicólogos. Catalina, quien se casó con un hombre divorciado y con dos niñas, siente que subsidia con su trabajo como publicista el estilo de vida de la exesposa de su marido, pues este, además de la división de bienes, acordó darle una suma mensual por consideración a que nunca trabajó. "En esas circunstancias, ella puede irse de vacaciones al exterior con sus hijos, pero nosotros no porque con los colegios y los gastos de los nuestros no nos alcanza".

Y si bien en vida este tipo de tensiones pueden ser manejables, la muerte de uno de los cónyuges suele dar paso a situaciones extremadamente complicadas, como se ha podido ver en el caso de Joe Arroyo, quien se casó tres veces y tuvo, según los rumores, por lo menos diez hijos que hoy están enfrascados en un pleito enorme para reclamar los derechos sobre la herencia del artista, que incluye las regalías por su música.

La ley es muy clara en este punto al establecer que todos los hijos tienen derechos iguales a la hora de heredar, pero la situación se complica por el factor emocional. "Si fuera una empresa, las decisiones serían más racionales, pero en las familias las cosas se deciden desde el hígado, y la gente no pelea por el valor de la cucharita de plata o por el cuadro, sino por la emoción que hay detrás de cada bien", explica Pinilla. Así las cosas, unos hijos creen que merecen más porque fueron quienes cuidaron a su papá o a su mamá. En otros casos, detrás del dinero se esconde una lucha de poder y control o inseguridad.

El problema más común, según la abogada Celmira González, es que muchos piensan que la mejor manera de salir de un mal matrimonio es irse de la casa y organizar un nuevo hogar, sin tramitar el divorcio ni liquidar la sociedad conyugal. Esto significa que en cualquier momento esa pareja anterior puede reclamar el 50 por ciento de esa sociedad, aunque el patrimonio actual haya sido construido en la segunda unión.

Sin embargo, no siempre se trata de un descuido, pues algunos conocen las leyes pero no lo logran saldar sus cuentas porque tienen enredos emocionales que les impiden llegar a acuerdos. Pinilla relata el caso de un cliente mayor que quiere evitar que a su muerte los tres hijos fruto de su único matrimonio tengan peleas con otro que tuvo por fuera de la unión. Pero no lo ha solucionado porque no sabe cómo contarle a su esposa. "No hay mala fe, es solo que a algunos les cuesta organizar sus cosas mientras no las tienen claras en la mente".

En otras ocasiones la gente cree que arreglar sus asuntos es "llamar a la muerte", dice Pinilla, mientras que otros prefieren hacerse los de la vista gorda para evitar la pelea de sus seres queridos en vida.

Algunas personas evitan sabiamente volver a casarse y aunque tienen una nueva relación amorosa, nunca establecen una convivencia formal. Los que sí se casan optan por hacerles a sus hijos donaciones en vida para que no haya bienes inmuebles ni dinero en la nueva sociedad conyugal. Esta opción es popular porque con el matrimonio o la convivencia por más de dos años se establece una comunidad de bienes y a la muerte de alguno de los dos, el otro esposo podría heredar el 50 por ciento de los bienes del fallecido, lo que implica que los hijos tendrían que dividir su herencia con la última pareja de su padre o madre.

Para Pinilla, esta solución resulta costosa en materia fiscal. Además, la propiedad donada, a diferencia de la heredada, entra a formar parte de la sociedad conyugal de los hijos casados. Si estos se separaran, la familia perdería la mitad del bien.

Lo más recomendable, según el abogado, es hacer capitulaciones para que se sometan a un régimen de separación de bienes. Otra opción es establecer una fiducia testamentaria, que se encargaría de administrar los bienes cuando la persona fallezca, o hacer testamento. Las familias más adineradas forman sociedades en el extranjero en las cuales cada hijo tiene una participación.

Estas herramientas legales deben discutirse de mane-ra clara y honesta antes de dar el sí por segunda vez. Según los psicólogos, se deben mencionar las posesiones y las obligaciones y discutir quién será responsable de los compromisos financieros o si entre ambos van a sacar adelante las deudas que cada uno adquirió con anterioridad. También es crucial hablar el tema de los hijos para que queden protegidos económicamente cuando el progenitor muera. Lo importante es que la pareja sienta que hay equilibrio y justicia.

Los expertos en planeación patrimonial creen que la mejor manera de prevenir estos problemas es que la gente se prepare para la posibilidad de un divorcio de la misma manera en que lo hacen para sortear cualquier crisis financiera. De ese modo, "no siempre la gente se empobrece con el divorcio. Por el contrario, muchos tienen buena salud financiera para enfrentarlos y otros se enriquecen luego de una separación", dice Carlos Pérez, consultor de Patrimonio Consulting Services.

Otra cosa dice Jay Zagorsky, de Ohio State University, quien luego de investigar a casados y divorciados encontró que el matrimonio dobla el patrimonio si se compara con quienes nunca se han casado, y que acabarlo disminuye la riqueza personal un 77 por ciento. De ahí su consejo de que "si usted quiere aumentar su riqueza, cásese pero manténgase así".
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