Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1980/12/11 00:00

El pequeño gran paso

Hace exactamente 35 años, con la llegada del hombre a la Luna terminó la era romántica de la exploración espacial.

Aldrin, fotografiado por Armstrong, quien aparece reflejado en el centro del visor del casco la visita el presidente le dijo al ministro que había un rumor sobre una grabación que iba a ser publicada.

Mientras el mundo seguía con horror el desarrollo de la guerra del Vietnam, los secuestros de aviones a Cuba eran el pan de cada día y los Beatles grababan el material del que sería su álbum Abbey road, la humanidad asistía, entre hipnotizada e incrédula, a la llegada de un hombre a la Luna, y participaba de esta hazaña en tiempo real pues se transmitía en directo por televisión. Los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins se volvieron tan famosos como cualquier gran actor de cine y la humanidad comenzó a hacer cuentas alegres ante la inminencia de colonias permanentes en la Luna y Marte, previstas para finales del siglo XX. Películas como 2001: odisea del espacio se encargaron de hacer creíbles aquellos cronogramas que hoy provocan una mezcla de risa y tristeza.

Todo había comenzado en 1961, cuando el presidente John F. Kennedy prometió la llegada de un norteamericano a la Luna antes de que terminara la década. Era un desafío técnico inmenso y también una respuesta a la gran ventaja que habían tomado los soviéticos tras poner en órbita la cápsula Sputnik en octubre de 1957 y en órbita al astronauta Yuri Gagarin en aquel año.

En febrero de 1966 la Nasa inició el proyecto Apolo y los resultados fueron muy rápidos. En octubre de 1968 Apolo VII le dio 163 vueltas a la Tierra en 10 días y Apolo VIII voló alrededor de la Luna el día de Navidad de 1968.

Estas naves constaban de un módulo de mando, un módulo de servicios y un módulo lunar, bautizado Eagle en la misión Apolo XI.

El histórico vuelo, impulsado por un cohete Saturno V, partió el 16 de julio del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida. A bordo iban los experimentados astronautas Neil Armstrong, Edwin 'Buzz'

Aldrin y Michael Collins. Para ellos el sobrecogedor despegue del cohete Saturno V era simple rutina y, una vez que el ingenio de tres etapas los puso en la dirección correcta, hicieron una revisión rutinaria y se quitaron sus incómodos trajes. Fue un viaje sin inconvenientes. Tan sólo tuvieron que corregir el rumbo una vez, y para hacerlo les bastó prender durante tres segundos el motor de propulsión.

Los televidentes del mundo podían ver casi todos los detalles de la misión en directo por televisión. Se trataba del primer reality show de la historia. El sábado 19 de julio, a las 12:27 (hora de Bogotá) y luego de 62 horas de viaje, la cápsula entró en la órbita lunar. Aldrin ingresó en el módulo lunar, comprobó los sistemas, y él y Armstrong esperaron a que cayeran los primeros rayos de sol del día lunar (que dura unos 14 días) sobre la vasta y desolada planicie del Mar de la Tranquilidad, escogida en 1968 para el alunizaje.

El 20 de julio Armstrong y Aldrin ocuparon sus puestos en el módulo lunar. Collins cerró la compuerta del Eagle, que durante 12 minutos angustiosos que nadie vio por televisión recorrió la distancia que los separaba de la superficie lunar. En todo el mundo 500 millones de telespectadores compartieron la angustia, pero en realidad fueron muy pocos los incidentes. Si acaso, cierta dificultad cuando el polvo lunar que levantó la nave al acercarse restó visibilidad a la maniobra de aproximación. Cuatro días, seis horas, 45 minutos y 57 segundos después del despegue de la misión, a las 3:17 de la tarde, la nave Eagle se posó en la superficie lunar.

Los astronautas tuvieron que esperar seis horas y media para adaptarse a la gravedad lunar. Entonces descomprimieron la cabina y Armstrong salió de ésta mientras expresaba su célebre frase "Es un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidad". Eran las 9 y 56 de la noche. Aldrin lo alcanzó 18 minutos después y durante dos horas y media instalaron algunos instrumentos de medición, desplegaron la bandera, pusieron una placa con sus firmas y la del presidente Nixon y recogieron muestras de la superficie lunar. Regresaron a la nave Eagle y tras una larga espera despegaron de la l.una, 21 horas y 36 minutos después de alunizar. El 24 de julio de 1969, ocho días, tres horas 18 minutos y 18 segundos después del despegue, el Apolo XI se posó en el océano Pacífico, donde lo esperaba el portaaviones Hornet. Los tres astronautas permanecieron 21 días en cuarentena.

La llegada del hombre a la Luna marcó el final del período romántico de la carrera espacial. Después del Apolo XI y el dramático regreso de Apolo XIII un año después y que inmortalizó la frase "Houston, tenemos un problema", para el imaginario colectivo la carrera espacial se volvió cosa de todos los días. En diciembre de 1972 Apolo XVII llevó al último hombre a la Luna y mientras la Guerra Fría se volvía menos fría, llegaron los transbordadores y promesas de llevar hombres a Marte en 2005 que no se cumplieron.

El tema espacial sólo alcanzó las primeras planas tras accidentes que han puesto en peligro los presupuestos y las fotos de otros planetas que han enviado las sondas robot. Del espacio exterior llegan fotografías y datos científicos mucho más útiles que las muestras traídas por Armstrong y Aldrin de su excursión lunar. Pero la humanidad jamás volvió a vivir aquel sueño en tiempo real que le regalaron los tripulantes de la misión Apolo XI.

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