Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/02/05 00:00

El planeta en sintonía

Más que un género musical el ‘world music’ es la posibilidad de escuchar artistas de cualquier lugar y de combinar estilos que se creían incompatibles.

El planeta en sintonía

Al finalizar el año pasado mucha gente puso el grito en el cielo por lo que notó había sido una ausencia de éxitos musicales rotundos. Ninguna de esas canciones que suenan sin descanso (casi hasta el hastío) en la radio, y que terminan identificándose con un año determinado, había aparecido. Y la primera conclusión fue que había crisis en la industria discográfica. Un análisis más profundo, sin embargo, podría demostrarnos que lo que está ocurriendo no es una crisis sino todo lo contrario: el gran público empieza a afinar su oído. Después de todo la fórmula de canciones comerciales, muchas de ellas ‘reencauchadas’ o simplemente banales, tenía que agotarse más temprano que tarde. El fenómeno que ha venido apareciendo en el mundo, y que ahora comienza a presenciarse en Colombia, es a todas luces más interesante. La posibilidad de escuchar, aquí y ahora, música de cualquier rincón del planeta, abre sin duda un panorama más enriquecedor. Este nuevo fenómeno se conoce con el nombre de world music. Hace apenas cinco años era impensable que uno entrara a un almacén de discos y preguntara con toda tranquilidad si hay música de Madagascar, de Afganistán, de Zimbabwe... Hoy, sin embargo, la hay en las tiendas mejor surtidas. El reciente auge de la música árabe en discotecas o de Totó La Momposina en las salas de concierto europeas son algunas de las pruebas más contundentes. Pero, en términos generales, no se trata de música que llega para ponerse de moda y vender miles de discos. Es algo a la postre más profundo: la posibilidad de que el oyente tenga a su alcance la inmensa gama de creaciones musicales de nuestro planeta. A raíz de la distribución mundial de sellos disqueros de distintos países (como una consecuencia cultural de la globalización) se han hecho también experimentos de empalme de varios ritmos y encuentros de artistas que antes se creía imposible juntar. No hace mucho tiempo sonó en la radio una canción de Sting a dúo con el cantante argelino Cheb Mami. Lo cierto es que este tipo de experimentos puede rastrearse hasta llegar al hombre que, para muchos, es el padre del concepto de world music: el roquero inglés Peter Gabriel. Cuando hace unos 10 años Gabriel fue llamado a componer la música para la película La última tentación de Cristo se enfrentó a un reto que terminaría ampliando su panorama musical y el de sus seguidores. La música de aquella película, sin ser folclórica, tenía que hacer referencia a lo que se escuchaba en esos tiempos. Aceptando de entrada su ignorancia del tema comenzó a investigar y se encontró con intérpretes de Pakistán, Egipto y Senegal que mantenían vigente una tradición musical así de antigua. Decidió entonces ponerlos a ellos a cantar, en tanto que su labor se limitó a la de un director musical. Estrictamente hablando, la banda sonora de aquella película fue el primer disco de world music. La fascinación no tardó en expandirse. Nadie en Occidente, a no ser que fuera antropólogo o algo por el estilo, había tenido la oportunidad de escuchar música de esos rincones remotos. En poco tiempo se han hecho familiares para muchos oyentes las características de otras tradiciones musicales: la India y sus sonidos parsimoniosos, Mongolia y sus misteriosas técnicas de canto gutural, España y el ‘cante’ flamenco que puede rastrearse hasta los pregones marroquíes son sólo algunos ejemplos. Hoy en los anaqueles de almacenes musicales nos esperan sonidos maravillosos por descubrir e instrumentos que, por lo pronto, no pueden definirse sino como exóticos. Desde la sencilla flauta de bambú del Japón hasta el descomunal didjeridoo australiano (una especie de trompa que puede llegar a medir dos metros de largo). Lo cierto es que todos esos sonidos están ahora al alcance de nuestros oídos para demostrarnos lo mucho que en el fondo nos parecemos. Cada pueblo canta a su manera pero todos han hallado en la música uno de los medios más estéticos para recrear sus historias y expresar sus anhelos.

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