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| 10/29/1984 12:00:00 AM

EL PODER DE LAS RELACIONES PUBLICAS

Por conocer a la gente que toca, Yvonne Nicholls se ha convertido en una institución nacional

Si hoy se fraguaran grandes hechos políticos en Colombia, casi seguramente sus autores se encontrarían, por lo menos una vez, en esta dirección de Bogotá: Carrera 17 número 39A-38. Es una casa de estilo inglés, en el viejo barrio de Teusaquillo, a sólo 30 cuadras de la Plaza de Bolívar. Para todos cuantos tienen algo que ver con el poder en Colombia, no es una casa cualquiera.
Por cerca de 20 años, ha sido el centro de reunión obligado de políticos, empresarios, diplomáticos y funcionarios con una cosa en común: su amistad con la dueña de casa, la primera mujer que abrió sus salones en Colombia para algo más que hacer vida social.
El nombre de esa mujer, obviamente, es de sobra conocido en todos los altos círculos. Algo dice, también, a los lectores de periódicos y revistas del país, porque no pasa una semana sin que se le mencione, sobre todo en las páginas sociales. Pero no todo el mundo sabe exactamente lo que ese nombre significa en la vida nacional.
Se trata de Yvonne Nicholls, una mujer soltera de 43 años, nacida en Quito, de padres colombianos y radicada en Bogotá desde los 16, cuya profesión conocida es la de relacionista pública, al servicio de Seguros Bolívar. Alrededor de ella se han tejido leyendas románticas y se han ganado, o perdido, muchos prestigios. Por sus manos han pasado nombramientos en diversos gobiernos y empresas. En su directorio telefónico figuran los números privados de todos los grandes personajes. No hay hombre o mujer de importancia en Colombia que no la haya tratado, sin excluir presidentes y ministros. Este acceso y estas amistades la han convertido en una de las mujeres más poderosas de Colombia.
LAS FIESTAS DE YVONNE
En la casa de la carrera 17, Yvonne Nicholls ofrece por lo menos un almuerzo semanal, para un mínimo de 10 personas, y una fiesta mensual, para no menos de 20 personas. Entre sus invitados nunca faltan los ministros, los magnates empresariales o personajes de nivel equivalente en el periodismo, las artes o las letras. La generosidad de la anfitriona es proporcional a la calidad de sus invitados.
Haciendo cálculos conservadores, cada uno de esos almuerzos no cuesta menos de 10.000 pesos, y cada fiesta 20.000, sobre todo cuando hay músicos. Yvonne mantiene en secreto lo que gana en Seguros Bolívar, pero difícilmente todos estos gastos podrían salir de su sueldo. Cuando se le pide una explicación, se limita a decir: "Lo único cierto es que las fiestas de mi casa no las paga Seguros Bolívar. Entre otras cosas, porque en realidad no me cuestan nada..."
Este es uno de los misterios de Yvonne que resulta inexplicable para mucha gente, pero que en realidad no lo es. Porque cuando una persona llega a tener la influencia que ella ejerce en todos los campos, las-cosas salen regaladas: los distribuidores de licor le envían cajas de cortesía, los músicos no le cobran y la comida es barata porque los platos siempre son de "pelea": fríjoles o lentejas, pasta con ensalada, o simplemente pasa-bocas.
Los invitados, además, no consumen demasiado porque su principal interés es conversar, bajo la amable y pícara mirada de la anfitriona, que se mueve como pez en el agua entre los potentados, sin que su presencia interfiera con los diálogos, entre divertidos y solemnes, en los que muchas veces se juega la suerte de un partido, de un candidato, o de una empresa.
SEDUCTORA DE HOMBRES
Otro de los misterios de Yvonne es su poder seductor sobre los hombres, que le ha causado un buen número de enredos en su vida, sobre todo en los primeros años de su audaz incursión en la vida social bogotana. Eran los años sesentas, cuando la capital todavía no habia abandonado sus costumbres provincianas y mojigatas.
Para las señoras respetables de Bogotá, cada fiesta de Yvonne era un escándalo, y cada una de sus amistades masculinas un romance pecaminoso.
Ella no niega sus amores, pero afirma que no todos los que le han inventado son ciertos. Habla de sus "novios" con desparpajo, y admite que a varios de ellos los conoció casados. Entre ellos estuvo el gran amor de su vida, a quien no menciona por su nombre, pero sí define por sus características: un político buen mozo, brillante, e iconoclasta que todavía tiene un buen sitio en su corazón. Eso sí, no lo suficientemente grande como para que no pueda querer a otros. "Yo quiero a unos cuantos hombres--dice Yvonne--, a unos más que a otros; quiero a mi papá, quiero a mi hermano Iván, quiero a mi jefe José Alejo Cortés (presidente de Seguros Bolívar), quiero a Alfonso López Michelsen .. pero no como piensa alguna gente, sino como si fuera mi papá". Claro que tambien quiere y ha querido a otros, con amor apasionado. Pero con un principio que ha hecho parte de su vida: "Yo creo en la lealtad, no en la fidelidad. La fidelidad es circunstancial y la lealtad es permanente". Sabe, por supuesto, que no todas las personas comparten este pensamiento, y por eso prefiere callar tambien los nombres de esos amores.
Lo cierto es que a través del amor, entendido en esa forma, y de su incansable espiritu de anfitriona, Yvonne Nicholls ha transformado las relaciones públicas en Colombia y ha contribuído a sacar adelante muchas ideas de utilidad pública. La principal de ellas fue la creación del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, establecido por Seguros Bolívar en 1975 y consolidado ya como el principal galardón de su genero en el país. Además del premio, Seguros Bolívar edita, bajo la inspiración y coordinación de Yvonne, una serie de libros dedicados a la obra de artistas colombianos como Obregón, Roda, Grau, etc.
EL CAMINO DEL EXITO
Cuando Yvonne llegó de Medellín donde sus padres se radicaron después de una permanencia en el Ecuador y luego en Europa, apenas había cursado tres años de primaria.
En Bogotá ingresó al Colegio del Sagrado Corazón, donde sólo estuvo ocho meses. Consiguió su primer trabajo como vendedora en las Industrias Metálicas de Palmira. Después se empleó en Aerovías Panamá, también como vendedora. Por conducto del periodista Ricardo Arbeláez, se colocó luego en El Espacio como vendedora de publicidad, y llegó a hacer una incursión en el periodismo con una entrevista al torero Joselillo de Colombia. También trabajó en una joyería, la Chivor Emerald Mines, que funcionaba en el Hotel Tequendama, y en la galería de arte El Callejón. Este recorrido culminó en 1973 con su ingreso a Seguros Bolívar.
En las relaciones públicas encontró su vocación, porque tenia todas las cualidades innatas que se necesitan para el oficio: su gusto por la gente su interés por hacer amistades, su sociabilidad. Esas cualidades le han permitido hacerse amiga de políticos con ideas tan distantes como López Michelsen y Alvaro Gómez Hurtado; de gentes de oficios tan diversos como el pintor Alejandro Obregón y el científico Salomón Hakim; de personajes internacionales tan famosos como Fidel Castro y el torero Paquirri; de hombres y mujeres de todas las edades y de todas las profesiones. Pero tambien, paradójicamente-, han ganado enemistades: por ejemplo, las de algunas esposas celosas que la consideran un peligro para su estabilidad matrimonial, por el afecto que le guardan sus maridos.
SOLTERA SIN REMEDIO
A Yvonne Nicholls esto la tiene sin cuidado. "Nunca he sido un peligro para nadie, ni me ha interesado desbaratar ningún matrimonio", dice sin vacilación. Y también dice que nunca le ha interesado casarse. No le preocupa la soledad que pueda tener en la vejez, porque se siente dueña de un patrimonio que en su opinión no perderá jamás: el afecto de sus amigos.
Ese acceso le ha dado muchas cosas, como la cultura. Porque a través de sus relaciones con personajes, artistas, científicos y escritores, ha aprendido mucho de ellos. Le ha dado también una vida rica en experiencias, desde las más superficiales hasta las más importantes. De una recepción en la Carrera 17 salió la amistad del Presidente Belisario Betancur con Rodrigo Lara Bonilla, quien sería después su ministro de Justicia.
Casi nada pasa en la política colombiana sin que se sepa en la casa de Yvonne, bien sea porque la llaman los amigos a contarle o porque en ella se reúnen a dialogar. Esto llevó a uno de los mejores amigos suyos a comparar los salones de la Carrera 17 con los de Madame Recamier, en el Paris del Siglo XVIII. Como en los de la francesa, en esos salones se ha hecho historia. También se han hecho otras cosas, como el amor. Lo que tal vez nunca se sabrá es cómo ni a qué horas. Pero Yvonne no lo niega. Sonríe, con malicia y satisfacción. Se guarda el secreto y murmura: "Que se sigan mordiendo las uñas los que no me conocen... "
Como en todo personaje singular y exitoso, en Yvonne Nicholls hay también un enigma íntimo. Es posible que a pesar de sus éxitos y amistades, del reconocimiento que ha recibido por sus méritos, y de las satisfacciones que ha derivado de su oficio, en el fondo sea una persona insatisfecha. A los ojos de otras mujeres, sobre todo de aquéllas que tienen ideales más ortodoxos (los de realizarse como madres, esposas, ejes de hogar y vértebras de la sociedad), Yvonne Nicholls puede aparecer como una persona vana y en cierto modo fracasada, poque a estas alturas de su vida no ha unido su vida a un hombre, no ha tenido hijos ni ha formado un hogar. Al respecto, ella, en forma impertinente y contundente, responde: "No me interesa cambiar mi vidapor una casa con niños, pañales y marido... sobre todo si el marido llega a las seis de la tarde". -
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