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| 12/7/2010 12:00:00 AM

El poder está en la pose

¿Podemos convencernos a nosotros mismos y también a otras personas de que nos sentirnos bien en el lugar en el que trabajamos?, se pregunta Lucy Kellaway del periódico británico The Financial Times.

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BBC
Estoy redactando esta carta con mis pies sobre el escritorio y mi teclado balanceado sobre mis muslos. Como la posición no es muy cómoda, más me vale que sea rápida.

La razón para sentarme de esta curiosa manera es poner a prueba una nueva teoría científica que señala que al asumir una posición de poder uno se vuelve más poderoso.

Sentarse y poner las piernas sobre el escritorio no sólo te hace lucir más imponente en los ojos del mundo, también te hace más imponente ante tus propios ojos.

Según la investigación del Harvard Business School, asumir una "pose de poder" aumenta los niveles de testosterona en un promedio de 20% y disminuye el cortisol (la hormona del estrés) en una cantidad similar.

Asumir la pose
El estudio titulado "El poder de la pose: muestras no verbales breves afectan los niveles neuroendocrinos", además de ser interesante en sí mismo, restaura la confianza en la utilidad del trabajo realizado en la Harvard Business School en Estados Unidos.

Se trata de una manera fácil de tener más éxito que no implica poner la carrera de una persona en suspenso durante un año mientras gasta miles de dólares en un MBA. Para tener éxito, sencillamente hay que fingir que uno tiene éxito.

La teoría explica por qué a las mujeres no les va tan bien en el trabajo. Para nosotras no es tan fácil poner las piernas sobre el escritorio si llevamos puesta una falda.

Y no somos buenas en gestos de poder. A pesar de que podríamos ser expertas en engañar a los demás, no somos muy buenas engañándonos a nosotras mismas.
Esperanza

Sin embargo, existe otro trabajo de investigación, aún más interesante, con el que me topé recientemente y que trata sobre algo en que las mujeres son excelentes: la adulación.

Un artículo reciente de la revista británica The Economist aborda un estudio realizado por Jennifer Chatman en la Universidad de California, Berkeley.

Ella se propuso descubrir si existe un nivel en el que la adulación deja de funcionar y encontró que no.

Yo era bastante escéptica pues siempre pensé que la zalamería desvergonzada no sólo es indigna sino también ineficaz.

Así que decidí poner a prueba esta teoría. Escogí a seis colegas, cada uno de los cuales había escrito recientemente algo que yo admiraba y los fui elogiando cada vez más.

La hora de la verdad
Comencé con: "Disfruté mucho tu artículo sobre 'xx'", procedí entonces a la segunda fase: "Es decir, me pareció que es un artículo muy inteligente", y de ahí a: "de hecho, es el mejor artículo que he leído en el periódico o en cualquier otro lugar", seguidamente terminé con: "Yo no sé cómo haces, eres un genio total".

En cada caso, la sonrisa se amplió a medida que aumentaba la dosis, y cuando se llegaba a la última fase se percibía una oleada de placer en la cara de la persona.

En tres de los casos, la persona me respondió que yo también era un genio, una observación que inexplicablemente estuve dispuesta a aceptar sin cuestionar.

Por supuesto, la dispensación de adulaciones de forma tan calculada no se siente del todo cómoda. Pero al menos no provoca hormigueo.

Ahora puedo confirmar que sentarse con los pies en alto durante períodos prolongados puede hacerte más poderosa, pero también te hace perder la sensibilidad en las piernas.
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