Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1992/10/19 00:00

EL PRECIO DEL ESCANDALO

Los efectos de los escándalos de la realeza británica empiezan a verse. Por primera vez, la reina Isabel ha notificado que está dispuesta a pagar impuestos.

EL PRECIO DEL ESCANDALO

EL DESCONTENTO generalizado entre los súbditos por el censurable comportamiento de los miembros de la familia real se ha acrecentado a tal punto en las últimas semanas, que la misma reina Isabel ha empezado a considerar la posibilidad de pagar impuestos sobre su fortuna particular la cual ha sido estimada en 14.000 millones de dólares los bienes como una forma de recuperar en algo la imagen de la monarquía. Aunque en el pasado algunas voces han demandado a la realeza cumplir sus obligaciones con el fisco, esta es la primera vez que el tema es tratado en Buckingham Palace.
El caso es que a los británicos les cuesta 160 millones de dólares anuales mantener a la familia real. Esta cifra sobrepasa de lejos los gastos de cualquier otra monarquía europea. Además, el hecho de que el Reino Unido aparezca como el segundo país con mayor pobreza de Europa Occidental, después de Portugal, ha alimentado las protestas. En una encuesta realizada recientemente por el tabloide The Sun, un 80 por ciento de los británicos está en contra de la exención de impuestos. Y según la consulta pública de un canal de televisión, tres cuartos de la población piensa que la monarquía es un lujo que el país ya no está en capacidad de sostener. Pero esta inquietud no se ha limitado a los tabloides. En las páginas editoriales de The Times, el asunto se ha ventilado varias veces en la últimas semanas.
Lo que realmente molesta a quienes intentan calcular la fortuna de la monarquía, es el secreto que siempre se ha mantenido al respecto. Este velo de misterio comenzó con George VI padre de la reina Isabel. El historiador Phillip Hall autor del libro "Royal Fortune, Tax, Money and the Monarchy" cuenta que las familias reales empezaron a pagar impuestos hacia 1800, con George III, cuando se hizo por primera vez una diferencia entre la fortuna pú
blica y privada del rey, y se determinó que la monarquía pagaría impuestos sobre los bienes privados. Cuando la reina Victoria llegó al trono, gracias a una austera administración por parte de su esposo" el príncipe Alberto" la fortuna de la realeza comenzó a crecer. "Desde entonces comenta el escritor la monarquía paga cada vez menos mientras la lista de cuentas que los contribuyentes deben pasar crece cada vez más. Se sabe que el padre de la reina Isabel. George VI, alimentó sus arcas con el negocio de sus caballos de raza. Cuando llegó al trono, en 1936, su fortuna privada ascendía a 750.000 libras esterlinas (25 millones de hoy) pero el soberano se las arregló para que la monarquía pasara de pagar algunos impuestos a no pagarle nada al Estado. Ello ha permitido que en los últimos 50 años la realeza británica enriquezca sin control y sin que nadie se entere de sus manejos financieros.
En este momento el dilema está en definir si la reina es empleada del Estado. La Civil List, financiada por el pueblo, le paga, como sueldo, 16 millones de dólares anuales, además de los salarios de sus empleados y de los otros miembros de la monarquía. (En comparación, el rey Juan Carlos de España sólo le cuesta al país nueve millones de dólares, y el monarca español además paga impuestos sobre su fortuna privada). Sin embargo, para la ley británica, el estatus de empleado es aquel donde existe una relación entre patrón y sirviente. Y no se puede decir argumenta el Times que la reina tenga un patrón y menos que sea sirviente de alguien, Pero si fuera considerada como empleada, tendría que pagar una gran suma de impuestos adicionales por algunos de sus bienes. Tal es el caso del yate Britannia -el segundo más grande del mundo-" el cual tiene un costo de mantenimiento anual de 18 millones de dólares, que corren por cuenta del Ministerio de Defensa. Similares argumentos habría con el avión real, con un costo anual de operación de 14 millones de dólares" y el mantenimiento de los castillos y palacios de la familia real que le cuestan a los contribuyentes algo más de 50 millones de dólares al año.
La solución a este dilema, sugieren los expertos, sería establecer una categoría de bienes exentos de impuestos y cubiertos por la Civil List, para poder concentrarse sólo en la riqueza privada. Sin embargo la fortuna personal incluye caballos propiedades, joyas, obras de arte y una enorme lista de inversiones, que es la parte más impenetrable de la riqueza de la familia real. Hay quienes se atreven a estimarla en 2.000 millones de dólares.
Se dice que es el propio Carlos quien más ha presionado a la reina para que considere el pago de sus impuestos y le aclare al pueblo los secretos alrededor de su fortuna. A diferencia de su madre, el príncipe de Gales paga el 25 por ciento de sus impuestos (lo legal es el 40 por ciento) sobre los 2.5 millones de dólares (cuatro millones de libras esterlinas) anuales que obtiene anualmente del ducado de Cornwall. El, más que nadie, sabe que la popularidad de su familia ha sufrido una drástica caída en el último año, y que de no mejorar la imagen de la monarquía, su oportunidad de llegar al trono será cada vez más reducida.

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