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| 10/8/2001 12:00:00 AM

El primer beso

En el mes del amor y la amistad, besos para dar y convidar.

El siglo XXI pasará a la historia como uno de los más impúdicos en la historia de la humanidad. La gente de hoy ya no le teme a hablar de sexo, abundan las llamadas relaciones “abiertas”, en las que cada quien es dueño de su cuerpo y de su espacio, las mentes han caído víctimas de la pornografía y el sexo virtual es otro de los aciertos (o desaciertos) de Internet. Los gay han salido del closet y no pierden oportunidad para hacer respetar sus derechos y desfilar por las avenidas de las principales capitales del mundo. Sin embargo, en medio de ese mar de contactos reales e imaginarios, liberados o recatados, hombres y mujeres siguen rendidos a la magia todopoderosa del beso. Manifestación insigne del amor, caricia predilecta, demostración inequívoca de afecto, llámese como se llame, el beso sigue siendo el principio, la señal erótica por excelencia. Desde tiempos inmemoriales el mundo besa de mil formas y por mil razones. Emblema del celuloide, sello trágico en la ópera, la Biblia y la dramaturgia. Principio obligado del rito sexual. ¿Quién inventó el beso? Difícil cuestión. Pero a pesar de que las formas de amor o de sexo cambian con el paso del tiempo el beso sigue siendo el mismo desde las épocas de Adán y Eva. Dígase lo que se diga, sigue siendo el rey. El beso acalla la palabra y casi llega a reemplazarla. Es sinónimo de reconciliación. También hay quienes dicen que es un relajante “natural” capaz de aliviar cualquier dolor físico. Inspiración de grandes boleristas como Don Felo, el mismo de “En un beso la vida… en tus brazos la muerte…”, e inmortalizado en los labios de Clark Gable y Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó, la imagen del beso ha dado para todo: hoy se venden preservativos, ropa íntima o enjuagues bucales con un beso apasionado de por medio. No importa, nada le quita su poder de seducción, su intensidad, su esencia romántica.

Besos de amor, besos que marcan para siempre, besos con rabia y besos para olvidar. Hay besos de besos, de amigos que se saludan todos los días y amores que se despiden inevitablemente, como el que se dan los amantes fugitivos en Bodas de sangre cuando presienten que el fin está cerca. Hay quienes tienen el don de inventar besos que se quedan para siempre en la memoria de sus amantes y hay quienes aseguran poder reconocer ese único beso entre miles: “Cómo te atreves a insinuar que ni te acuerdas de aquellos besos que yo inventaba para ti”, dice el bolero del maestro cubano Frank Domínguez. El beso como una huella digital que se estampa en los labios de quien se quiere o el beso como un dulce recuerdo de adolescencia. Como esos primeros besos, que a veces tienen más de anecdótico y de traumático que de placentero.

En el mes del amor y la amistad SEMANA entrevistó a algunos personajes de la vida nacional acerca de ese primer sello, de ese primer beso que nunca se olvida.
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