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| 11/6/2000 12:00:00 AM

El salvador

El nacimiento de un bebé manipulado genéticamente para servir de donador a su hermana enferma genera polémica mundial.

En agosto pasado, en el Fairview University Medical Center de Minneapolis, nació Adam Nash, un saludable varón que sin proponérselo ha suscitado una de las más álgidas polémicas sobre fertilización en los últimos tiempos. En su familia, sin embargo, el regocijo que ha provocado Adam ha sido doble pues Lisa y Jack Nash, sus padres, no sólo están contentos de tener un segundo bebé sino también de que con él haya llegado la salvación para su primogénita Molly, una niña de 6 años que nació con un problema congénito mortal.

La enfermedad de Molly se conoce como anemia Fanconi y ocasiona una inhabilidad en el organismo para producir médula ósea. Los pacientes como ella sufren de sangrados severos y desórdenes del sistema inmunológico. Sólo llegan a vivir hasta los 8 ó 9 años, a no ser que sean sometidos a un trasplante de médula. Pero en estos casos el donante debe ser un hermano con un sistema inmunológico compatible al del enfermo.

Como Molly era hija única sus padres decidieron darle el hermano que ella necesitaba para vivir. Acudieron al Illinois Masonic Medical Center, en donde aplicaron un proceso de fertilización combinado con una técnica de preselección genética llamada Preimplantation Genetic Diagnosis —PDG—. Este método permitió elegir de entre varios embriones de la pareja aquel que no tuviera la anemia de su hermana y con las características genéticas similares a las de Molly .

El resultado de este proceso es Adam. Los expertos creen que, gracias a él, hoy Molly tiene entre 80 y 90 por ciento de posibilidades de recuperarse pues en el momento del nacimiento él le donó las células madre de su cordón umbilical, las cuales le fueron transfundidas inmediatamente.

Muchos han visto el caso como una bella historia de salvación. Sólo quienes tienen un hijo enfermo pueden imaginar el alivio que produce saber que existe una posibilidad de salvarle la vida y que esa posibilidad sea un propio hermano. Además, según explica el médico genetista Emilio Yunis, si la pareja concibe el bebé por el método natural hubiera tenido una probabilidad en cuatro de tener un hijo con la enfermedad o con un sistema inmunológico incompatible con el de la niña. “Es posible que hubieran tenido ocho hijos y ninguno de ellos resultara indicado para el trasplante”, dice. Esta técnica, sin embargo, da la oportunidad de seleccionar el embrión adecuado de una manera mucho más efectiva.

Pero mientras la familia está feliz con el nacimiento de una nueva esperanza para su hija la comunidad científica ha puesto el grito en el cielo. Por un lado, temen que este tipo de situaciones abra las puertas para el mercado de bebés a la carta, diseñados en una probeta a pedido y capricho de los padres. También han cuestionado las implicaciones éticas de traer hijos con un fin específico en el mundo, como es el caso de Adam. “Más que una persona este niño es una materia prima”, dice Vivienne Nathanson, del British Medical Association. Aunque no hay duda de que esto es poner la ciencia al servicio de quienes lo necesitan, es preciso generar estas discusiones para que se establezcan límites muy claros alrededor del tema. Yunis opina que se debería permitir este tipo de procedimientos pero sólo en casos terapéuticos. Después de todo la vida también es diversidad y de eso únicamente se puede encargar la madre naturaleza.
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