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| 10/4/1982 12:00:00 AM

EL SEXO DEBIL SACA MUSCULO

El trabajo le dio a la mujer independencia económica y la píldora le dio la libertad sexual. Ahora el ejercicio le da, además, fortaleza física

Legó la hora de la desilusión definitiva para los hombres que daban la vuelta lelos de admiración ante el paso de unas abundantes caderas femeninas o de unos senos generosos. También quedarán defraudados los más jóvenes, aficionados a ver en la mujer ese hueso pelado que sólo se logra tras días de dieta de inanición.
Hordas de mujeres trotando, practicando natación, haciendo gimnasia y hasta alzando pesas, están demostrando que prefieren la firmeza de unos bíceps formados y el lustre de una espalda bien desarrollada y tostada al sol, al carnal encanto de las grandes curvas que hicieran estragos en las épocas de la Monroe, o aún a la flacura biafrana que impusiera Twiggi hace 15 años.
Esta locura por "estar en forma", tan desatada en los Estados Unidos que acaba de merecer carátula de la revista "Time", es impulsada por paradigmas de la armonía, la fortaleza y el desarrollo físico como son Jane Fonda o Victoria Principal, y tiene por seguidoras a miles de mujeres de todas las edades, los colores y los oficios.
En Colombia, el eco de esta fiebre ya se deja sentir y está poniendo a trotar y a sudar a varios cientos.
El brío con que ha golpeado esta nueva concepción de la belleza tiene una base social y cultural evidente: si el trabajo le dio a la mujer independencia económica y la píldora le dio libertad sexual, ahora el ejercicio le proporciona otro de los atributos hasta ahora exclusivos del hombre: la fortaleza física.
El mito del "sexo débil" ya no convence a sus integrantes. Una mujer puede poner cara de huérfana en el aeropuerto y tratar de conmover a algún caballero para que le cargue la maleta, o puede pararse en pose desamparada al lado de una llanta pinchada para seducir a un galán que pare a cambiársela. Pero estas fórmulas tradicionales resultan poco prácticas para la mujer moderna, que prefiere arreglárselas por si misma, con un poco de músculo y algún dominio de una cruceta.
SE HACE, NO SE NACE
En la década del 30, nacer feo en Colombia, si se era mujer, era una calamidad que equivalía más o menos a nacer con tres brazos o con pelo verde. La revista "El Gráfico", editada en Bogotá, en un número de esa época, así lo constata en su página femenina.
"La situación creada para la mujer fea en la sociedad es casi igual a la de un misionero africano condenado a muerte por una tribu de antropófagos. Hubo una época, allá por los años de 1860, en que los sesgos, las cofias de bridas y el valor moral estuvieron de moda. Decíase de una mujer fea pero virtuosa: 'Oh, que alma tan bella'. Hoy día se dice sencillamente: 'Es un camello'"
Porque durante años los atributos considerados bellos en una mujer eran producto de los genes. Eran la buena estrella y una cierta composición genética las que hacían que una mujer, entre 20, naciera rellenita, blanca redonda, con curvas en los lugares precisos y con facciones clásicas. La actual estética, más democrática, reza que es bella cualquier mujer que se proponga serlo independientemente de la edad que tenga y de si natura tuvo o no la deferencia de adornarla debidamente.
Logra "estar en forma" cualquiera que se imponga ciertas reglas elementales de salud y que ejercite el cuerpo sistemáticamente. La nueva regla de oro, más que de la buena suerte, es producto de la voluntad: armonía, fortaleza salud, firmeza.
Al baúl, donde hace décadas está archivado el corset, pasan ahora las dietas franciscanas - comprobadamente nocivas para la salud-- las cirugias plásticas peligrosas, la tortura de la depilada de cejas, el embadurne de cosméticos, la vestimenta que aprieta o que inhibe los movimientos.
Sin necesidad de parecer una almohada, pero tampoco una tabla, la mujer actual, tiende a poner sobre sus huesos un buen juego de músculos que hacen su cuerpo sinuoso y ágil. Y sobre todo, que le abren un nuevo margen a su libertad. Libertad para moverse, para trabajar e inclusive para desempeñarse sexualmente. La nueva orientación, tal como la explica Time, parte del supuesto de que una mujer que se preocupa por desarrollarse físicamente se interesa también por desarrollarse sexualmente. Y, según la concepción pragmática de los norteamericanos, el sexo es, en últimas, una forma de ejercicio entre dos.
Libertad, además, para destapar y mostrar el cuerpo femenino, que ya no tiene "oscuros misterios" que esconder, sino fibra y músculo para mover a la luz del sol.
Según se puede probar por las pautas de belleza dictadas por la ya inexistente revista "El Gráfico", las colombianas que hoy siguen las voces de sirena de Hollywood y Manhattan lo que hacen es volver a los postulados que imperaban en Bogotá en los años 20.
Dice un número de "El Gráfico" de 1923: "La primera condición de la belleza es salud. La salud no es exclusivo don del cielo, como algunos piensan: la salud es en gran parte cuestión de voluntad. Primeramente es cuestión de limpieza: del cuerpo y del alma. Agua a cántaros, virtud por arrobas. Y sobre todo, para ser realmente bonitas, nada de afeites. Afeites son los polvos, las pinturas, el horrible rojo color de remolacha que algunas de ustedes se ponen en los labios..."
Ya hay varias colombianas que, sin saberlo y por seguir las instrucciones de Jane Fonda, han desempolvado la vieja prédica de "belleza es salud" de sus abuelas.
TROTANDO EN CRIOLLO
En Bogotá, Therese Leleux, una belga muy "en forma", ha logrado montar una próspera empresa a punta de ponerle música e imaginación al un-dos-tres de la gimnasia rítmica.
Su instituto se hizo fuerte al importar a Colombia el "jazzercise", nuevo fanatismo que como su nombre lo indica mezcla jazz con ejercicio, y va templando músculos mientras se baila música disco. Madame Leleux, antes de que el matrimonio con un colombiano la trajera a tornear siluetas a estas latitudes, era bailarina en su país de origen, donde practicaba desde un clásico "pas-de-chat" hasta un enérgico "tap-dance". Aquí ha ganado nombre quitándole al ejercicio su carácter de martirio, para convertirlo en un divertido pasatiempo donde el muslo y la cadera van perdiendo adiposidad sin sacrificio.
Hercilia Bejarano de Flye, encargada del entrenamiento gimnástico del centro "Belleza y Salud", es una de las primeras bailarinas profesionales que tuvo Colombia. Mujer de músculo macizo y cara de Ana Pavlova, opina que le debe su físico a la combinación de buena nutrición y horas de danza y ejercicio. Dado que se trata de llegar al equilibrio, no sólo físico sino también emocional, se pronuncia drásticamente en contra de las "dietas shock", que si bien reducen 15 kilos en igual número de días, tienen secuelas graves como el debilitamiento del organismo, la descompensación emocional, el envejecimiento prematuro. La directora de ese mismo centro, Inés Gutiérrez Gómez, es el ejemplo de la mujer de empresa que, además, se dedica a la cultura física. Ser economista y trabajar en el Banco Central Hipotecario y en la Universidad de los Andes, no ha sido obstáculo para que le dedique un buen número de horas al día para fabricarse un cuerpo estupendo y enseñar a otras a hacer lo mismo.
Opina que, "el nuevo tipo de belleza está pensado para la mujer que lleva un alto ritmo de actividad. Los rulos y los guantes eran buenos para la mujer de antes, que podía pasarse horas sentada bordando. Hoy el tren de trabajo nos exige estar sanas y equilibradamente musculadas"
Claudia Mallarino, de 25 años, licenciada en educación física en la Universidad Pedagógica, es el ejemplo perfecto de la nueva orientación. Profesora de gimnasia y "jazzercise" en varios colegios y en una universidad, nada y patina sistemáticamente y además, practica la danza moderna y el ballet clásico. Opina que la tendencia a fortalecer el cuerpo femenino no tiene por qué darle aspecto masculino.
"Si al levantar pesas, por ejemplo, se contraen los músculos, se puede contrarrestar esto con ejercicios compensatorios que les devuelvan la elasticidad. Es posible desarrollar los músculos sin hipertrofarlos" Opina que el furor por "mantenerse en forma" está arrastrando a muchas mujeres en Colombia que han adoptado el hábito deportivo como modus vivendi. "Es más que la silueta lo que está en juego; también la seguridad, la tranquilidad, el equilibrio. El ejercicio es buena cura contra la neurosis" Según ella, cualquier mujer, por ocupada que sea, puede ponerse a tono con esta nueva racha: saltar lazo, por ejemplo, ejercita los músculos, no requiere espacio y no cuesta más que dos metros de piola. Como profesora de gimnasia sostiene que el ejercicio mecanizado y sufrido, las cien flexiones diarias, han quedado sólo para los reclutas. Ahora se buscan maneras más divertidas, como el aerobismo o el "jazzercise", de aumentar el ritmo físico de la vida.
La historia, pues, decidirá si la fisicultura será una moda pasajera o si por el contrario es la entrada definitiva al aspecto del futuro. Por ahora, está haciendo estragos, a pesar de las nostálgicas añoranzas de aquéllos que opinan que un amenazante músculo en el brazo femenino no reemplaza la acogedora tibieza de un muslo blando.
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