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| 7/10/2000 12:00:00 AM

El ‘show’ de la intimidad

En la era cibernética lo privado ha dejado de ser un valor que deba protegerse. Ahora nada se oculta al escrutinio público.

En 1998 Peter Weir puso a reflexionar a medio mundo con su película Truman Show, en la que mostraba a Truman Burbank, un hombre común y corriente cuya vida era seguida por millones de televidentes sin que él lo supiera.

Ese argumento planteaba un mundo regido por cámaras y micrófonos donde la intimidad fuera un concepto del pasado y sólo imperara la ley del rating.

Sólo dos años más tarde no hace falta imaginar tal escenario pues shows parecidos al que protagonizó Truman Burbank en la ficción son hoy parte de la realidad en Europa y Estados Unidos.

Los ejemplos son muchos. La cadena de televisión estadounidense CBS estrenó recientemente un programa concurso llamado Survivor, que muestra cada semana el transcurrir diario de 16 náufragos en la isla de Pulau Tiga en Borneo.

En este programa no hay libreto ni guiones y, a diferencia de Truman Show, los concursantes saben que están siendo televisados. Los 16 escogidos –entre 22 y 77 años– tendrán que convivir en la isla durante 39 días con mínimos recursos. Las directivas del show seleccionaron aquellos concursantes con fuertes personalidades para garantizar la emoción del concurso. Por lo tanto se espera que haya peleas, traiciones y que la emoción sube a medida que el grupo vaya decidiendo cuál de los 16 participantes debe marcharse del programa. Quien sobreviva se lleva el premio de un millón de dólares.

El concurso es por el estilo de Big Brother (Gran Hermano), una serie que saldrá al aire por la cadena CBS en julio y será presentada todas las semana hasta septiembre. En él participarán 10 concursantes que vivirán en un apartamento equipado con 28 cámaras y 60 micrófonos que están a la espera de romances, riñas, traiciones o demostraciones de solidaridad.

Este show, al igual que Survivor, son copias de programas similares que han sido muy exitosos en Europa. En España el éxito de Gran Hermano ha sido más grande que los espectáculos más taquilleros en la historia.

Pero antes de Big Brother y Survivor surgieron otros del mismo corte, como Who Wants to Marry a Millionaire (Quién quiere casarse con un millonario), en el que el fin es conseguirle esposa a un millonario. Las participantes se inscriben, la audiencia vota, hay eliminatorias, el novio escoge a su prometida y al final un juez declara a la pareja marido y mujer ante millones de televidentes.

En Real World, una serie de MTV que comenzó en 1992, la trama se alimenta de las situaciones reales que viven un grupo de jóvenes en Estados Unidos.

El éxito de la televisión real ha sido tal que la cadena Public Television Service va a realizar una serie en la cual una familia vive durante tres meses en una casa a la usanza de 1900.



Ojo mágico

El programa Big Brother nació en Holanda y fue bautizado así para hacer alusión al libro 1984 de George Orwell, cuya trama gira en torno a una sociedad futurista dominada por el Gran Hermano, líder de un partido totalitario que mantiene una permanente vigilancia en cada uno de sus súbditos.

Pero ese título no sólo le queda bien al programa sino a toda la cultura que ha surgido alrededor de las cámaras, al gusto de verse retratado en ellas y al de los otros por fisgonear lo que pasa de puertas para adentro. Porque si bien no existe un gran ojo supervisando cada paso de los ciudadanos como se pronosticaba en 1984, poco a poco las cámaras se han ido apoderando de las espacios públicos y privados, provocando una mezcla de exhibicionismo y voyeurismo.

Internet está inundada de sitios que muestran las 24 horas la vida de personajes anónimos que a través de estas cámaras encuentran un modo de identificación con el mundo. Las más famosas son la de Jenni (jennicam.com) o la de Tina (tinacam.com) pero tambien está el caso de Voyeur Dorm. Por 34 dólares mensuales los usuarios pueden mirar dentro de una casa donde viven seis mujeres entre los 19 y 24 años. Hay 38 cámaras que filman las 24 horas en todos los rincones.

Este tipo de websites ha tenido tanta notoriedad que ha opacado los miles que en tiempo real le muestran al usuario de Internet cosas intrascendentes pero atractivas para muchos, como por ejemplo spamcam.com que enfoca cómo se descompone una lata de carne en un plato, o aquel que muestra en su hábitat a los más variados animales. En 1998 hubo uno que le montó una vigilancia durante 24 horas al abogado de Monica Lewinsky.

Según NPD Intelect, una empresa de telemercadeo, se estima que en Estados Unidos se venden más de 1.000 cámaras diarias para este propósito.



Sociedad enferma

Muchos creen que las cámaras que se meten en el rancho de cualquiera son inofensivas y lo son en la medida en que cada cual es libre de abrir su puerta al mundo o de participar en un concurso aunque eso implique vivir bajo bajo un ojo electrónico.

Pero otros creen que este fenómeno es producto de una sociedad narcisista que no encuentra valores interiores. Según el sicoanalista Germán Aguirre, en la sociedad de Occidente las personas crecen con vacíos interiores que sólo se llenan con este tipo de conductas. “Por eso realizan actividades de mucho riesgo, extravagantes, exhibicionistas. Son regresiones infantiles para llamar la atención y llenar sus necesidades afectivas”.

Para Peter Crabb, sicólogo de la Universidad de Pennsylvania y un estudioso del tema, lo que está sucediendo es una colisión de dos fuerzas: la naturaleza humana y la tecnología. Porque es humano mantener un ojo en el otro para saber quién es y verificar que la vida sea segura y predecible. Pero demasiada vigilancia puede causar violación de la privacidad. “Estos sitios destruyen ese fino balance ”.

En la medida en que las cámaras web aumenten en la red la línea entre lo privado y lo público será más difícil de distinguir.

Según Omar Rincón, crítico de televisión, gracias a la tecnología las personas han logrado llevar la mirada más allá de lo que antes era permitido. Por eso cree que estos programas no deben ser objeto de crítica pues como fenómeno televisivo son “maravillosos”. “Lo que hay que preguntarse es ¿por qué tenemos que buscar una cámara para existir?”, dice Rincón.

Para Catalina Botero, magistrada auxiliar de la Corte Constitucional, la intimidad es un derecho tan valioso que le resulta grotesco ver que la gente llegue a estos extremos. “Yo me pregunto qué tipo de sociedad creamos que en lugar de ver soluciones para las hambrunas todo lo que queremos ver es a otros haciendo pipí”.

La cultura de exhibirse y husmear al vecino puede crear problemas en el futuro. Según Peter Crabb, el riesgo es que el voyeurismo que se realiza sin frenos es similar a lo que sucede cuando se tiene una provisión ilimitada de una droga: “Mientras más se usa, más se necesita para producir los efectos esperados”, dice.

Además encuestas han mostrado que quienes trabajan con monitoreo permanente tienen niveles más altos de depresión y menos productividad. Otros estudios de creatividad muestran que las mejores ideas surgen en los sitios más íntimos, como en la cama o el baño.

Y como dice el refrán, la curiosidad mató al gato. Por eso causa sorpresa que gracias a la tecnología muchos estén dispuestos a vulnerar el santuario de la intimidad por un millón de dólares, un riesgo que puede resultar mucho más costoso que eso.
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