Martes, 17 de enero de 2017

| 1992/05/25 00:00

EL SINDROME DE PETER PAN

Según los sicólogos, los jóvenes de hoy están prolongando la adolescencia más de la cuenta.

EL SINDROME DE PETER PAN

LOS PROTAGONISTAS DE ESTA HISTOria son los hijos de la generación del "baby boom", que ya andan por el final de la veintena. Según los sicólogos, un creciente número de jóvenes está sufriendo del síndrome de Peter Pan, es decir que deciden congelar indefinidamente su adolescencia para eludir responsabilidades. Como el personaje de James Barrie, viven un mundo de fantasía y sueños que no quieren perder "nunca jamás". El síntoma claro es que la gente hoy espera mucho más que antes para contraer matrimonio. Al decir de los demógrafos, cada vez un sector más amplio de la población entre 25 y 35 años permanece soltera. Según las estadísticas del Dane, el 25 por ciento de los colombianos de ese grupo de esa edad no se ha casado (uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres) y, la gran mayoría, continúa viviendo con sus padres. ¿Porqué? Los sociólogos la llaman la generación del "not yet". A pesar de que económica y sicológicamente poseen muchas más condiciones de las que tenían sus padres al momento de casarse y aunque la mayoría desea casarse no se deciden porque desean contar con el tiempo y el dinero suficiente para hacer su propio camino. Y como vivir en la casa paterna resulta más cómodo y barato, se quedan indefinidamente para poder disfrutar de sus primeros ingresos. "¿Por qué dejar esta deliciosa independencia tan pronto?", dice una abogada de 29 años quien, como muchos de su generación, intenta mantener sus opciones abiertas el mayor tiempo posible: "Quiero tener tiempo para mí misma, no sólo ser una esposa y madre. Si tengo mi profesión, no tengo por qué depender de alguien".
"Me siento muy bien en mi casa, puedo hacer lo que quiera con mis amigos y gastar mi plata en música y ropa, que es lo que me gusta", agrega Patricia, de 26 años, recién egresada de arquitectura. Mientras su compañero de trabajo, Camilo, un ingeniero de 31 años agrega: "Aunque pienso casarme, no me ha llegado la hora de plantearme esos problemas. Yo sé muy bien lo que quiero y no tengo prisa para nada".
Pero no sólo es el deseo de disfrutar al máximo la independencia lo que ha generado este fenómeno. Esta generación encuentra un gran apoyo social para aplazar lo que siempre se ha llamado "establecerse". En primer lugar, en nuestro medio, al contrario de lo que sucede en otros países, cuando se llega a la mayoría de edad no se deja la casa paterna. En segundo lugar, la sociedad actual no juzga a los solteros tan severamente como antes. Hoy existe una más universal aceptación de la idea de que entre más maduro se llegue al matrimonio es mejor. "Nadie espera que yo me case y tenga hijos antes de afianzarme en mi carrera", dice Carlos, un ingeniero de sistemas de 32 años. Además, también es cierto que gran parte de ellos son hijos del divorcio y temen seguir los pasos de sus padres. Por eso piensan que entre más esperen más posibilidades tienen de encontrar a la media naranja.
Además la inflación contribuye a que la generación del "todavía no", aplace mucho más tiempo sus planes de matrimonio. Es cierto, hoy no es fácil disponer de los recursos económicos necesarios para sostener un hogar. Pero además el tiempo en que las parejas se casaban sin un peso y poco a poco iban adquiriendo los muebles, el carro, y la vivienda ha pasado. "Hoy las parejas quieren salir del altar para instalarse en un hogar completamente dotado. El romántico nido de amor ya no se construye con años de ahorro y esfuerzo conjuntos; por el contrario, los jóvenes quieren desde el comienzo disfrutar de todo ese confort que sus padres gastaron años en conseguir", señala una terapista de pareja.
En opinión de algunos sicólogos, este fenómeno tiene también un ángulo emocional. Aunque sin duda hombres y mujeres quieren obtener de la vida las mismas cosas, tratándose de amor, matrimonio e hijos los relojes biológicos de los dos sexos ya no están sincronizados. Siempre se ha dicho que el ser humano sabe cuándo es tiempo de enamorarse, casarse y tener hijos.
Pero de acuerdo con algunos expertos, cada sexo tiene su propia tabla de tiempo y se basa en diferentes prioridades. "Los hombres tienden a vivir en el presente -dice la sicoterapista- y cuando quieren algo lo quieren ahora. En contraste, las mujeres son visionarias y constantemente juegan con la interacción del presente y el futuro". Casos se ven de hombres que después de sacarle el cuerpo al matrimonio por muchos años, aduciendo que "no están listos", seis meses más tarde llegan sonrientes al altar con una mujer que acaban de conocer. ¿Es ella tan irresistible como para convertirlo de la noche a la mañana en un fiel esposo? No realmente.
Ella simplemente llegó en el momento indicado.
Según la famosa consejera sentimental Joyce Brother -en su libro- "Lo que toda mujer debe saher sobre los hombres", hombres y mujeres viven se enfrentan y se relacionan a diferentes ritmos. "Le toma a un hombre un promedio de siete segundos decidir si quiere conocer mejor a una mujer; mientras una mujer después de 20 citas todavía está pensando si él es un buen candidato para marido".
Según esta teoría, sólo cuando las dos personas sincronizan sus relojes, las historias de amor terminan con final feliz.
Esto mismo sucede a la hora de la paternidad. Según el sicólogo Ronald Levant, los hombres y mujeres de hoy tampoco están sintonizados respecto a cuándo ser padres. Mientras las mujeres lo planean en detalle, los hombres lo aplazan indefinidamente hasta que llega un momento en que eso se convierte en una urgente prioridad. "Para el hombre, esto, nada tiene que ver con su fertilidad, como en el caso de la mujer, ya que para ellos el reloj biológico no cuenta. Se basa más en el deseo de mostrar socialmente su madurez.
Pero ahora, cuando las mujeres posponen la llegada de los hijos hasta que se han instalado profesionalmente, el hombre puede estar listo antes que ellas".
Lo cierto es que al contrario de la generación anterior que buscó tempranamente el matrimonio y la independencia de sus padres, los jóvenes de hoy entienden por independencia la libertad de compromisos y responsabilidades, y permanecen en la casa naterna aun siendo adultos (algunos incluso regresan después de un fracaso matrimonial), refugiados en ese suave y cálido reino de Peter Pan.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.