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| 12/11/2003 12:00:00 AM

El trago y el corazón

Aunque usted no lo crea tomar dos tragos diarios es más efectivo para proteger de un infarto que ir una hora al gimnasio. Lo malo es que si se excede esa dosis los efectos pueden ser desastrosos.

Que sera mejor, ¿recomendarle a la gente una dosis mínima de alcohol al día para proteger su salud o mantenerse en silencio para evitar formar a toda una generación de alcohólicos? Tal es la encrucijada en la que se debaten las autoridades de salud de Estados Unidos al analizar una serie de estudios en los que se concluye, una y otra vez, que tomar alcohol en forma moderada, ya sea vino, vodka, whisky o cerveza, puede reducir el riesgo de ataques al corazón de manera más efectiva que una dieta baja en grasa o incluso que hacer una hora diaria de ejercicio. En la investigación más reciente, realizada por científicos de la Universidad de Harvard, se encontró que quienes tomaban cualquier tipo de alcohol en forma frecuente y en bajas dosis tuvieron tres veces menos infartos que los no bebedores. No importa si se acompaña con la comida o si se toma a cualquier hora del día, la clave para reducir el riesgo parece ser la frecuencia con que se consuma pero también que se haga con mesura. Y para los médicos la definición de moderación son dos copas diarias. "Pensamos que el efecto del alcohol puede ser parecido al de tomar una aspirina cada día", afirmó Kenneth Mukamal, director del estudio. Pero como sucede con buena parte de las medicinas, que pueden llegar a ser armas de doble filo, si se excede la dosis de dos copas al día los efectos en lugar de benéficos pueden ser desastrosos para el organismo. Este trabajo no es el primero que arroja estos resultados. Desde hace tres décadas los expertos han investigado el tema y siempre se han encontrado con la misma conclusión: los tomadores moderados tienen corazones más sanos que los abstemios. Y en un mundo donde la primera causa de muerte es el infarto esto significa que quienes empinan el codo dos veces al día viven más que los que no lo hacen. Sin embargo al principio no se le daba mucha importancia a estos trabajos pues se pensaba que había otras variables ocultas -como mejor salud o mejor acceso a cuidados médicos- que podrían estar interfiriendo en los resultados. Pero a medida que se ha ido acumulando la misma evidencia en diferentes puntos del planeta y se han hecho estudios más amplios muchos cardiólogos y epidemiólogos se han visto obligados a abrir el debate sobre si se debe establecer una política de salud para estimular el consumo moderado de alcohol. Uno de los trabajos más reveladores fue realizado entre 80.000 mujeres de Estados Unidos. En este estudio se observó que quienes tomaban un par de tragos diariamente tenían la mitad del riesgo de ataque cardíaco que quienes no tomaban, aun cuando estos últimos tenían dietas bajas en grasa, hacían ejercicio diariamente y no fumaban. La conclusión de los investigadores era dramática: tomar dos copas al día era tan bueno como hacer una hora de ejercicio al día. No tomar podría ser tan grave como tener obesidad mórbida. Otra investigación realizada entre más de 100.000 personas de 40 años en el estado de California mostró que quienes tomaban moderadamente vivían más y, en otra que se realizó con daneses que sufrían de alto colesterol, tomar dos copas al día les proporcionó 50 por ciento menos riesgo de desarrollar enfermedad coronaria por bloqueos en las arterias que los que se mantuvieron sobrios. Y aunque los beneficios más grandes están asociados al corazón, estudios recientes también muestran que el alcohol en bajas dosis podría prevenir derrames cerebrales y reducir el riesgo de sufrir de Alzheimer. La explicación a este fenómeno parece ser sencilla. Según le dijo a SEMANA el doctor Miguel Urina, presidente de la Sociedad Colombiana de Cardiología, el alcohol logra subir los niveles del HDL, o colesterol bueno, que es el encargado de limpiar las paredes de los vasos sanguíneos de lípidos que potencialmente podrían obstruir el paso de la sangre (ver recuadro). Hasta este punto todo es muy claro. El problema comienza cuando la persona excede la dosis recomendada de alcohol. Los trabajos han determinado que el efecto protector se pierde cuando la persona decide tomarse siete tragos seguidos el sábado en la noche en lugar de beber una o dos copas cada día de la semana. "Comenzamos a ver los problemas entre tres y cuatro o cinco tragos al día", dijo el profesor de epidemiología y nutrición de la facultad de salud pública de Harvard, Eric Rimm, en una entrevista a The New York Times. Abusar del trago aumenta el riesgo de hipertensión y de falla cardíaca. Como si lo anterior fuera poca cosa, tomar más de tres tragos puede aumentar el riesgo de por lo menos 12 diferentes tipos de cáncer, provocar daño hepático, problemas en el páncreas, diabetes y Alzheimer. No es extraño, entonces, que los consumidores pesados de alcohol tengan un porcentaje de muerte más alto que quienes toman con moderación, esto sin contar con cifras de accidentes de carros y situaciones de violencia en las que usualmente se involucran los borrachos. En un estudio realizado entre jóvenes se encontró que quienes bebían entre tres y cinco tragos al día tenían una tasa de muerte dos veces más alta que quienes no tomaban. La Organización Mundial de la Salud tiene una manera muy elocuente de enunciar el problema: "El alcohol causa tantas muertes y enfermedades como la malaria y más pérdidas de vidas que el tabaco y las drogas". Viendo estas implicaciones, y teniendo en cuenta las dificultades que tienen muchas personas para distinguir ese umbral que conduce de una situación positiva a otra totalmente maligna, es fácil entender el dilema de los epidemiólogos y cardiólogos. Algunos opinan que lo mejor es dar a conocer toda la información que existe al respecto y que cada cual asuma una conducta bajo su propia responsabilidad. Otros han sugerido que los médicos especialistas discutan este tema en forma. Pero algunas entidades, como la American Heart Association, han optado por la fórmula de seguir estimulando a los que ya son tomadores moderados pero no recomendarle a los abstemios volverse bebedores. Otros piensan que los efectos negativos pesan más que los positivos y por eso no lo recomendarían por ningún motivo. "Yo no me atrevería a recomendarlo porque en un país como Colombia es muy difícil que la gente pare en el segundo trago", afirma Urina. El doctor Arthur Klatski, del Centro Médico Kaizer-Permanente en Oakland, California, piensa lo contrario: "La dosis de dos copas diarias de alcohol es un salvavidas y para ciertos pacientes la abstinencia podría ser letal". El secreto, en últimas, consiste en ver la dosis diaria de dos copas como una droga prescrita y no como un pretexto para vivir jincho de la perra.

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