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| 10/16/1995 12:00:00 AM

EN BUSCA DEL DESEO PERDIDO

La famosa hormona masculina, testosterona, parece ser un efectivo afrodisíaco para las mujeres posmenopáusicas.

A LOS CALORES NOCTURNOS, A LAS jaquecas, al aumento del riesgo de sufrir osteoporosis, la ciencia médica les ha prestado atención y les ha encontrado remedio. Sin embargo, cuando las mujeres que atraviesan por la menopausia ven languidecer el desco sexual, la mayoría de los especialistas lo miran más como una secuela sicológica que fisiológica. No obstante la pérdida de la libido puede ser, para un tercio de las mujeres, el resultado de la menopausia. Aunque en nuestro medio, por cuenta de la educación femenina tradicional, muchas mujeres después de los 50 ven como algo normal que su apetito sexual se apague o incluso que se extinga, y la mayoría lo toma con resignación pensando simplemente que las buenas épocas del deseo sexual ya pasaron, puede no suceder lo mismo con aquellas que atraviesan por una menopausia prematura por cuenta de una extirpación quirúrgica de los ovarios. Y para muchas mujeres la pérdida de la libido puede llegar a ser una condición permanente.
La buena noticia es que hay un afrodisíaco antienvejecimiento que puede rescatar el deseo sexual perdido. La mala es que el tratamiento sigue siendo controvertido debido a algunas legítimas preocupaciones sobre sus posibles efectos colaterales.
La terapia de restauración del deseo sexual se basa en la administración de suplementos de testosterona. Los pioneros en la investigación sobre el adormecimiento del instinto sexual por cuenta de que el organismo deja de producir hormonas son los británicos.
En ese país, la terapia de reemplazo de testosterona es vista como algo tan normal, igual que la prescripción de los suplementos de estrógenos. El doctor John Studd, especialista del Hospital Westminster de Londres, asegura que "una lìbido baja es una reconocida indicación para los suplementos de testosterona en las mujeres posmenopáusicas en Gran Bretaña". En un estudio publicado por el British Journal of Obstetrics and Ginecology, el doctor Studd comprueba que agregar testosterona a la terapia de reemplazo de estrogeno es mucho mas efectivo, que el estrógeno solo para fortalecer la libido.
Lo cierto es que la testosterona es producida por el organismo femenino y -aunque en muy pequeñas cantidades comparada con los niveles en el hombre- esta hormona es la que enciende el motor sexual de ambos géneros. La producción se interrumpe en el momento en que cesa la función de los ovarios. Y aunque algunas mujeres continúan produciendo suficiente cantidad en las glándulas suprarrenales, cerca del 35 por ciento de ellas experimenta una gradual o repentina pérdida del interés sexual al disminuirse los niveles de testosterona en su organismo.
Por lo general las mujeres notan que una marcada disminución en su actividad sexual ocurre durante la etapa de la perimenopausia, que abarca uno o dos años antes del último período menstrual. Un estudio realizado en Estados Unidos por la sicóloga Norma McCoy, especialista en endocrinología y sexualidad, mostró que en un grupo de 20 mujeres estudiadas, que atravesaban esta etapa, no solamente la actividad sexual había disminuido sino que ellas también afirmaban tener muy pocos pensamientos y fantasías sexuales. "Este efecto es apreciado más claramente en mujeres que han tenido una menopausia prematura por cuenta de una cirugía. Después de la remoción de los ovarios, estas pacientes despiertan de la operación sin un adecuado suplemento de sus hormonas sexuales, tanto estrógeno como testosterona", afirma la doctora McCoy.
Por lo general estas pacientes afirman que disfrutaban de una feliz, activa y saludable vida sexual antes de la cirugía. Después, repentinamente se encuentran con que han perdido sus sensaciones y su interés sexuales. Algunas de las pacientes entrevistadas por la especialista incluso manifestaron que no les importaría mucho si nunca más llegaran a tener una relación sexual. Sin embargo, una vez las pacientes iniciaron la terapia de reemplazo con los suplementos de testosterona su deseo sexual regresó. "Volvieron a vivir sus fantasías, sus orgasmos mejoraron y muchas de nuevo tomaron la iniciativa en el sexo. En pocas palabras, su vida de antes había regresado", dijo la especialista.
En opinión de la doctora McCoy, la mayoría de las mujeres del estudio no estaban adecuadamente informadas sobre las consecuencias sexuales que tendría la extracción de sus ovarios. "Y cuando algunas de ellas se quejaron con sus médicos acerca de la disminución del interés sexual, ellos les dijeron que la cirugía no tenía nada que ver con eso y las enviaron a consultar al siquiatra".
Aunque los suplementos de testosterona, usados en conjunción con la terapia de reemplazo de estrógeno, han sido conocidos desde hace varios años, muchas mujeres aún se sienten alarmadas con el solo pensamiento de ingerir la hormona masculina. La razón es que desde hace años estos suplementos han sido cuestionados y sobre el tema aún existe una gran controversia. La razón es que, en altas dosis, la testosterona puede producir efectos secundarios masculinizantes, tales como aumento del vello facial, agravamiento de la voz y aumento de peso, entre otros. También se ha visto que puede afectar los niveles de lípidos en la sangre, lo cual hace que aumente la cantidad de LDL -colesterol malo- y, en consecuencia, el riesgo de enfermedad cardiovascular.
Para muchos especialistas todos estos efectos secundarios son argumentos de peso para no recomendarlos; pero otros aseguran que los efectos colaterales dependen de las dosis. "Cuando se administra en pequeñas cantidades, similares a aquellas que normalmente son producidas por el organismo antes de la menopausia, la terapia de testosterona no produce generalmente efectos colaterales", afirma el doctor Studd.
Lo cierto es que, dadas las expectativas de vida femenina, la ciencia ha empezado a mirar con mayor detenimiento la calidad de la segunda mitad de la vida de la mujer. Y si bien la mayoría de los cambios que se presentan a nivel de la sexualidad son derivados por la privación de las hormonas sexuales, éstos pueden ser superados con un adecuado tratamiento médico. Sin embargo, en muchos casos estas situaciones son agravadas por cuenta de los erróneos conceptos culturales que niegan a la pareja -y en especial a la mujer- la posibilidad de ejercer su sexualidad sólo por el hecho de ser personas maduras.
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