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| 5/2/2004 12:00:00 AM

En la variedad no está el placer

En un reciente libro, un sicólogo afirma que mientras más opciones hay en la vida más infelices son los seres humanos.

La sociedad capitalista se basa en la presunción de que tener más opciones es preferible a tener pocas. El sicólogo Barry Schwarz, del Swarthmore College, sin embargo, ha encontrado evidencia científica que demuestra todo lo contrario. Ante más caminos y ofertas las personas se sienten más miserables. Ese es el tema de La paradoja de las opciones (The Paradox of Choice), un libro que decidió escribir hace unos años mientras compraba un par de jeans en una de las tiendas Gap. Ese día Schwarz no imaginaba que esta diligencia, a la que antes le invertía 10 minutos, se le convertiría en un proyecto interminable al cual debía dedicarle toda su energía y atención para poder tomar la decisión correcta. ¿Corte relajado?, ¿estilo baggy?, ¿extra baggy?, ¿ceñidos?, ¿bota ancha?, ¿bota recta?, ¿acabado stonewashed?, ¿acabado con ácido?, ¿de botones?, ¿o mejor de cremallera?, ¿envejecidos o regulares?, ¿con bolsillos atrás, sin bolsillos? Abrumado ante tantas opciones, el sicólogo le dijo a la vendedora: "Sólo quiero un par de 'jeans". Esa vez el catedrático sintió lo mismo que han vivido muchos ante el menú extenso de un restaurante. "Me pareció una decisión muy difícil que me generó muchas dudas, ansiedad y pavor", recuerda Schwarz. El mundo ofrece más opciones hoy. Schwarz encontró, por ejemplo, que el supermercado de su barrio ofrece 285 variedades de galletas (hay 21 sólo en la categoría "de chocolate") y existen 273 opciones de cereal. En la tienda de electrodomésticos venden 85 teléfonos diferentes y 50 modelos de celulares. Constató además que el bombardeo de opciones no sólo se da en los almacenes sino en los canales de televisión e incluso en las universidades, donde hay tantas ofertas de clases que "los estudiantes se quedan por 10 minutos para ver cómo es el profesor, luego salen y prueban en otra". Es un fenómeno que está presente en todas las esferas de la vida y que puede dar cuenta de por qué para ciertas personas -aun después de los 30 años- es tan difícil saber qué carrera escoger, en qué tipo de actividad trabajar o con quién compartir la vida. Desde el punto de vista sicológico, el estrés de tener que escoger entre tantas posibilidades puede llevar a la gente a la depresión. En especial a aquellos que Schwarz llama maximizadores (maximizers), personas que siempre tratan de tomar la decisión correcta. Para lograrlo estudian muchas ofertas, no sólo antes sino después de obtener el producto, y se demoran más en decidir. "Tienen baja autoestima, son menos optimistas y viven menos satisfechos con la vida", dijo Schwarz a SEMANA. En la otra orilla están los satisfechos (satisficers), aquellos que buscan productos "suficientemente buenos" así existan otros mejores. Decidir entre dos opciones siempre supone un costo o una pérdida. Si una familia tiene que elegir entre ir a Barichara o a Girardot para vacaciones, y opta por la segunda alternativa, habrá que decirle adiós a la idea de Barichara. Numerosos estudios citados por Schwarz concluyen que cuando hay más cartas en la baraja de posibilidades la sensación de pérdida es aún mayor y que las pérdidas tienen un impacto sicológico más grande que las ganancias. "La sensación de tristeza ante las opciones que no se tomaron es mayor que la sensación de bienestar que nos produce la opción ganadora", dice Schwarz. Demasiadas posibilidades también crean un conflicto tan grande, que a veces llevan a la parálisis. En un estudio, el premio Nobel Daniel Kahneman buscaba ver la reacción que las personas tendrían ante las ofertas de electrodomésticos en la vitrina de un almacén. Cuando colocaron en este lugar un televisor Sony con el precio reducido, la gente entró a comprar pero cuando pusieron al lado otro producto con el precio rebajado el entusiasmo declinó y las ventas bajaron. Schwarz encontró otras investigaciones que confirman que ante la abundancia de opciones la gente se vuelve indecisa. Por ejemplo, si a los estudiantes se les dan 30 temas de estudio para escoger, es más probable que no hagan la tarea que si sólo tienen que escoger entre seis temas. Si hay pocas sillas en un teatro es más fácil encontrar dónde sentarse que cuando el mismo teatro está desocupado. El otro fenómeno que ocurre cuando hay mucho para escoger es el arrepentimiento. Los maximizadores son así, precisamente, porque temen sentir pesar de la opción que escojan. Por eso tratan de estudiar su decisión en forma concienzuda y de imaginar con cuál de ellas se sentirían mejor. En este punto muchos se equivocan debido a que el ser humano tiene serias dificultades cuando trata de predecir cuánta felicidad le traerá una alternativa. Surge un problema adicional y es que la gente tiende a acostumbrarse al objeto una vez lo consigue y esa gran felicidad que al principio le generó empieza a declinar hasta llegar al mismo nivel de siempre. "Un individuo que ha invertido mucho en una decisión, ya sea en tiempo o en dinero, quiere que el resultado le genere un beneficio equivalente y por largo rato. Pero si la felicidad se acaba, en poco tiempo y pronto se sentirá muy mal de haber gastado todo ese esfuerzo", dice el experto. Tener altas expectativas no ayuda. La decisión se toma esperando una determinada sensación o resultado, pero entre más opciones hay es más probable que la gente se sienta muy frustrada si no obtiene lo que esperaba. "La persona tiende a pensar que con tantas opciones no hay excusa para escoger la equivocada", dice Schwarz. El tema parece trivial, aunque el autor asegura que puede llegar a ser preocupante. Schwarz encontró en sus estudios que los maximizadores son candidatos para la depresión debido a que estas personas constantemente se culpan por tomar decisiones equivocadas. Aunque esto requeriría de más estudios, Schwarz se atreve a afirmar que al menos la cantidad de opciones que enfrentan los individuos en las sociedades de consumo es la causante de la epidemia de infelicidad en su país. Tal vez Schwarz tiene razón porque años atrás las abuelas, cuya sabiduría nadie pone en duda, solían decir: "El que mucho escoge a lo peor se va".
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