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| 11/10/2014 8:10:00 PM

Remedios contra el guayabo, según escritores bebedores

Muchos grandes de las letras también han sido grandes bebedores. Algunas de sus soluciones son tan creativas como peligrosas.

Son bien conocidas las consecuencias que trae pasarse de copas. El día siguiente puede ser una gran miseria. El guayabo incluye todos los malestares físicos imaginables, además de letargo, depresión, irritación, nerviosismo, entre muchas otras desdichas.

Todos los buenos bebedores tienen sus creencias, costumbres y trucos para combatir estas sensaciones. Aquí algunas fórmulas de grandes escritores:

Hunter S. Thompson

En el 2011, la revista Playboy hizo pública la correspondencia que tenía con el autor de Miedo y asco en Las Vegas. En 1967 el redactor jefe de la publicación, John Grabee, recibió una nota a mano que Thompson envió diciendo: “Mi remedio para la resaca es 12 nitritos de amilo (una caja), acompañados de tantas cervezas como sea necesario”.

El nitrito de amilo, mejor conocido como 'popper', es una sustancia que se inhala y que produce relajación muscular, baja la presión arterial y aumenta el ritmo cardíaco. La droga genera una sensación de calor y de euforia, que dura un par de minutos.

Aunque el escritor no tuvo reparos en consumir variedad de drogas en abundancia, no murió de sobredosis. En el 2005 se quitó la vida de un disparo.

Anthony Burgess

El autor inglés, conocido por el clásico La naranja mecánica, solía ganarle al guayabo con la receta más elemental: consumiendo más alcohol. Su cóctel casero predilecto era el famoso Hangman’s Blood ('Sangre de ahorcado'), el cual, decía, le quitaba el dolor de cabeza de inmediato.

Él mismo dejó redactadas las instrucciones para prepararlo: “En un vaso de pinta sirva medidas dobles en el siguiente orden: ginebra, whisky, ron, oporto, brandy. Añada una botella pequeña de stout (cerveza negra, tipo Guiness) y cubra la mezcla con champaña. Sabe muy suave, induce una euforia algo metafísica y casi nunca deja resaca”. La receta fue publicada en el diario The Guardian en 1960, aunque se dice que la creación original fue de Richard Huges, quien habló de ella en su novela A High Wind in Jamaica, en 1929.

Ernest Hemingway

Este premio Nobel era un amante de la fiesta, los toros, el boxeo y la pesca. También tenía sus propios remedios caseros para el guayabo. Cuenta la leyenda que uno de sus combinados favoritos era una mezcla de jugo de tomate y cerveza, pero es más conocido el cóctel que él bautizó igual que uno de sus libros: Muerte en la tarde.

La base de la bebida es absenta, una bebida que tiene una concentración de cerca de 80 % de alcohol y sus instrucciones para prepararlo eran las siguientes: “Vierta una medida de absenta en una copa de champaña. Añada champaña helada hasta que adquiera la opalescencia propia de la leche. Beba tres o cinco copas lentamente”.

Kingsley Amis

Amis es uno de los autores que más ha profundizado en el fenómeno del guayabo. Este inglés, con título de caballero ante la Corona, introdujo el concepto de la ‘resaca metafísica’ como todo aquello que no entra en las dolencias físicas sino en los aspectos psicológicos, morales, emocionales y espirituales que aparecen con el guayabo.

La solución que da el escritor en su libro Sobrebeber, que fue publicada en la revista El Malpensante, es sencilla y contundente: “Cuando esa mezcla inefable de depresión, tristeza (no son lo mismo), angustia, desprecio por uno mismo, sensación de fracaso y miedo al futuro empiece a imponerse, recuerda que lo que tienes es resaca. No te estás poniendo enfermo, no has sufrido una leve lesión cerebral, no haces tan mal tu trabajo, tu familia y tus amigos no han tramado una conspiración de silencio a tu alrededor para que no descubras que eres un mierda, no estás viendo por fin cómo es realmente la vida y no hay por qué llorar por la leche derramada”.

Luego de esta curación de la conciencia, Amis recomendaba una fórmula para el guayabo físico que era una mezcla de Bovril (extracto salado de carne de vaca) con vodka.

William Faulkner

El también premio Nobel de literatura fue cercano al alcohol durante buena parte de su vida. Al terminar sus libros la borrachera le podía durar varios días. Durante una conferencia en 1957, explicó cuál era su 'truco' para pasar las resacas: “Creo que cualquiera –el pintor, el músico, el escritor…– trabaja en una especia de furia insana. Está poseído. Puede levantarse podrido, con resaca, con dolor, pero si se pone a trabajar, que es lo que mejor sabe hacer, no recuerda el dolor ni la resaca, está demasiado ocupado”.

Trabajar, salir de la casa o realizar alguna actividad al aire libre: esa era la fórmula de Faulkner. Una medida más saludable si se compara con las de sus colegas.
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