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| 5/25/1998 12:00:00 AM

ESPEJITO, ESPEJITO

El culto al físico y la obsesión por la apariencia pueden ser síntomas de un grave trastorno emocional.

Si usted es de los que va por la calle y siente un incontenible deseo de mirar su reflejo en las vitrinas para ver cómo luce, si piensa que sus amigos mienten cuando le dicen que se ve muy bien o si se demora por lo menos una hora anteal espejo quejándose de algún rasgo físico de su cuerpo, tenga cuidado. Puede presentar los síntomas de una enfermedad emocional llamada dismorfia corporal. Es un trastorno de la apariencia que fue descubierto en 1886 por un médico italiano, Morselli, aunque un siglo después todavía hay médicos y sicólogos intrigados por la complejidad de su diagnóstico y tratamiento.
Síndrome de patito feo
En un comienzo fue definida como temor a la fealdad. Hoy se sabe que es mucho más que eso. Quienes padecen este desorden creen tener defectos físicos tan repugnantes que se consideran verdaderos patitos feos. Las obsesiones de la mayoría de los pacientes son el tamaño de los senos, la nariz y el color del cabello o de la piel, la contextura de los músculos, etc. Pero eventualmente detalles como una espinilla o la falta de simetría del rostro pueden constituirse en un verdadero tormento. Lo dramático es que muchas veces estos supuestos defectos son el producto de una distorsión y tienen como resultado una exageración que degenera en sufrimiento y alteración emocional. Por eso se registran casos de personas con aspectos físicos muy bellos, verdaderos churros, que terminan en los consultorios rotulados como pacientes con dismorfia corporal. Las opiniones externas de aprobación y admiración no valen. Los afectados están tan convencidos de que tienen serios defectos y se encuentran tan insatisfechos consigo mismos que harían cualquier cosa por corregirlos. Sin importar los compromisos o las responsabilidades en el trabajo o con la familia, dedican más tiempo del necesario y normal al ritual del arreglo personal y pasan horas frente al espejo observando su supuesto defecto. Invierten su salario en salones de belleza, tratamientos cosméticos, visitas al dermatólogo y hasta cirugías. Las conversaciones son obsesivas en torno de las más recientes cremas, las últimas inyecciones para hidratar la piel, las más nuevas ampolletas para retardar las arrugas, las técnicas más innovadoras para adelgazar, etc. Lo más grave es que este tipo de obsesión puede llevar incluso a quien padece la enfermedad a infligirse daño a sí mismo. Fugen Neziroglu, un siquiatra dedicado a investigar el mal, afirma que ha tratado casos en los cuales el paciente se corta la cara para tratar de arrancar, de raíz, el defecto que lo atormenta. Pero asegura que es más común el tipo de pacientes que se someten a riesgosas cirugías estéticas, aunque también conoce casos límite de personas que han llegado hasta el suicidio. Mal de la decadaLa dismorfia corporal cobra mayor importancia cada día, pues es alarmante el incremento de los casos en los últimos años. Tanto que los especialistas se han aventurado a llamarlo el mal de la década del 90. Se estima que cerca del 2 por ciento de la población de Europa, Estados Unidos, Japón y América del Sur sufre de este trastorno. Inclusive la proporción podría ser mayor, pues las estadísticas en esta materia no son muy precisas. Se calcula que hay miles de casos que quedan sin diagnóstico, bien sea porque los enfermos no son conscientes de su mal y no consultan o por el desconocimiento de los médicos. Como no hay una conciencia generalizada de que es una enfermedad, quienes consideran hasta la obsesión que su apariencia es desagradable, acuden primero a salones de belleza, dermatólogos y cirujanos plásticos antes que a un siquiatra. "El problema radica en que atribuyen la obsesión a su apariencia, no a la percepción que tienen de esa apariencia", dice el doctor Neziroglu. Por su parte, Frederick Penzel, médico especializado en el tema, piensa que el síndrome se disparó debido al culto de la sociedad actual por la apariencia y el estado físicos y por la aceptación generalizada de la cirugía estética como la panacea para la figura perfecta.
La pinta es lo de más
Nadie discute que la buena apariencia cuenta. Sin embargo el énfasis excesivo que hoy se da a lo físico, y que está alimentado por la cultura gringa del consumo y por los medios de comunicación, ha creado un escenario peligroso en el cual la belleza es lo primordial para lograr la fama y el éxito. Un estudio adelantado entre 309.000 personas demostró que el 93 por ciento de las mujeres y el 82 por ciento de los hombres se preocupan por su look y estarían dispuestos a hacer lo posible por mejorarlo. No obstante, los investigadores aseguran que no se puede confundir este síndrome con la insatisfacción normal que sienten los seres humanos con su cuerpo. De acuerdo con Katherine Phillips, siquiatra de la Universidad de Brown y autora del libro Broken Mirror, Understanding and treating Body Dysmorphic Disorder (El espejo roto, comprensión y tratamiento del desorden de dismorfia), el 70 por ciento de las personas se quejan por lo menos de una de sus características físicas: nariz muy chata o muy grande, labios demasiado gruesos, cabello crespo, caderas anchas o derriere caído, tamaño de los genitales, volumen de los senos, del abdomen, de los músculos, etc. Cuando esa insatisfacción es sana no limita a las personas en su vida diaria. El problema es cuando trasciende estos límites y entra en el terreno de la exageración. Las personas, entonces, no sólo se sienten inconformes con su apariencia sino que se obsesionan por ella en forma crónica. "A algunos les gustaría preocuparse menos, pero por más que lo intentan no pueden", dice Phillips. Cuando la enfermedad ataca en forma implacable pueden presentarse síntomas extremos que entorpecen el funcionamiento normal de las personas. Los enfermos se vuelven prisioneros en sus propias casas, rechazan el trabajo, los amigos y salir a la calle. En muchos de esos casos se les prohíbe conducir, pues se convierten en una amenaza para su propia vida y las de otros: los espejos retrovisores les resultan tan atractivos que no pueden evitar mirarse en ellos, olvidándose por completo de lo que pasa en la vía.

A simple vista las mujeres parecen ser las principales víctimas de este síndrome. No obstante, en uno de los estudios realizados por la doctora Phillips, se encontró que los hombres no son ajenos al problema y también son presa del mal. "La dismorfia corporal afecta a los dos sexos por igual, sólo que hombres y mujeres se obsesionan con diferentes partes del cuerpo", afirma. La diferencia radica en que los hombres se angustian por tener musculatura (ver recuadro), por la pérdida del cabello y el tamaño de los genitales, mientras las mujeres se inquietan más por el peso, las caderas y el rostro. También hay diferencias en la forma como los dos sexos manejan la enfermedad: mientras las mujeres prefieren usar maquillaje para ocultar sus fallas, los hombres emplean sombreros para esconder la calvicie, o se dejan crecer el cabello y el bigote para ocultar el rasgo que les mortifica. Si bien duró mucho tiempo sin ser reconocida, la dismorfia corporal hoy aparece incluida en los manuales de siquiatría. Este desorden hace parte de una serie de problemas obsesivos y compulsivos, emparentados con la anorexia nerviosa y la bulimia, que tienen en común la alteración de la realidad. Por lo general las personas que lo padecen experimentan sentimientos de baja autoestima, inseguridad, obsesión, introversión, vergüenza de su cuerpo y vacíos afectivos. "Se quejan de su fisonomía para llamar la atención o para calmar un vacío emocional que no pudieron llenar en su infancia", explica el neurosiquiatra Germán Aguirre. En la actualidad, aunque se tiene información sobre los síntomas, no se puede decir lo mismo acerca de sus causas. Los investigadores sospechan que existe una sustancia química en el cerebro que predispone al organismo a este trastorno. Pero también tendría que ver con experiencias traumáticas en la niñez, y no se descarta que en su aparición influyan fenómenos culturales como los medios de comunicación y la industria de la moda. El tratamiento para atacar la dismorfia aún está en etapa de experimentación. Hasta el momento los que mejores resultados han demostrado son los tratamientos con drogas inhibidoras de la serotonina, como el Prozac y las terapias cognoscitivas y de comportamiento. En Colombia los médicos recomiendan el diván antes que el bisturí. Por eso hoy los cirujanos plásticos trabajan hombro a hombro con los siquiatras. Hay que estudiar la sicología del paciente antes de decidir pasarlo por la sala de cirugía: "Lo que se busca es indagar sobre el motivo que mueve a la persona a hacerse una cirugía de estas _dice el doctor Aguirre_. Queremos saber si lo hacen a conciencia o sólo para ocultar un problema emocional más profundo". El tema ya se toma en cuenta para cualquier proceso de cambio de imagen, no importa qué tan superficial parezca. Según el estilista Javier Murillo, él tiene a disposición de sus clientes un curso para que piensen dos veces antes del primer tijeretazo: "Muchos clientes decían: 'cámbieme', pero después no quedaban contentos porque no estaban preparados internamente para esa transformación. Con el curso los clientes son más autónomos y se someten a los cambios, ya no para agradar a los demás sino a ellos mismos". La preocupación por la apariencia física y la buena figura es sana y no necesariamente banal. El problema es cuando deja de ser algo natural y se convierte en una obsesión. Por eso si alguien empieza a detectar algunos de los síntomas mencionados lo mejor y más conveniente es pedir ayuda médica especializada. Acudir a los consejos del espejo, como la madrastra de Blanca Nieves, podría ser el comienzo del camino hacia un infierno emocional.
Adicción al ejerciciolos hombres obsesionados con su físico que acuden diariamente a los gimnasios y pasan horas y horas alzando pesas o haciendo ejercicio son presa fácil de la llamada dismorfia corporal. Según un estudio del hospital Mc Clean de Belmont, Massachussets, son aquellos que nunca se sienten a gusto con su cuerpo y aunque se ejerciten constantemente siguen sintiéndose debiluchos. Por eso no son escasos los casos en los cuales los afectados abandonan el trabajo, el estudio e incluso la familia para dedicarle más tiempo al body building. Para Edgar Muñoz, especialista en medicina deportiva, estas personas manifiestan una adicción fisiológica: "Durante el ejercicio el organismo produce endorfinas, una sustancia que tiene un anillo químico parecido al de la morfina que produce un bloqueo del dolor. Es un analgésico natural". Por esta razón son capaces de hacer ejercicio durante horas sin manifestar la menor señal de fatiga. Sin embargo son los aficionados al fisiculturismo los más vulnerables a esta enfermedad debido a que nunca están satisfechos con el volumen de sus músculos. La obsesión se vuelve tan dramática que comienzan a ingerir esteroides anabolizantes para que su masa corporal aumente. El doctor Pope, jefe del grupo de científicos que adelantó la investigación, asegura que la dismorfia se convertirá en la enfermedad emocional de fin de siglo ya que cada día crece el número de personas que ingresan a los gimnasios en busca de un look más atlético.
¿Lo tortura su físico? El siguiente cuestionario es utilizado por los médicos para valorar el grado de preocupación de sus pacientes por la apariencia física.
1. ¿Considera que algunas partes de su cuerpo son feas?
2. ¿Eso le preocupa? ¿Piensa en esos defectos más tiempo del que quisiera?
3. ¿Le preocupa demasiado su delgadez o su facilidad para engordar?
4. ¿Esos fenómenos le causan tormento, estrés o dolor?
5. ¿Interfieren con su vida social?
6. ¿Interfieren en su trabajo o en sus diferentes papeles como madrepadre, esposaesposo, amigaamigo, hijahijo, etc.?
7. ¿Evita ciertas situaciones o lugares debido a su apariencia?
8. ¿Ha cambiado la rutina de su familia o de sus amigos debido a esas preocupaciones?
9. ¿En promedio, cuánto tiempo dedica diariamente a pensar en su problema?
a. Menos de una hora.
b. De una a tres horas.
c. Más de tres horas.
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