Domingo, 23 de noviembre de 2014

| 2013/06/22 03:00

Estos son los barrios ‘made in China’

En China la obsesión por copiar ha llegado al extremo de replicar los monumentos y los lugares insignes de las capitales europeas. Expertos explican qué hay detrás de esta tendencia.

La Hallstatt china, izquierda, está ubicada en la provincia de Guangdong y fue hecha a imagen y semejanza de la original, localizada en los Alpes austriacos, arriba. Al principio hubo indignación pero hoy las dos ciudades tienen acuerdos de cooperación cultural. Foto: AFP

Los habitantes de Hallstatt, una villa anclada en los Alpes austriacos, reconocida por la Unesco como monumento de la humanidad, aun no salen del asombro ante la noticia de que una copia de su ciudad fue construida en secreto en la provincia de Guangdong en el sur de China. 

Todo allí es idéntico al original: la iglesia, la plaza, las casas de madera, y de no ser porque en las calles en lugar de europeos saludando “hallo”, circulan orientales que dicen “ni hao”, cualquiera que camine por sus calles creería estar en la ciudad gótica del Viejo Continente.

La Hallstaatt china es apenas un ejemplo de muchos otros intentos por copiar la arquitectura occidental en ese país. En las afueras de Hangzhou hay una réplica de la torre Eiffel, casi del mismo tamaño de la original parisiense, así como una de la Casa Blanca; en Beijing se construyó, con los planos originales y materiales franceses, un nuevo castillo  de Maisons-Laffitte, símbolo de la era de Luis XIII; Shanghái alberga un barrio holandés, con molino de viento incluido, y otro, llamado Thames Town, con casas victorianas, cabinas telefónicas rojas, una estatua de Winston Churchill y policías calcados de la guardia de la reina inglesa. Todo lo anterior la hace idéntica a la original, Dorchester, a orillas del río Támesis. 

No se trata de parques temáticos como Disney World ni de ciudades como Las Vegas, que atraen al turista con copias de joyas arquitectónicas del mundo, sino de complejos residenciales con vida propia: personas, carros, cafés y teatros.

En un país donde hay prácticamente una versión de cualquier producto exitoso de Occidente, desde artículos de lujo, computadores, teléfonos y hasta restaurantes es fácil pensar que las ciudades clonadas son parte de esa fascinación china por copiar sin vergüenza. Sin embargo, Bianca Bosker, experta en cultura asiática de la Universidad de Princeton y editora del Huffington Post, considera que sería simplista explicar así el fenómeno. Bosker, quien recientemente lanzó un libro sobre el tema, Original Copies, explica que detrás de esta copialina arquitectónica hay una motivación económica.

 Ante el rápido desarrollo del país, la demanda de la vivienda ha aumentado y para suplirla las autoridades chinas, en una demostración de gran practicidad, han decidido copiar barrios enteros de Europa. Esto sucedió en Shanghái donde, bajo el tema “una ciudad, nueve barrios” se han construido sectores enteros inspirados en ciudades alemanas, holandesas, inglesas y escandinavas, algo que el crítico en urbanismo Harry Den Hartog ha llamado ‘autocolonización’. 

Pero eso no lo explica todo. El fenómeno es nacional y la copia es muy selectiva porque “no se imita la arquitectura moderna sino edificios históricos que son íconos del triunfo de Occidente”, señala Bosker a SEMANA. Por eso, aunque algunos creen que esta copia es un tributo a las grandes potencias, ella sostiene lo contrario. “Cuando construyen la torre Eiffel no están celebrando a Francia sino a China. Están diciendo: ‘Tenemos tanto dinero y talento que podemos reproducir la arquitectura occidental’”, agrega. 

Según el arqueólogo Jack Carlson, de la Universidad de Oxford, esta fascinación es histórica, y en un ensayo publicado en la revista Foreign Policy explica que el primer emperador chino, Qun Shi Huang, exigía copias a escala real de los palacios de todos los lugares que conquistaba. En ese sentido, los edificios y barrios de hoy son demostraciones de autoridad e influencia. “Los chinos no solo han despojado a Europa de su predominio económico sino que ahora importan sus más queridos símbolos arquitectónicos”, señala el experto.

Hay que tener en cuenta además que, si bien para muchos a este lado del mundo copiar equivale a robar, para los chinos tiene una connotación positiva. “Muestra que usted es muy bueno porque puede hacerlo igual al original”, dice Bosker. Y aunque muchos se indignan aún con estas manifestaciones, otros están empezando a entenderlas. 

Uno de ellos es Alexander Scheutz, el alcalde austriaco de Hallstatt quien incluso visitó la villa china hace un año para firmar un tratado de intercambio cultural. “Estamos muy orgullosos”, dijo a los medios en esa ocasión. Y es que el turismo chino a la ciudad original pasó de 50 a 1.000 personas por año. Además, para su tranquilidad, dice que “esta ciudad tiene una historia de miles de años y ese pasado es muy difícil de clonar”.

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