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| 10/22/2011 12:00:00 AM

Estoy embaraza do

Nuevos estudios sostienen que cuando sus esposas esperan un bebé, los maridos tienen tantos cambios hormonales como ellas. Pero no todos en la comunidad científica están de acuerdo.

HASTA HACE poco se creía que el embarazo era un asunto exclusivo de la mujer. Pero nuevas investigaciones han revelado que nueve de cada diez hombres sufren al menos uno de los varios síntomas de las esposas cuando están gestando a su hijo, entre los cuales sobresalen las náuseas, la fatiga, los cambios de ánimo repentinos, los antojos por ciertas comidas, el rechazo a ciertos olores y los problemas para conciliar el sueño. La mitad de los hombres que esperan un hijo además tienden a aumentar hasta 15 kilos. Estos malestares comienzan en el primer trimestre, disminuyen en el segundo y regresan en el tercero. Y no solo los sufren los padres primerizos, sino también los veteranos, quienes podrían tener cambios hormonales incluso mucho más intensos.

Esto le sucedió a Peter, el esposo de la periodista Jena Pincott, quien durante la espera de su hija compartió con él casi todos los síntomas. "Él actuaba como si también estuviera embarazado. Ambos teníamos antojos de ponqué de banana y muy poca tolerancia hacia ciertos olores", dice. Este tema y otros más la llevaron a investigar a fondo lo que estaba sucediendo, y la búsqueda trajo como resultado el libro Do Chocolate Lovers Have Sweeter Babies

, en el que la periodista responde interrogantes sobre la sorprendente ciencia del embarazo.

Una de esas inquietudes de Jena era saber si los síntomas de Peter eran sinceros o si se trataba de una manifestación de profunda solidaridad con ella en esa etapa desconocida para ambos. Para su sorpresa encontró que todo lo que su esposo vivía tenía una explicación biológica, y que los hombres que sienten las náuseas y los antojos de sus esposas preñadas no están locos.

Tal vez la primera científica en estudiar el tema fue la bióloga Katherine Wynne-Edwards, de la Universidad de Queen, en Kingston, Ontario, quien sospechaba que la prolactina era la culpable de este síndrome de embarazo en los hombres. Dicha hormona aumenta considerablemente cuando la mujer está preñada. Su papel durante los nueve meses consiste en preparar el cuerpo de la mujer para que la leche materna fluya cuando nace el bebé. Es la causante de la somnolencia que acompaña a las futuras mamás y de esa sensación que las hace sentir pesadas. También las hace sentir menos sexis y les agudiza los sentidos. Por eso no toleran ciertos olores o comidas.

Para salir de dudas, Wynne-Edwards y la psicóloga Anne Storey hicieron un experimento con 31 parejas que estaban esperando o acababan de tener a su bebé. A cada una se le tomó una muestra de sangre antes y después de sostener en sus brazos a un bebé o una muñeca. También tuvieron que contestar una serie de preguntas sobre si habían sentido náuseas, aumento del apetito y otras señales características del embarazo.

Como lo habían pronosticado Wynne-Edwards y Storey, los niveles de prolactina en la sangre de los hombres habían aumentado casi al de los de sus mujeres hacia el final de la gestación. "Estas parejas parecían como dos pájaros en un vuelo sincronizado", escribe Pincott, pues, además, se comprobó que mientras el par estaba más cerca emocionalmente en el momento del nacimiento, más probable era que

el nivel de prolactina del hombre fuera alto.

Según explica la autora, la prolactina los hace tener más manifestaciones de dulzura y cariño, puesto que la hormona estimula a su vez la producción de otras sustancias de la familia de los opioides, que generan una sensación de placer y calma. Bajo la influencia de la

prolactina, además, las grasas y los azúcares se metabolizan más lentamente, lo que explicaría el aumento de peso.

Otro estudio he-

cho por el doctor Arthur Brennan, de Kingston University, en Londres, confirmó lo anterior al mostrar que 55 por ciento de un grupo de 282 futuros padres sufrían los síntomas asociados al embarazo. En un experimento posterior, Brennan pudo confirmar que la prolactina estaba detrás de todo el proceso y que los niveles de esta hormona aumentaban cuando los papás cargaban en sus brazos a los bebés.

Es fácil entender que el nivel de prolactina de una mujer aumente en el embarazo, pero ¿cómo se incrementa en los hombres si ellos no llevan a un bebé en sus entrañas? La evidencia científica indica que las mujeres segregan un olor característico durante estos nueve meses y el hombre se impregna de ese coctel químico cuando la besa, la acaricia o cuando tiene relaciones sexuales con ella. Según le explicó el investigador Stephen Vaglio a la autora, los hombres recogen este olor y lo procesan en el hipotálamo, lo que causa que se dispare la producción de dicha hormona.

Por lo tanto, como señaló Pincott a SEMANA, "la proximidad física a la esposa embarazada es clave aquí. Las mujeres gestantes envían estas señales químicas en la saliva y el sudor y esto dispara los cambios hormonales en sus parejas". Aunque nunca se ha estudiado el tema, Pincott especula que aquellos hombres que están lejos o no logran compenetrarse con su pareja embarazada no sentirían estos síntomas de manera intensa.

El proceso que provoca la prolactina también inhibe la producción de testosterona, lo cual hace que la faceta ruda de los hombres se oculte para darle paso a una más tierna y protectora. La neuropsiquiatra Louann Brizendine, autora del libro The Male Brain, señala que entre los cambios hormonales masculinos durante la espera de nueve meses está el aumento de cortisol, sustancia que mantiene a los individuos en estado de alerta. Pero en esta época también disminuye la testosterona, encargada, entre otras cosas, de estimular el deseo sexual. Incluso se ha encontrado que a tres meses del alumbramiento un hombre puede tener esos niveles un tercio más bajos de lo normal. Desde el punto de vista biológico, la explicación es que "un bebé necesita atención tiempo completo y tiene más posibilidades de sobrevivir si el papá está en casa y no afuera buscando una nueva conquista romántica", dice Brizendine.

Y aunque la caída del nivel de testosterona es solo temporal, el efecto queda grabado en su mente. En un experimento hecho el año pasado para el documental The Biology of Dads, para la BBC, se reclutó a un grupo de hombres de diferentes edades. Todos, excepto uno, ya habían sido padres. A todos ellos se les pidió que cargaran en sus brazos una bebé de plástico mientras escuchaban el llanto de un recién nacido. En estas circunstancias, el hombre que nunca había tenido hijos no demostró interés alguno en calmar al muñeco cuando lloraba mientras que quienes habían sido padres se mostraron alertas para arrullarlo y colmarlo de mimos. Otros estudios más recientes han revelado que los hombres también sufren depresión posparto.

Los científicos explican que estos cambios hormonales tienen un valor desde el punto de vista de la evolución. "Ayudan a los nuevos padres a prepararse para su nuevo rol en la crianza", dice Laverne Antrobus, psicóloga y presentadora de programas científicos.

Pero no todos creen que los hombres sufran cambios biológicos concretos durante el embarazo de sus esposas. Algunos expertos atribuyen el aumento de peso a una modificación en la dieta de la casa, sobre todo cuando la mujer es quien compra los víveres y dispone el menú diario. Teniendo en cuenta que ella debe comer más, lo natural es que el esposo termine haciendo lo mismo, lo cual afectará su peso. Otros explican la transformación de los hombres como una manera de sentir empatía por su esposa y reconocer la carga que debe sostener para tener el hijo de ambos. Algunos médicos señalan que es probable que las náuseas, la indigestión y la falta de sueño sean ocasionadas por el estrés de la situación.

En lo que sí coinciden todos es en la necesidad de estudiar más el fenómeno para entender mejor la biología del apego entre padres e hijos desde el útero. Pero mientras se disipan estas dudas, lo cierto es que muchos países, como Gran Bretaña, han dispuesto en su guía general para la gestación que además de atender a las futuras mamás se tenga en cuenta el fenómeno del embarazo masculino. Pincott considera que aunque es un hecho real, no todos lo viven de la misma manera. "Eso depende del individuo". Explica que algunos hombres son muy conscientes de su aumento de peso, de las náuseas y de los cambios de ánimo, pero no los relacionan con este proceso. El problema es que muchos de ellos sienten que si lo hacen ponen en juego su hombría. Y como Pincott concluyó a esta publicación,"a los hombres les fastidia que les digan que son hormonales". n
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