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| 3/1/2008 12:00:00 AM

Euforia fatal

El país se estremeció con dos muertes aisladas por consumir 'popper' y yagé. Los expertos señalan que hay que ver por qué hay quienes se acercan a estas sustancias.

Cada cierto tiempo ocurre una tragedia relacionada con el abuso de sustancias, y para mucha gente es como si el problema acabara de nacer. En los últimos días en el país se comenzó a hablar de popper y yagé sólo después de que dos personas perdieron la vida, en diferentes hechos, después de consumirlas. Lo mismo habría podido pasar de tratarse de casos vinculados a drogas de diseño, metanfetaminas o ácidos, sólo para nombrar algunos. El hecho demuestra la falta de información que tiene la mayoría de la gente sobre las sustancias que inundan las calles y que están siendo consumidas, en especial por los más jóvenes.

El popper, por ejemplo, se empezó a popularizar en el país hace por lo menos 15 años en el ambiente de los after parties. Aunque su uso es básicamente industrial -sirve entre otras cosas para limpiar piezas de aparatos electrónicos- desde los 70 empezó a ser utilizado como potenciador sexual en el ambiente de la música disco, tanto en Estados Unidos como en Europa.

Aparte de causar euforia, realza la sensibilidad, aumenta el deseo y relaja músculos de zonas como la vagina y el ano. También aumenta el flujo de sangre hacia las zonas genitales, por lo cual es frecuentemente usado durante las relaciones sexuales. Familiarmente se le conoce como el 'minuto de dios', ya que sus efectos son instantáneos y duran poco tiempo. En los comienzos se le asoció con la población homosexual, pero hoy es común también entre los heterosexuales, al punto de que algunos sex shops lo venden como un afrodisíaco más.

Mauricio tiene 17 años y todavía está en el colegio. Conoció el popper en las fiestas a las que puede entrar gracias a una contraseña falsa. Dice que le gusta por el "subidón" que provoca. "Uno lo huele y al ratico ya está en el cielo. Con unos amigos a veces lo metemos en el descanso del colegio por diversión, y como no huele ni se nota nadie se da cuenta".

Aunque parezca inofensivo, muchos peligros están asociados a su consumo, pues provoca reacciones fatales si se mezcla con otros vasodilatadores, como por ejemplo drogas medicadas para la impotencia sexual. Además, si bien no produce dependencia física, algunas personas desarrollan dependencia sicológica y tolerancia, lo que los lleva a aumentar el número de dosis. Andrés Rueda Latiff, sicólogo experto en el abuso de sustancias, señala que también existe el peligro de contraer enfermedades infectocontagiosas. "Como la sexualidad se desborda y el control del cuerpo se pierde, en un 'after party' uno puede terminar teniendo relaciones sexuales con cualquiera y en lo último que piensa es en ponerse un condón", dice. Mauricio lo ve como una ventaja: "En las fiestas un tarro de 'popper' es como un imán para las niñas", asegura.

Con el popper pasa lo mismo que con algunos pegantes industriales que, aparte de servir para fijar suelas de zapatos, también son usados como estimulantes y para suprimir la sensación de hambre. Por eso, Rueda piensa que el debate no debe girar tanto en torno a la sustancias, sino a las motivaciones que llevan a la gente a acercarse a ellas. "Acá somos muy buenos para satanizar las sustancias, pero el verdadero problema es ver cómo es la relación de las personas con estas".

Asegura que si el problema fuera de las sustancias, la gasolina, el disolvente de pintoras o thinner y hasta los esmaltes se deberían dejar de producir, pues son potenciales sustancias de abuso. El siquiatra José Posada coincide en esta opinión. "Las sustancias no son buenas ni malas, lo importante es el uso que se hace de ellas. Es como si alguien asesinara a otra persona con un cuchillo y al otro día se prohibieran los cuchillos", afirma.

El ejemplo del yagé es bastante revelador en ese sentido. Dentro de las comunidades indígenas, incluso los niños lo toman y se usa como un purificador físico y mental. Aunque su uso es ancestral, allí no se les pasa por la cabeza que sea una droga ni se habla en términos de adicción. Pero en los últimos años esta liana medicinal llegó a las grandes ciudades y se empezó a vender en la mayoría de los casos sin control por parte de los taitas y ancianos.

Alexander tiene 40 años y durante los últimos 10 toma yagé habitualmente. Dice que lo que pasa "es que cuando uno saca las cosas de contexto y pierde la mística, pueden ocurrir accidentes como el de la semana pasada. Creo que se trata de un caso aislado, pero no me extraña. Si la gente se pone a jugar con algo sagrado sin el debido conocimiento, esas cosas van a seguir pasando".

Otro problema en este tema es el doble rasero que se aplica al juzgar el uso de sustancias. Según el Estudio Nacional de Salud Mental de 2003, los principales problemas de salud pública son el alcohol y el tabaco. Aunque estos provocan miles de muertes y accidentes al año, son socialmente aceptados. Aun se da el caso de padres que incitan a sus hijos a probarlos a edades tempranas.

Los expertos coinciden en que las prohibiciones y las cacerías de brujas no son la solución definitiva al problema de las drogas en los jóvenes. Posada cree que "casos aislados como los de estos días pueden formar una tempestad efímera, pero las cosas van a seguir iguales si no se toman medidas de fondo". Para Rueda, el problema sólo se acabará "el día en que nos preocupemos por formar individuos con valores sólidos y proyectos de vida bien definidos". Mientras eso no pase, las drogas y las adicciones seguirán apareciendo en todas partes y en las formas menos pensadas.
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